18 junio 2024
Editorial

Hablemos del Amor

La paz sobre vosotros

Hablemos del Amor

No todo va a ser negativo en este mundo tan convulso.  A veces hay amor. Y es que cada cual encuentra lo que busca.

Toda la agresividad, que, de más en más, se muestra en nuestra sociedad, no procede de otra fuente que de nuestras propias angustias e inseguridades; de nuestras propias debilidades personales que actúan negativamente sobre nuestro sistema de percepciones impidiendo que seamos capaces de calmar nuestros pensamientos y nuestros actos.

No sabemos que el amor es una cura para todo. La primera fase del Amor pasa por el desprendimiento de uno mismo, por la proyección de nuestros deseos e intereses en otros, con quienes nos solidarizamos en sentimientos fundidos, y en quienes nos reconocemos a nosotros mismos.

Claro que, si no se está en contacto con la fuente del verdadero Amor poco podremos hacer para ayudarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno. Porque si esa fuente no se conoce, lo que creemos es Amor no será otra cosa que auto satisfacción y persecución del deseo; tomando a otros como excusa para darnos satisfacción egoísta a nosotros mismos.

Si supiéramos que la fuente de donde el Amor mana está más allá de los siete cielos; si supiéramos que emana directamente de Allâh, de Dios, entonces comprenderíamos que su fuerza es aglutinadora, arrolladora y cautivadora. Pues aquello que cautiva el corazón no es otra cosa que la Belleza, y esta nos atrae con la fuerza del Amor. Es esa fuerza que hace de lo que es dos, de lo que es 100, de lo que es 1 millón, uno solo. El se presenta con la Belleza y cautiva los corazones con la dulce brisa de una presencia sublime y luminosa. Se posa en nuestra alma y en ella encuentra su lugar.

Simplemente ocurre, que la gran mayoría de los seres humanos no conoce la fuente, ni su forma de actuar; es por eso que muchos se ven arrastrados por una fuerza que no comprenden y que se manifiesta de una forma desordenada en sus vidas, tomando formas que no han de ver con su ser original debido a la ignorancia de su naturaleza.

Todo en el mundo se siente atraído por la luz. Las plantas, los animales, el Ser humano, todos precisan de la luz del Sol para subsistir; las plantas mismas se inclinan hacia el Sol, a quien reconocen como la causa inmediata de vida junto al agua. Los animales hace inconscientemente otro tanto; su instinto les impele a conseguir sus propias necesidades, estando estas, en casi todos los casos vinculadas al Sol y al agua.

El mismo Moisés (Mûsâ) cambió su vida cuando divisó un fuego; un fuego que era una fuente de luz, a través de la cual Allâh le habló.

Es así que el Amor es luz. El viene acompañado de la Belleza para convencer, para atraer, aunque a veces, se acompaña de la fatalidad. Y aún en estas veces él se muestra como una fuerza irresistible, imprimiendo belleza en el sufrimiento para rendir al amante. Y rindiéndose, sucumbiendo a veces a la Belleza, a veces a la fatalidad, encuentra su morada plena de luz. Una morada cuya belleza es inexpresable por medio de la palabra y, tantas y tantas veces, incomprensible para el pensamiento mismo.

Pero es así, el Amor es la fuerza Divina que nos llama al Tawhid, a la Unidad; la fuerza que todo lo hace uno, la fuerza que nos hace ascender hasta la plataforma de la plenitud.

Por eso nuestro Profeta – sobre él la plegaria y la paz – nos dice, en numerosos testimonios, que en la Otra Vida cada uno estará con el que ama. Sí, el Amor es mejor que el ascetismo, es mejor que la auto disciplina, que la educación férrea de nuestros vicios y malas tendencias. Y todo porque él es la fuerza purificadora; por el mismo nos convertiremos en ascetas sin saberlo, nos disciplinaremos sin darnos cuenta, nos purificaremos sin haber pretendido ser santos e impolutos. Porque su fuerza,  por ella sola, ha quemado nuestras impurezas, de tal manera y con tal arte, que si bien al comenzar a quemarse nuestro interior emitirá un olor desagradable consumiendo las impurezas, paulatinamente se irá transformando hasta oler a incienso y a los más raros y embriagantes perfumes que alegran el alma.

Es por eso que quienes avanzaron en la Vía del Conocimiento hablan de la Religión del Amor; ellos son conscientes de que todo cuanto nos ha sido prescrito o prohibido es para que dejemos lugar a la entrada del Amor divino en nuestros corazones. Somos lo que Allâh quiso hacer de nosotros y nuestros corazones bailan de gozo ante la luz.

Solamente los que conocen el Amor saben dulcificar la Religión; solamente ellos son capaces de transmitir y hacer amar las prescripciones divinas con un espíritu confiado y alegre. Solamente quien goza con los mandatos de Allâh es capaz de amar. Porque el gozo y la felicidad solamente se da donde hay luz; donde hay luz hay vida; donde hay vida hay verdad; donde hay verdad hay conocimiento. Y conociendo lo maravilloso, lo inefable, cada día seremos mejores y más dignos de ser amados por nuestro Señor.

Y Allâh sabe más.

Lâ ilaha ‘illâ Allâh