17 junio 2024
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Filosofía Islámica III

Seguimos con esta obra escrita por el Shayj Al Alawi. Este capítulo está consegrado a lo qué es el hombre en referencia a su naturaleza corporal, y a su trascendencia con respecto a ella, de la cual se ocupa el mundo espiritual que reside en su interior. Las huellas de la naturaleza física actúan por una parte como eslabones necesarios; aunque desde otro punto de vista podrían resultar ser un impedimento para descubrir nuestra verdadera naturaleza interior.

CAPITULO II

LAS IMPLICACIONES INDIVIDUALES

(Tesis 6 y 7)

 Esta filosofía nos proporciona los medios de responder a las cuestiones que siguen:

  • ¿quiénes somos?
  • ¿de dónde venimos?

 Ella no nos ofrece la respuesta, más aún, nos abre el camino para llegar a esta. En efecto, este descubrimiento pasa por un esfuerzo individual, el cual nadie puede hacer en nuestro lugar.

 La herencia que el hombre recibe de los reinos precedentes es el campo de trabajo del buscador. Estas huellas son a la vez una oportunidad que procede de un querer divino, pero asimismo una limitación y un velo cara a las verdades celestiales. Mediante el esfuerzo, la educación, la voluntad, el hombre se integrará en el Proyecto divino en el cual la sumisión activa más perfecta es el Último fin.

 Considerando sus orígenes inferiores, el hombre constatará su implicación en sus movimientos corporales y mentales. Así, se establecerá una jerarquía humana cuya élite está constituida de hombres cuyas acciones son voluntarias y coherentes. Este pequeño grupo de hombres es el verdadero motor de la sociedad; él es responsable de ella. Estos seres de élite caminan humildemente sobre la tierra, consagrados como están al servicio de otros.

  Que cada uno encuentre el lugar que le corresponde “temiendo a Allâh en el objeto de su elección”.

SEXTA TESIS

La repercusión en el hombre de sus estados originales

 El hombre guarda necesariamente algunas huellas de sus orígenes, o más bien de las tres etapas elementales por las cuales ha debido pasar. Su capacidad de abstracción con respecto a ellas depende del estado de su substancia humana.

 Tal substancia humana no puede liberarse totalmente de su elemento más lejano, a saber: el elemento mineral, y manifiesta una dureza (Ŷumud) la cual le liga a su origen sólido. El aparece entonces tan duro como una piedra, sino más.

  Tal otra substancia humana la cual llega a degradarse gracias a las predisposiciones (Istt’dadih), de su elemento lejano, no tarda en sufrir los efectos de su elemento medio, a saber: el elemento vegetal. El es sometido entonces a movimientos desordenados, generalmente poco apreciables, que son los propios de los vegetales. Estos movimientos aparecen bajo el efecto de tendencias más que bajo el efecto de la voluntad.

 Tal otra substancia humana nos llega aún, gracias a sus predisposiciones a deshacerse tanto de su elemento medio como de su elemento lejano; su elemento próximo, a saber: el elemento animal, no cesa de obrar sobre ella, formando parte como la forma. Es, no obstante, verdad que esta parte puede ser educada y utilizada racionalmente si el temperamento natural es bueno. Es por lo cual los cuidados son exigidos y la educación es indicada.

 Conclusión de la sexta tesis

 Que cada uno observe bien si una influencia cualquiera de sus tres orígenes no se ha infiltrado en su substancia sutil (Ŷawaruhu a-l-Latif); si es así, entonces, que se desembarace de ella aunque fuere forzando la naturaleza.

SEPTIMA TESIS

Las categorías humanas desde el punto de vista del movimiento y de la inercia

 Existen dos especies de movimientos en el ser humano: el movimiento mental y el movimiento corporal. En lo que se refiere al movimiento mental, los hombres se dividen en varias categorías jerarquizadas.

 Algunos se encuentran carentes de cualquier movimiento especulativo (Alamu natiquiyya). Esta categoría es en el mundo racional (Alamu-l-ma’qulat) a lo que la piedra es en el mundo sensible (Alamu-l-mahsusat): ella no se mueve sino es gracias a una fuerza externa.

 Algunos otros se encuentran dotados de movimiento, pero de un movimiento completamente anárquico, no gobernado por la voluntad, y que se asimila estrechamente a una agitación desordenada. El movimiento de esta categoría puede ser utilizado en el dominio inteligible como lo es el movimiento de los árboles y de las plantas en el dominio sensible; pero este género de movimiento es poco interesante pues se encuentra sometido a los caprichos.

 Los hay quienes se encuentran dotados de un movimiento regular y voluntario; aún así, este movimiento es útil para los otros más que lo es para su propio autor. La utilidad de esta categoría en el dominio de lo inteligible es análoga a la de los animales sometidos al hombre en el mundo sensible.

 Los hay aún quienes se encuentran dotados de un cierto movimiento al cual las otras clases de movimientos mentales (al-Harakata-l-fikriyya) se encuentran sometidos: se trata de los grandes pensadores que caracterizan nuestra época; y su función en el dominio inteligible es análoga a la del hombre en el mundo sensible. Esta clase de seres es la más elevada; entre sus miembros figuran los profetas y la élite.

 En cuanto al movimiento corporal (al-harakata-l-badaniyya) es análogo al movimiento mental en la medida en la cual los hombres se dividen con respecto a él en varias categorías. Los hay quienes son como inertes. No son útiles ni a ellos mismos ni a otros. Tales individuos son en la sociedad humana parecidos a un miembro muerto en un cuerpo humano. Los hay cuya acción se encuentra sometida a los caprichos de la falta de coherencia. Una tal acción es, a veces benéfica a la sociedad, a veces dañina. Los hay pues cuya acción está sometida a la voluntad y es coherente; una tal acción es útil a su autor y también a la sociedad; a condición, sin embargo, que la persona a la que se refiere se encuentre a servicio de otro.

 En cuanto a la élite de las gentes de acción, quienes se encuentran dotados de una fuerte personalidad, su efecto sobre los hombres es parecido al del hombre sobre los animales. Esta clase de hombres comporta los príncipes, los reyes y los poderosos.

 Dios ha dicho: “Nos hemos elevado en grados a los unos por encima de los otros, a fin que los primeros tomaran a los otros a su servicio” (Corán 43-31)

Conclusión de la séptima tesis

Que cada cual localice bien cuál es su lugar entre estas categorías, que escoja la que prefiere y que tema a Allâh en el objeto de su elección.