17 junio 2024
Sufismo

Eres una imaginación

Toshihiko Izutsu

La supuesta «realidad», el mundo sensible que nos rodea y que acostumbramos a considerar como «realidad», para Ibn ‘Arabí, no es más que un sueño. Percibimos par los sentidos un gran numero de cosas, las distinguimos unas de otras, las ordenamos según nuestra razón y, de este modo, acabamos estableciendo algo sólido a nuestro alrededor. Llamamos a eso construir la “realidad”, y no dudamos que sea real. Sin embargo, según Ibn ‘Arabí, eso no es realidad en el verdadero sentido de la palabra. En otros términos, no es el Ser (wuyûd) real. Viviendo como vivimos en este mundo fenoménico, el Ser en su realidad metafísica nos resulta igual de imperceptible que las cosas fenoménicas en su realidad fenoménica para un hombre que este dormido y sonando con ellas.

Citando el famoso hadiz, «Todos los hombres están dormidos, cuando mueren despiertan», comenta: “El mundo es una ilusión; no tiene existencia real. Y eso es lo que significa «imaginación» (jayâl). Porque imaginas que el mundo es una realidad autónoma, distinta e independiente de la Realidad absoluta, cuando, en verdad, no es nada de eso’. Has de saber que tú mismo eres una imaginación, y todo lo que percibas y aquello de lo que digas «esto no soy yo», también es imaginación. De modo que todo el mundo de la existencia es imaginación dentro de la imaginación”.

Entonces, ¿qué debemos hacer, si lo que hemos tornado por “realidad” no es más que un sueño, si no es la forma real del Ser, sino algo ilusorio? ¿Debemos abandonar de una vez por todas este mundo ilusorio e ir en pos de un mundo totalmente distinto, un mundo verdaderamente real? Ibn ‘Arabí no adopta esta postura ya que, desde su punto de vista, el “sueño», la “ilusión” o la «imaginación» no equivalen a algo sin valor o falso; significan sencillamente «ser un reflejo simbólico de algo verdaderamente real». Lo que llamamos «realidad», por consiguiente, no es la Realidad verdadera, pero ello no significa que se trate meramente de una cosa vana y sin fundamento. La supuesta “realidad” aun no siendo la Realidad en sí, refleja esta de forma vaga e indistinta en el plano de la imaginación. Es, en otras palabras, una representación simbólica de la Realidad. Solo tenemos que interpretarla adecuadamente, tal como solemos interpretar nuestros sueños con objeto de averiguar cuál es la situación real de las cosas, más allá de los símbolos oníricos.

Respecto al mencionado «Todos los hombres están dormidos; solo cuando mueren despiertan», Ibn ‘Arabí señala que «con estas palabras, el profeta destacaba el hecho de que lo que el hombre percibe en este mundo es para él lo mismo que un sueño para el hombre que sueña y como tal ha de ser interpretado”.

Lo que se ve en un sueño es una forma “marginal» de la Realidad, no la Realidad en sí. Lo único que debemos hacer es devolverla a su condición verdadera y original. Es lo que significa el concepto de “interpretación” (ta’wîl). Para Ibn ‘Arabí, la expresión “morir y despertar” que aparece en el hadiz no es sino una referencia metafórica al acto de interpretación entendido en ese sentido. Así, la «muerte» no es aquí un acontecimiento biológico. Se trata mas bien de un acontecimiento espiritual consistente en que un hombre se desprenda de las trabas del sentido y de la razón, traspase los confines de lo fenoménico y vea lo que subyace tras la membrana de las cosas fenoménicas. Se refiere, en pocas palabras, a la experiencia mística de la «auto-aniquilación» (fanà).

¿Qué ve un hombre cuando se despierta de su sueño fenoménico, abre sus verdaderos ojos y mira a su alrededor? ¿Qué clase de mundo contempla entonces, en la iluminación que le produce el estado de “subsistencia” (baqà) ? Describir ese extraordinario mundo y dilucidar su estructura metafísico-ontológica es el principal cometido de Ibn ‘Arabí. La descripción del mundo tal como lo observa a la luz de sus experiencias místicas constituye su visión filosófica del mundo. ¿Qué es, pues, ese Algo que se oculta tras el velo de lo fenoménico, haciendo de lo que llamamos “realidad” una red de símbolos a gran escala que indican de forma vaga y oscura lo que se encuentra tras ellos? La respuesta es inmediata. Es lo Absoluto, la Realidad auténtica o absoluta, que Ibn ‘Arabí llama Al-Haqq. De este modo, a pesar de que la supuesta “Realidad” no sea más que un sueño, no se trata de una completa ilusión. Es una apariencia particular de la Realidad absoluta, una forma determinada de su manifestación (tayalli). Es un sueño con base metafísica. «El mundo del ser y el devenir (kawn) es una imaginación», dice, «pero es, en verdad, la Realidad en sí”.

Así pues, el mundo del ser y el devenir, o la supuesta «realidad» consistente en formas, propiedades y estados diversos, es en sí un variopinto tejido de fantasía e imaginación, pero indica, a1 mismo tiempo, la Realidad, siempre y cuando uno sepa considerar esas formas y propiedades no en sí mismas, sino como manifestaciones de la Realidad. El hombre capaz de ello alcanza los misterios mas profundos de la Vía (tariqa).

Los profetas son visionarios. Por naturaleza, tienden a tener extrañas visiones a las que no tiene acceso el hombre corriente. Estas visiones extraordinarias pueden ser “visiones veridícas” (ru’ya sádiqa) y reconocemos sin dificultad su naturaleza simbólica. Se admite sin vacilar que un profeta percibe, a través y más allá de sus visiones, algo inefable, algo de la verdadera figura de lo Absoluto. Sin embargo, en realidad, para un profeta, no solo esas visiones fuera de lo común son “sueños” simbólicos. Para su mente, todo lo que ve, todo aquello con lo que está en contacto, incluso en su vida cotidiana, es susceptible de adquirir un carácter simbólico Todo lo que percibe en el estado de vigilia posee esa naturaleza, si bien existe, ciertamente, una diferencia de estados. La diferencia formal entre el estado de sueño, en que ve las cosas mediante su facultad de imaginación y el de vigilia, en que percibe las cosas a través de sus sentidos, permanece intacta, aunque en ambos estados las cosas que percibe son igualmente símbolos. De este modo, se puede decir que un profeta que vive en tan extraordinario estado espiritual se encuentra en un sueño dentro del sueño durante toda su vida. “Toda su vida es un sueño dentro del sueño”. Lo que quiere decir Ibn ‘Arabí con esta frase es lo siguiente: dado que el mundo fenoménico es, en realidad, un “sueño” (aunque la gente corriente no sea consciente de ello), el profeta que percibe símbolos inusuales en medio de ese contexto general de «sueño» es comparable a un hombre que sueña en sueños. Esta es, sin embargo, la comprensión más profunda posible de la situación y la mayor parte de los hombres no tiene acceso a ella, ya que, por lo general, están convencidos de que el mundo fenoménico es algo materialmente solido y no advierten su naturaleza simbólica.

Extracto de la obra: Sufismo y Taoísmo. Ibn Arabí. Ediciones Siruela.