13 abril 2024
Diálogo intercultural

Entrevista de Jean Biès al chayj Addah Ben Tunas

Traducida y comentada por Abdul Karim Mullor

La paz de Allah sobre todos vosotros.

Presentamos una entrevista realizada por el periodista francés Jean Biès a Sidi Addah Ben Tunas, sucesor del chayj Ahmad Ibn Mustafa al Alawi – Entrevista realizada en 1952 en Mostaganem (Argelia) durante la dominación francesa en el país norte africano.

El personaje

El chayj Aḥmad Ibn Muṣtafa al ˤAlawi falleció en 1934 no especificando antes de su muerte quien habría de sucederle, tal y como es la costumbre en la vía del Tasawwuf no elegir al sucesor, pues el maestro entregaba las llaves al Señor de los mundos para que El Toda-Sabiduría se las entregara a quien El Mismo decidiera.

Por este motivo, cuatro moqaddems de la tariqa se reunieron en Mostaganem esperando un signo divino que aclarara cuál de ellos habría de ser el sucesor. Pasaron algunos meses y el signo no venía hasta que un faqir soñó que Sidi Addah Ben Tunas abría la puerta de la zawiyya con sus propias llaves. Para quien sepa interpretar las visiones verídicas de un creyente (que representa la 46ava parte de la profecía, según el hadiz) la llave es el signo del liderato y de la responsabilidad que le es inherente. Por tanto todos convinieron en que Sidi Addah Ben Tunas había sido designado el sucesor desde lo alto.

Se trataba en aquella época de un hombre joven, de apenas 36 años de edad. Por aquellos tiempos la tariqa contaba con casi un millón de seguidores en todo el orbe musulmán y suponía un trabajo exhaustivo y una enorme responsabilidad ocuparse de toda aquella gente. Esto no daba lugar al respiro y el nuevo chayj hubo de delegar la educación religiosa de su hijo el Mahdi a un sabio marroquí que a la sazón habría de ser su legítimo sucesor espiritual; Sidi Abdu-s-Salam Talidi, quien desplazado en Tetuán hubo de formar un grupo del cual salió el actual šayj de la Tariqa, Sidi Salaḥ Badr, a la sazón hijo de uno de aquellos cuatro que se reunieron para dilucidar la sucesión del Šayj al ˤAlawi.

Volviendo al personaje, Sidi Addah, se trataba de un hombre de trato fácil, humilde y amable. El mismo, dando ejemplo, limpiaba los establos de la zawiyya, donde había vacas, a tempranas horas después del salat a-ṣ-subḥ, y después de ellos se ponía en disposición de sus discípulos y de los visitantes hasta el final del día.

Todos los viernes por la tarde invitaba a los miembros de otras religiones, incluidas las autoridades eclesiásticas de la entonces ocupada Argelia, a fin de dar unas charlas sobre el Tasawwuf y las tradiciones musulmanas. Charlas estas que eran seguidas asiduamente por el obispo de Mostaganem e incluso miembros de profesión budista de origen francés que viajaban o habitaban en la ciudad.

De niño fue aprendiz de zapatero y rezaba durante horas al pie de un árbol. Un día, el párroco de Mostaganem pasó y le preguntó: «¿Crees en Dios pequeño musulmán?» El niño respondió: «Con toda la fuerza de mi corazón, señor»«¡Pero si tu no lo has visto!», le espetó el cura. El joven preguntó: «¿Hace viento señor?». «No, ¡y es una pena!», exclamó el francés enjugándose la frente. El niño replicó: «¡Mirad pues hermano, en lo alto del árbol, esa pequeña hoja que se balancea!. Ella se balancea a causa del viento porque es ligera. Si nosotros fuéramos ligeros como ella, sabríamos también percibir el viento».
    De joven, su madre le dijo: «He aquí el cofre de mis joyas. Yo las he guardado para ti a fin de que fundes un hogar.» «¿Qué haré yo con todo este oro?» replicó el hijo, a lo que la madre replicó: «¡Deja de seguir al Sheij Al-Alawi, y funda una familia! Estas joyas son tuyas, yo te las doy».
   El joven, obedeciendo, tomó el cofre, después se lo devolvió a su madre diciendo: «Y yo te las doy a fin de que tú me dejes seguir al Sheij Al-Alawi».

    Y, cuando alguien le preguntó cuál era la mayor gracia que Dios le había acordado,respondió: «La de haberle conocido».

Diabético, falleció en 1952 cuando contaba solamente 54 años de edad.

Hoy os vamos a presentar una entrevista realizada por el periodista francés Jean Biès poco tiempo antes de la muerte del šayj.

Sus Palabras

Jean Biès: Yo quisiera, Sheij, saber qué es el Sufismo

Sheij Addah: Cuando alguien preguntaba a Abu Said ibn Jayr, que Dios esté satisfecho de él, lo que es el Sufismo, él respondía: Lo que tú tienes en mente, abandónalo; lo que tienes dálo; lo que te llegue no lo esquives. Ésta es mi respuesta a vuestra pregunta, hermano. Es en el abandono, en el sacrificio, en la sumisión en lo que se apoya el Sufismo, que es el gusto de Dios.

Las Gentes del conocimiento —‘arifin— no son como los sabios —‘ulema. Ellos no hablan de las cosas de Dios; ellos son uno con Dios. Aquel que dice: «Yo conozco a Dios, soy un Sufi», no está instruido en las cosas de Dios. ¿Acaso el perfume dice: «Yo soy el perfume»? Él perfuma.

Decir que uno es sabio o Sufi, es ponerse cara a Dios. Y esto es ser dos. Mientras que Dios es Uno. Aquel que conoce no puede decir nada: no existe por sí mismo. Mientras que si el Sufi habla, no puede decir: «Yo soy.» O, si él dice: «Yo soy», es Dios quien habla a través de él. Si usted así lo quiere, la lengua del Sufi, es la lengua de Dios, sus ojos, los ojos de Dios, su boca, la boca de Dios… ¿Cómo puede decir: «Yo soy» puesto que sólo Dios es? Es como si la Señora Nieve dijera: «Yo, la nieve, soy Sufi, porque poseo el conocimiento del agua, y os puedo hablar de ella.» ¡Espera un poco nieve!… ¡Espera que el calor del sol te acaricie! Vamos a ver, tan sabia del agua como eres, cómo vas a quedar. Veremos ahora cómo hará la pobre nieve para hablarnos del agua, cuando ya no exista más la nieve y sólo haya agua.

En el curso de un viaje en el Sur, un muqqadem de nuestra Cofradía fue presentado a un sabio (‘alim).Uno de sus amigos le apercibió y dijo al sabio: «He aquí que viene el muqqadem. No es un hombre de la vida de este mundo; además, no quiere nada de ella». El sabio ironizó: «¿No será, más bien, que la vida de este mundo no quiere saber de él?». Nuestro muqqaddem oyó estas palabras y le dijo: «Es verdad, hermano, la vida de este mundo no quiere saber más de mí; ella quiere más bien de ti. Nosotros no tenemos nada en común. Yo en ninguna parte estoy en mi casa, estoy siempre de paso con los fuqara, nuestros amigos. Pero vos, vos estáis siempre en vuestra casa… Yo ni siquiera estoy en mí, estoy en Dios, siempre me dirijo a la casa de Dios. No tengo nada que ofrecer a la vida de este mundo, y Satanás no se arriesga en dar a su hija a un yerno de mi especie. Satanás con Satanás, hermano, las almas puras con las almas puras…» He aquí la historia del sabio y el muqqadem. Las almas puras, hijos míos, son poco numerosas, en comparación con los sabios que habitan la vida de este mundo. Pero más vale un puñado de abejas que un saco de moscas.

Un día, mi maestro inspirado, el Sheij Al-Alawi, que Dios acoja su alma, oyó que un discípulo se dirigía a Dios así: «¡Sobre Ti la alabanza, pues Tú no me has hecho rico! ¡Sobre Ti la alabanza, pues no me has hecho noble ni instruido!». «¿Por qué rezas tu así?», le preguntó el Sheij. El discípulo le respondió: «Yo doy gracias a Dios desde el fondo de mi corazón. Si Él me hubiera dado la riqueza, yo no Le habría conocido. Si me hubiera dado el saber, no habría recibido nunca la ciencia del corazón.»

J.B. ¿Veremos a Dios en el otro mundo?.

S.A. ¿Cómo quieres tu ver a Dios en el otro mundo, si no Le has visto primeramente en éste?…Te arriesgas solamente a no reconocerle.

J.B. Sheij, ¿qué pensáis del mundo de hoy en día?

S.A. Hoy también es un tiempo de Dios, hermano.

J.B. El Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, ha dicho que todo musulmán debe hacer la limosna. Pero ¿y si no posee nada?

S.A. Que trabaje con sus manos, hermano, para proveer a sus necesidades y para hacer la limosna.

J.B. ¿Y si no puede trabajar?

S.A. ¡Que ordene hacer el bien!. Y si no lo hace, que se abstenga de hacer el mal. Esto le equivaldrá a hacer la limosna. Veamos, hermanos, el Amigo de Dios puede siempre amar a Dios. Hay un hadiz que dice: «Si Mi adorador se aproxima a Mí un palmo, Yo me aproximo a él un codo; y si él viene a pie, Yo vendré corriendo hacia él.»

Un sufi ha dicho: «He buscado a Dios en todas las puertas, pero he encontrado en cada una de ellas una multitud indescriptible. Al contemplar la puerta de la plegaria, jamás hubiera pensado que hubiera tantas gentes que rezan. En la puerta de la limosna, tantos hombres caritativos. Y ¡cuántos peregrinos en la puerta del peregrinaje!… Pensé que jamás entraría en la casa de Dios. Cuando mi corazón me dijo: ¡Dirígete a la puerta de la humildad! ¡Bismil-Lah! ¡He entrado inmediatamente! Excusadme hermano, pero yo amo mucho la puerta delante de la cual no se espera. Si eres humilde, Dios lo será más que tú, y uno puede hablar a alguien más humilde que él».

Un día, la señora Abeja recibió la visita de la señora Avispa. «Buenos días prima -le dijo la Avispa- yo quisiera aprender tu oficio, en lugar de estar ociosa.» «Bien, de mil amores, querida, observa atentamente». Ella le enseñó cómo construir las celdas y cómo disponerlas. Pero de repente la Abeja no volvió a ver a la Avispa. Ella se fue a buscarla. La encontró sudando y afanándose, haciendo gran cantidad de ruido y polvo. «Excúsame, hermana, pues tengo un trabajo tremendo…» «Y ¿qué es lo que haces?…» «Pues el trabajo que me has enseñado.» Volando ambas partieron hasta la cantera. «¿A que está bien?», dijo la Avispa, llena de orgullo, mostrando las celdas. – «Si, está bien —dijo la Abeja— pero aquí falta la miel».

¿Por qué es tan grande la mar? ¿Más grande que las montañas y los continentes?… Porque es más baja que ambos. Y porque, haciéndose siempre más baja, acepta todo lo que se presenta a ella. El gran río, es recibido y acogido por ella; también los desperdicios de la ciudad, y con todo esto ella forma su azul…

Nosotros, los árabes, tenemos en nuestro alfabeto una letra torcida, la šin. Además de ser torcida, šin significa «villano«… Pero con toda su torcedura, toda su villanía, si uno quiere escribir «nobleza« —šaraf—, es necesario el uso de la letra šin. Si hubiéramos retirado la šin, jamás habríamos podido escribir «nobleza«.

J.B. Al otro lado del patio, cerca de la reserva de sémola, un faqir que se había escondido llevaba dos sacos que acababa de robar. Sheij, ¿por qué le habéis dejado el camino libre?

S.A. Siento vergüenza por él, hermano. Si él se llega a dar cuenta de que yo le he visto, tendrá mucho mal en su corazón.

J.B. Pero entonces, Sidi, ¿usted favorece al ladrón?

S.A. Yo impido al ladrón que robe. Si le dirijo reproches, no hará otra cosa que irse, y estará tan perdido para sí como para nosotros. Si él se queda con nosotros, adquirirá el espíritu de la Cofradía, y hará a los ladrones el mismo caso que nosotros. Nosotros no somos comerciantes de sémola. Si somos rectos ante Dios, aquéllos que nos frecuentan se harán rectos como nosotros.

Un hombre partió para visitar a un hermano en Dios, en la montaña. Dios le envió un ángel para que le acompañase.

«¿Dónde vas tú, hombre?»
«A la aldea vecina, allí tengo un hermano en Dios»
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«¿Te ha hecho algún bien para que así te molestes?»
«No, pero yo le amo por Dios»
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«Yo he sido enviado por Dios, dijo el ángel, para decirte que Dios te ama así como tú amas a tu hermano»
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J.B. Cuando dos hermanos se aman por Dios, ¿hay alguno de ellos a quien Dios prefiera?

S.A. Cuando dos hermanos se aman por Dios, aquél de los dos que Dios más ama es aquél que ama más a su hermano.

Si no perdéis la razón en la adoración, si no perdéis la cabeza en el corazón, jamás podréis aproximaros al Bien Amado. ¿La Faz de Dios? Es el Amor. No hay otro que Él, el Amor. No hay segundo. Fuera del Amor, no existe nada. «Oh Dios, dame Tu Amor, dame el amor de quien te Ame, dame el amor de todo lo que me aproxima a Tu Amor, y haz que yo Te ame más que el agua fresca!«

J.B. Sheij, yo quisiera saber una cosa a la que sólo vos podéis responder.

S.A. Si Dios quiere.

J.B. ¿Qué es un hombre de Dios?

S.A.– Un hombre de Dios, hermano, es aquel que según una palabra del Profeta, sobre él la Plegaria y la Paz, «Trabaja en este mundo como si fuera a vivir siempre y para el otro mundo como si fuera a morir inmediatamente.« Lo que hace un hombre de Dios, es amar a Dios. ¿Conoce la historia de Maŷnun?. Layla, su amada, le había traicionado en los brazos de un lejano príncipe. Desesperado, enflaquecido, el pobre pastor se dedicó a su búsqueda a través del mundo. En su extravío, creía verla en todas las cosas, en todas las cosas él la adoraba. Preguntaba a las flores: «¿Está Layla entre vosotras?» A las gacelas: «¿Es Layla vuestra hermana?«. Se le llamaba el loco de Layla. Y cuando le decían: «¿Crees tú que vas a encontrar una perla en el polvo?», Maŷnun, que tamizaba la arena, respondía gimiendo: «Busco a mi Layla en todas partes al fin de encontrarla en alguna de ellas«. He aquí que un día, el loco de Layla la descubrió. Ella le reconoció y le dijo:«¿Con qué ojos me ves tú, Maŷnun?». «Con los ojos de mi amada», respondió Maŷnun. «¿Cómo es que has venido vestido así?» – «El vestido que llevo es el de mi bien-amada» – «¿De qué te alimentas?» – «De la saliva de la que yo amo» – » Pero Layla soy yo— dijo Layla— ¡despiértate!«. Maŷnun no se despertó. – «Si tú eres Layla, dijo él, ¿yo también soy Layla? Yo soy tú como tú eres yo«. Él se había convertido en el Amor.

J.B. Sheij, háblenos de la Mahabbah (amor a Dios).

S.A. La Mahhabbah, hermanos, es no comer y no dormir. Es comprender y no comprender. Es hacerse continuos reproches y obedecer. Es buscar sólo el contentamiento del Bien Amado. Es arder de fervor por Él. Es no poder estar sin Él. Es desaparecer en Él. La Mahhabbah, hermanos, es contar en poco todo lo que es de uno mismo, y en todo, lo que es de Dios. Es reemplazar los atributos del amante por los atributos del Amado. Es que el servidor no pida nada a su Señor y no encuentre ninguna necesidad de pedirle sea lo que fuere. La Mahhabbah, hermanos, es lo que borra nuestras huellas. Es lo que no disminuye por el desdén, ni aumenta por la complacencia. Es la angustia que consume y la aflicción que no quiere alivio. Es la adhesión del corazón a todas las voluntades divinas. Es el temor de abandonar la veneración de Dios. Es el efluvio de la brisa de Dios y el perfume de Su Proximidad. Es un sabor muy dulce y una estupefacción terrible. Es el brasero de la consciencia que quema todo lo que no es el deseo del Amado. Es una locura cuando comienza, y muerte cuando termina. Es el desgarramiento de los velos y el desvelamiento de los secretos…

Algunos días antes de su muerte

«Hijos míos, os he dado todo lo que aproxima a Dios, todos los secretos, salvo el más grande, aquél que place a Dios y que lleva a Él. Es la generosidad de dar sin cesar; no de hacer la limosna, sino dar, dar siempre a las criaturas de Dios, por Dios. Velar por vuestros hermanos, a fin de que nunca les falte nada. Aunque fuera solamente salvar a un pájaro… He aquí el último secreto, hijos míos, el más precioso de todos, y que yo había guardado para vosotros hasta esta hora. La base de la enseñanza es el Amor. Amad a vuestros hermanos, amad a los guías que Dios os ha enviado, amad a los pobres, amad a todas las criaturas, ¡amad a Dios!…
  Un hombre preguntó al Profeta, sobre él la Oración y la Paz, sobre cuál era la mejor de las acciones. El Profeta, sobre él la Oración y la Paz, respondió: Dejar la lengua siempre húmeda por el recuerdo de Dios…
Como decía el Sheij Al-Alawi, que su pensamiento secreto sea santificado, la repetición del Nombre permite al adorador saturar todos sus instantes de la consciencia de la Grandeza de Dios, Exaltado Sea «.

Jean Byes. Yo veo un poderoso lazo entre las tradiciones en las que se practica la repetición de un Nombre Divino, ya sea la «plegaria del corazón» de los hesyquiastas, el japa-yoga de los hindúes, el nembutzu de los budistas, o el dhikr de los sufis.

Sheij Addah.El Nombre divino, revelado por Dios mismo, implica una Presencia divina que deviene operante cuando el Nombre se apodera de aquél que invoca…. Para nosotros, la mención de Dios es la quintaesencia de la plegaria. «RecordadMe —dice el Quran— y Yo Me acordaré de vosotros», adhkuru-ni adhkur-kum«Éste mundo está maldito -ha dicho el Profeta, que Dios le colme de Sus beneficios- a excepción del recuerdo de Dios.»

J.B. ¿Qué es el camino de Dios?

S.A.El camino de Dios, es el camino de espinas.

J.B. ¿Cómo es esto, Sheij?

S.A.No temo decirlo, hermano. Observad la vida de todos los elegidos: Sayyidina Ibrahim, Nuestro Señor Abraham, arrojado al fuego; Sayyidina Musa, Nuestro Señor Moisés, delante del Faraón; Sayyidina Isa, Nuestro Señor Jesús, perseguido por los nobles de su pueblo. A golpes de piedra fueron rotas las mandíbulas de Muhammad, sobre todos ellos el Saludo. Y todos los demás Amigos de Dios, los Compañeros, los Apóstoles, que Dios les acepte y les santifique. Cerca de nosotros ¡cuántos mártires por haber dicho la Verdad!… Para llegar a Dios, hermano, es necesario pasar el Sidrat al Muntaha, el «Sidrat» del Confín.

J.B. ¿Qué es el Sidrat?

S.A.Yo he pasado mucho tiempo sin gustar lo que era. Pero una vez, nuestro venerado Sheij, que Dios santifique su espíritu, nos llevó a todos a la granja de Relizan, para cortar el Sidrat. Son arbustos salvajes que producen frutos rodeados de espinas. Todo el día estuvimos cortando el Sidrat, penetrando en los tallos. Y como un violento aire los estaba agitando, nos encontramos, antes del mediodía, con nuestras ropas desgarradas, nuestras manos y nuestras caras llenas de rasguños. A la tarde estábamos ensangrentados. Apercibiéndonos de lejos, el Sheij nos dijo riéndose: «¡Sería muy simple, hijos míos, si el Árbol del Límite no ofreciera más que flores y frutos! Dios ama a quienes se desgarran para pasarlo. El camino de Dios es el camino de espinas.»

El discípulo es como una estrella sobre una alfombra de lana. Estrella brillante, está apegado a su brillante nombre, a su brillante forma de estrella. Pero ha olvidado que antes de ser una estrella, él es de lana.

Entonces, para hacerle comprender lo que es, es necesario que el maestro, hilo a hilo, deshilache toda la alfombra; y así hará gustar al faqir que está hecho de lana, antes de ser una brillante estrella; y esto es lo que hace sufrir.

J.B. Sheij, ¿podéis hablarnos de los profetas?

S.A. Los Profetas son los Enviados de Dios, portadores de una ley sagrada. Cada uno de ellos ha venido para instalar el amor divino en nuestros corazones, conducir a los hombres hacia el Único Señor. Él ha creado para nosotros a Sayyidina Isa, nuestro Señor Jesús, y a Sayyidina Muhammad. Quien no acepta al uno o al otro, es como si no aceptara la derecha o la izquierda de Dios. Todos los Profetas son Sus Ojos.

El velo del sol es su propio resplandor. El resplandor del sol, no es el sol. Sayyidina Musa, nuestro Señor Moisés, Sayyidina Isa, nuestro Señor Jesús y Sayyidina Muhammad, sobre ellos el Saludo y la Paz, son resplandores de la luz del sol, pero ellos no son el sol. Los Sufis no olvidan que es el sol lo que es necesario alcanzar. Siguiendo a los Enviados, se conoce la Vía de la Proximidad; pero hay en ella aún mucho camino que recorrer.

J.B. Pero Sheij, los musulmanes no creen que Jesús sea el Hijo de Dios.

S.A. Para los musulmanes Jesús no es el Hijo de Dios, es el Alma de Dios, es decir la Verdad, y esto puede ser mucho más… Un espejo no es el ser que se mira en él. Nosotros no podemos decir que el uno esté encarnado en el otro. Esto no deja de significar que el uno está fundido en el otro… Excusadme, hermano, solamente Muhammad proclama que Jesús será el Profeta que volverá en los últimos tiempos. El Quran le glorifica, y habla también de Maryam, la virgen María, como abandonada y reconociente de los favores de Allah.

J.B. El musulmán no cree que Jesús haya sido crucificado, pero sí que ha sido elevado hasta Dios.

S.A. ¿Ves, hermano, este vaso de té con azúcar? Dios ha obrado como si el té dijera al azúcar: «soy Yo quien te eleva hasta Mí». El vaso de té se apodera del azúcar, el azúcar está en el fondo del té… ¿Es que no hay ya azúcar? Está en el té, es el té.

Si el mundo europeo siguiera al Señor Jesús, sobre él el Saludo y la Paz, destruiría sus gobiernos, derrumbaría todas sus riquezas y renegaría de la innoble vida materialista que es la suya. Pero no hay un solo hombre en el mundo europeo que siga al Señor Jesús, sobre él el Saludo de Dios y Su Gracia. Pues la vía de Jesús es la destrucción de toda la vida de este mundo de materia, es luz divina sobre luz divina. Mientras que el mundo europeo, es el mundo de los adormecidos en el asunto de Dios.

Si los cristianos, hermano, supieran del amor que mi corazón siente por Jesús, vendrían a abrazar mi soplo.

«¡La ilaha illa-l-Lah!»(¡No hay más dios que Dios!). Toda la doctrina está contenida en esta afirmación divina —al aḥadiyyah. Dios es distinto de todo, nada Le puede ser comparado. La Unidad es Su Esencia, más allá de toda definición. Todo otro que no es Él no existe. Él es el Primero y el Último, el Exterior y el Interior. Otro que Él no es; este Otro es aún Él.

«Por solicitud a mí, Tú me haces subsistir
y por exceso de amor por Ti yo espero que Tú me aniquiles.
Como si yo fuera en el cielo sombra y sol a la vez,
aparezco por Tu luz, y por ella desaparezco.
Quien me ve por la mañana cree en mi existencia,
y quien más tarde me ve me envuelve en mi sudario…”