17 junio 2024
Nuevos Musulmanes

Entre la alegría y la tristeza

Abdul Karim Mullor

Entre la alegría y la tristeza

Uno de los secretos, no tan bien guardados, de la Vía espiritual es que la tristeza y la apertura de espíritu van de la mano. Mejor aún, la una acompaña a la otra de manera inseparable, y podemos decir que hasta natural.

Dice el Corán:

Porque es cierto que junto a la dificultad hay facilidad.
Sí, junto a la dificultad hay facilidad.
(94 – 5,6)

Y hemos creado cada cosa por parejas para que tal vez reflexionarais. (51-49)

Veamos entonces que es lo que dice Muḥammad Rasulu-l-Lâh – sobre él la plegaria y la paz – al respecto:

Entre los hombres, los profetas son los primeros en experimentar la desdicha, vendrán después aquellos quienes se les asemejan, y ello gradualmente. El hombre será probado en la medida de la firmeza de su fe; si su fe es firme, la desdicha lo será igualmente, pero si su fe es débil, la desdicha lo será también. La desdicha no cesa de afligir al hombre, hasta que le hace marchar, desprovisto de todo pecado, sobre la tierra.

(De Saˤid, recopilado por Al-Bujari)

Todo esto, que parecerá pura teoría para muchos, es para otros una realidad diaria. Aquél quien se quiera acercar a Allâh debe saber que es condición necesaria penar para llegar a gozar de una apertura de corazón.

Y, como dice el Corán, esto es una condición sine qua non, porque todo ha sido creado en parejas y porque no verás cambios en la Costumbre de Allâh.

Todos los profetas vivieron unas enormes dificultades en sus vidas. Experimentaron unas pruebas de gran intensidad; pruebas estas que tocaron a lo más profundo de sus sentimientos y a lo más sensible de sus naturalezas. No vamos a recordar una por una, porque sus vidas son ya harto conocidas. No obstante, si queremos rememorarlo a fin de que se pueda reflexionar sobre ello.

Otro tanto, aunque con menos intensidad, ha ocurrido con aquellos que son célebres por su sabiduría y sus estados de cercanía con Allâh. Recordemos que, de los cuatro califas bien guiados, solamente uno, Abu Bakr, falleció de una muerta natural; por no hablar dela pérdida de una mano en la toma de Jerusalén de nuestro Abu Madiam de Cantillana y las desgracias que, uno a uno hubieron de pasar los siervos más ejemplares del Señor de los mundos, luminarias y faros del ‘Islâm.

Las dificultades es lo que se puede ver al exterior, pero no la apertura de los corazones y la luz que estos contienen, de la que únicamente se pueden vislumbrar sus destellos. Nadie obtiene sabiduría de forma gratuita. Nadie se acerca a Allâh sin renunciar a lo que más ama, e incluso a uno mismo.

La Belleza compensa de todo. Lo que estos adalides del ‘Islâm tuvieron y tienen en el corazón, les inunda de sentimientos luminosos y de paz; una paz que se ha instalado en sus corazones, encontrando en ellos su hábitat natural.

Consideremos las maravillas de nuestra propia naturaleza. Todos disponemos un corazón que es motor de nuestro cuerpo. Sin él no podríamos vivir. Si él dejara de latir se produciría la muerte de manera inevitable.

¿De dónde encuentra este corazón la fuerza para latir? Si reflexionáramos en esto, deduciríamos que esa fuerza que hace latir nuestro corazón no se encuentra localizada en ninguna parte. Que el hecho de que se mueva a esa velocidad es ya de por sí un hecho asombroso.

En cuanto a esto, hay dos posibilidades:

Una que la fuerza que lo impele sea externa e invisible

Otra es que ella se encuentre en el mismo corazón, bien escondida y de manera indetectable.

Pues bien, esa fuerza desconocida se encuentra en contacto directo con lo Divino. En contraposición a esto, ella es desconocida para nosotros. Busquemos donde busquemos; lo hagamos como lo hagamos, no podremos llegar a hallarla con la ayuda de nuestros sentidos y de nuestra mente.

Para llegar a ella es necesario desembarazarse de las trabas que lo impiden. Entonces, cuando comprendemos que estos impedimentos se encuentran dentro de nosotros, y que desembarazarse de ellos pasa por romper non nuestras costumbres, abandonar nuestros miedos internos y nuestra zona de confort, entonces, y solamente entonces, comprenderemos el motivo de por qué el sufrimiento es una túnica obligada para aquel que desea acercarse a Allâh de todo corazón.