En defensa de la Imara

Abdul Karim Mullor

A-s-salamu ˤalaykum –  La paz sobre vosotros

Hoy salimos en defensa de la danza mística o Imara, demostrando que su estatus se encuentra totalmente encuadrado en el marco del Corán y de la Sunna.

Aquellos que, sin conocimiento, la rechacen o critiquen, no tendrán otra cosa que hacer, después de haber leído estas líneas, que reconocer la verdad o marcharse cabizbajos si no quieren hacerlo.

En defensa de la Imara

Podemos decir que la Imara consta en levantarse en un grupo más o menos numeroso de personas, y tomados de la mano, dispuestos en círculo, invocar, de una manera rítmica, y a la vez respetuosa al Señor de los mundos, al Dios del Universo. La Imara verdadera se ejecuta con un leve balanceo de cuerpo, siempre hacia adelante, emocionado por la invocación del Señor Todo Poderoso, Quien si se manifestara ante nosotros no dejaría nada en pie; tales son Su Grandeza y Su Poder soberano, sobre todas las cosas, sobre todas las almas, así como sobre todos los cuerpos que albergan las almas y los corazones.

Si Nos hubiéramos hecho descender este Qur’an sobre una montaña, la habrías visto humillada y partida en dos por temor de Allah”? (59-21)

Si pues el Qur’an hubiera partido en dos la montaña  al caer sobre ella, ¿qué no haría entonces la Presencia divina al manifestarse ante el Ser Humano?

Se cuenta que cuando los Abisinios entraron en la mezquita del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – el día de la fiesta, danzaban y se dedicaban a otras prácticas del mismo orden, las cuales formaban parte de sus costumbres; el Profeta contempló la escena hasta que hubieron terminado sin nada reprocharles, mientras A’isha se encontraba de pie detrás de él (Bujari)

Sidi Ŷaˤfar Ibn Abi Talib – que Allah esté satisfecho de él -, se cuenta que se levantó y se puso a danzar después que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – le hubo dicho: “Te pareces a mí por tu físico y tu carácter “, sin que este último – sobre él la plegaria y la paz – se lo reprochara o prohibiera.

¿Podemos considerar que se puede tener como sabio a aquel quien es semejante al asno cargado de libros? (62-5)

 ¡Nada de eso! En realidad, el conocimiento es una luz particular la cual permite comprender las informaciones intelectuales, exactamente de la misma manera en que la mirada capta los objetos sensibles; se trata de comprender y no simplemente de reunir papeles. Allah (ta’ala) ha dicho a Su Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : Tú no conocías ni el Libro ni la fe, pero lo hemos hecho una luz con la cual guiar a quienes queremos de Nuestros servidores. (42-49)

En cuanto a las gentes de la Vía, ellos piensan que el balanceo, el movimiento son incluso deseables desde ciertos puntos de vista y antes circunstancias determinadas, conformemente a la siguiente palabra del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – , citada por el autor del Nusra[1]: “No es noble quien no se mueve a la invocación del Bien-amado.”. Este hadiz, mencionado por Suŷuti en su Ŷamiˤa-s-sagir va en el mismo sentido: “Poneos en camino pues los solitarios, aquellos quienes se agitan por el Recuerdo de Allah, os han precedido”.

El sultán de los enamorados – A-s-sultan mina-l-ˤašiqin – (Umar Ibn al Farid) ha dicho:

Aun cuando los censores lanzaran sus críticas,

Su Recuerdo me es dulce, en todas sus formas

¿Desconocéis la historia de las mujeres quienes se cortaron las manos[2]cuando José – sobre él la paz – apareció delante de ellas?,  ellas dijeron: ¡Válganos Allâh! Esto no es un ser humano sino un ángel noble![3].

En los Awarif, se cuenta que “un hombre vino en presencia del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – y encontró allí gentes quienes recitaban el Qur’an, mientras que otros recitaban poemas. El exclamó entonces: «Oh Enviado de Allah, ¡el Qur’an y la poesía! » El Profeta respondió: Sí, a veces el uno y a veces la otra.”

Es el caso especialmente del relato que nos aporta ‘Alqami de Ibn Maŷah: Cuando el Profeta volvió a Medina después de una de sus expediciones, una sirvienta se aproximó a él y dijo: – Enviado de Allâh, he hecho el voto, de que si Allâh te devolviera sano y salvo, cantaría delante de ti acompañándome del tambor. – El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – le respondió: – Si es este el voto que has hecho, entonces cúmplelo. He aquí otra de sus palabras: Cantad gentes de Arfida (abisinios). Los judíos y los cristianos sabrán así que gozamos de una cierta permisividad en nuestra religión. [4]

En cuanto al Imam Abu Hanifa a-n-Nu’man – que Allah esté satisfecho de él -, se dice que fue interrogado sobre las invocaciones ritmadas mediante el movimiento corporal (hadra) practicadas por los sufis: « ¿Los estados que manifiestan son auténticos o simulados?». He aquí lo que respondió: «Allâh hará entrar ciertas personas en el paraíso con sus tambores y sus cantos».

Cómo se ejecuta la ‘Imara

Una vez reunidas algunas de las citas que tratan directamente este asunto de la danza sagrada, pasemos sin dilación a explicar cómo se ejecuta para que sea válida, tanto desde el punto de vista de la Jurisprudencia islámica, como el de su utilidad y efectividad.

En cuanto a lo primero, y atendiendo a la norma reconocida por los grandes sabios de la Umma de todos los tiempos, que dice:

En el Islam nada está prohibido excepto lo que lo es claramente en el Corán y/o en la Sunna mediante un mandato directo que no necesite interpretación”.

En este sentido, ya hemos explicado como los abisinios, e incluso Ŷaˤfar Ibn Abi Talib danzaron delante del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – sin que él se lo recriminara. Por eso no es necesario detenerse más tiempo sobre este punto.

En cuanto a su utilidad, debemos decir que este tipo de invocación no es efectiva sino se efectúa en condiciones muy específicas:

Primeramente quienes lo ejecutan deben estar en estado de ablución menor.

Debe haber una finalidad específica regulada por el maestro que dirige a los participantes.

Debe estar regulada por un maestro capaz y sabio que controle a los participantes que los prohíba las exageraciones y el dejarse llevar.

No se debe gritar, ni disimular éxtasis varios, ni saltar, ni moverse de lado, ni dejarse llevar por la fuerza de la invocación sin control ni freno.

Se invoca, y en esto en cada región hay diferentes formas, con un Nombre Divino, como Huwa, al Hayy, por ilustrar con dos ejemplos.

Se puede dulcificar el acto con cantos de poemas místicos mediante los cuales se puede ayudar a regular los movimientos y hacer a los participantes conscientes de la Grandeza de los Nombres Divinos.

El estado de exaltación o de apertura de alma consecuencia de esta invocación debe ser controlada al acabar mediante un esfuerzo personal, teniendo en cuenta que lo que se obtiene con esta invocación es un estado de apertura de alma, que, acumulándose a otras invocaciones, forma parte de un todo, y que la Imara no es nada por ella misma.

A esto queremos añadir que el rito de la Imara no forma parte del núcleo de las invocaciones practicadas en el Sufismo. En determinadas circunstancias puede servir de apoyo a los principiantes, pero nunca será un elemento necesario, ni tan siquiera recomendado desde el punto de vista general. Se encuentra entonces en el estatus más bajo de lo que son las invocaciones en Tasawwuf.

Cómo no se debe ejecutar la Imara y en qué ocasiones está prohibido hacerlo.

Primeramente diremos que si no se ejecuta con el permiso y supervisión de un verdadero maestro, puede ser un elemento desestabilizador, porque el estado que  se deriva de esa invocación puede tener efectos nocivos al no existir el control necesario. Eso no impide que en ocasiones aisladas y sin ninguna finalidad determinada se pueda ejecutar con las debidas precauciones. Esto dicho, se trata de un gran problema cuando un maestro falso, de tantos como hoy existen, se hace cargo de un acto semejante. Las personas que practican la Imara con uno de estos personajes, desde ese momento se encuentran en peligro, un peligro que puede atacar su alma y su salud mental.

¡Y esto es una advertencia seria donde las haya!

Muchas personas, en estos días, se dirigen a hacer danzas, a las que llaman Imara, en la que se realizan cualquier tipo de movimientos, después de haber fumado hashish sin que su falso maestro les diga nada, pues, al fin y al cabo, maestro y discípulos comparten la misma enfermedad del alma. Esa danza les procurará, sin duda alguna, un estado shaytani; y si la practican a menudo terminará por incrustar en sus almas malos hábitos y sentimientos; y esto como mal menor, siempre que no ocurran cosas peores que afecten seriamente a su estado psicológico de una manera crónica.

Los detractores

La charlatanería, la descalificación, la arrogancia y el hacerse pasar por sabio siendo ignorante son un gran Haram en el Islam.

Los detractores de la danza mística o iniciática no tienen, en definitiva, argumento alguno, ni en el Corán, ni en la Sunna que apoye sus afirmaciones, las cuales se basan en la ignorancia, cuando no en el odio, o en repetir cual papagayo lo que dicen otros.

Aquel quien prohíbe lo que Allâh ha declarado lícito está incurriendo, nada más y nada menos, en lo que técnicamente podemos llamar, como mal menor “una innovación dañina”, y en algunos casos lo que es técnicamente una herejía; pues herejía es en Islam modificar los elementos esenciales del Din, siendo conocer, localizar lo prohibido un elemento esencial de nuestra religión.


[1] Muhammad Ibn Tahîr al-Maqdisî.

[2] Corán: 12-50

[3] Corán: 12-31

[4] Kanz al Ummal 40676-40617