18 junio 2024
Nuevos Musulmanes

El viaje después de la muerte

El viaje después de la muerte.

Sabe que la noche de mañana es la de Laylat al Bara’. Entre otras cosas, esa noche se completa la lista de aquellos que van a morir en el trascurso del año hasta la Laylat al Bara’ siguiente.

Teniendo en cuenta que esta web es pública y que lo que sea escrito en ella puede ser leída por cualquier persona. Sabiendo que lo que pudiéramos decir podría herir profundamente algunas sensibilidades, preferimos no expresar una serie de cosas desagradables para aquellos que no profesan nuestra religión. Ellos podrían verlas como un ataque directo, en lugar de ver en ello una advertencia cortés y desinteresada. Vamos entonces a hacer un resumen del tránsito de las almas después de la muerte, siguiendo, entre otras, la obra de Abu Ḥamid Gazali, titulada:

El viaje después de la muerte”.

Gazali

Abu Ḥamid Gazali fue un erudito musulmán que enseñó Jurisprudencia Islámica en la Universidad Nizamiyya de Bagdad. Sus enseñanzas gozaron de un gran prestigio. Su hermano, que practicaba el Sufismo, le animó a su vez a aprender dicha ciencia. Es entonces que Gazali partió en un viaje de diez años, antes de regresar de nuevo a su ciudad natal convertido en un maestro sufí.

Al dominar las dos ciencias más importantes del Islam (Jurisprudencia y Sufismo) sus escritos gozaron de una enorme reputación hasta el punto en el que ha sido y es conocido por el sobrenombre de “Ḥuŷŷa-l-‘Islam” (La prueba del Islâm); es decir, aquel que dirime los asuntos, los clarifica, los juzga, y ofrece sentencias firmes y definitivas.

El viaje después de la muerte

Cuando el que fallece es un creyente destinado al Paraíso se presenta ante él, el diablo en forma de familiares que ya fallecieron y le invitan a apostatar del Islâm, diciendo que tal o cual otra religión es la verdadera. Una vez rechazado el diablo, entran los ángeles junto con Asra’il. En número de cuatro, los ángeles le sacan el alma por cada una de las cuatro extremidades con gran facilidad.

Antes de esto, el moribundo pierde el habla y ha observado cual es su lugar en el Paraíso.

Si es un afortunado, podemos constatar en él una sonrisa o la boca seca por completo. Si es un réprobo, encontraremos en su rostro las señales del pavor, ya que se le mostrará su lugar en el fuego muy poco antes de extraerle la vida. Su alma sale dolorosamente al igual que cuando se intenta extraer la lana de una tabla llena de clavos. Su boca se encuentra húmeda.

En cuanto a los más afortunados, su alma es elevada más allá de los siete cielos, después de los cuales encuentra a Allâh hablándole detrás de varios velos surcados por una gran muchedumbre de lunas. Allâh habla con él como Él quiere, y al final le perdona. Es entonces que esta alma va a encontrar el lugar que en ese momento le corresponde.

Las almas más afortunadas gozan de libertad para moverse por los siete cielos y el resto del Universo, como por ejemplo, las de Abu Bakr, Umar, Alí y otros.

Cuando llevan el cuerpo para el enterramiento, siempre hablando de los afortunados, el fallecido dice a los que le llevan:

Deprisa, deprisa, llevadme al bien

Llegamos a la tumba, y escuchamos los pasos de aquellos que nos acompañaron cuando parten del lugar. Entonces se presenta ante nosotros un ángel llamado Román. Este nos dice:

Escribe todas tus obras” – nosotros le contestamos – “no tengo papel” – y él dice – “corta un trozo de tu lienzo” – le contestamos – “no tengo pluma” – y él dice – “unta el dedo con tu saliva y escribe”. Es entonces que escribimos todas nuestras obras sin olvidar absolutamente ninguna.

De inmediato, se presentan Munkir y Nakir bajo una apariencia que produce temor. Nos preguntan sobre nuestra religión, nuestro profeta, nuestro libro, nuestra qibla. Si la respuesta es satisfactoria, la tumba se nos vuelve enorme y confortable. Todas las mañanas y tardes se les muestra nuestro próximo lugar en el Paraíso.

Llega entonces el día del levantamiento y nuestros cuerpos serán vueltos a formar a partir del cóccix. Los musulmanes saldremos vestidos con el lienzo mortuorio, mientras que los demás saldrán desnudos, tal y como vinieron al mundo.

Se nos reunirá a todos en el mismo lugar. Toda la Humanidad sin que nadie falte.

Muchos no verán sus obras pesadas en la Balanza. Ellos son los verdaderos creyentes, que ya, aun a pesar de que sus cuerpos se encuentren en sus tumbas, sus almas estarán habitando en el Paraíso; pues para ellos no habrá espera en la tumba. Directamente, tal y como pasa con los mártires irán a su lugar definitivo. Aun así, ellos formarán parte de la asamblea el Día del levantamiento.

Algunos de estos saliḥun y verdaderos creyentes, tendrán la facultad de intercesión, otorgada por Allâh, y podrán salvar del Infierno, con el permiso de Allâh, a un número indeterminado de personas cada uno de ellos.

Peculiares encuentros ocurrirán durante todo ese tiempo que dure la presencia de la Humanidad delante de Allâh. Él se presentará bajo un velo para que todos sepan quién es el Señor en ese día definitivo.

Los réprobos irán al Fuego, y allí estarán toda una eternidad, salvo los musulmanes que saldrán un día gracias a sus dos testimonios, siempre que no hayan sido hipócritas o herejes.

En cuanto al puente del Sirat, que todos pasaremos, unos lo harán a la velocidad del relámpago, otros más despacio, y otros mucho más despacio, sufriendo lo indecible hasta que lleguen al final, si es que llegan; porque muchos caerán de él hasta las llamas que están debajo.

El mismo Infierno, encadenado, se presentará en el Día del juicio, tirado por una muchedumbre de ángeles y creando pavor. Tanto que Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – exclamará:

Señor, mi Umma”.

Mientras que Jesús, sobre él la paz – dirá:

Señor, mi madre

Se abrirán las puertas del Paraíso y cada uno irá a su lugar. Los profetas, sus compañeros, los verdaderos creyentes, los mártires, los justos y piadosos, irán a los más altos estadios del paraíso.

Seguidamente los que cumplieron con los mandatos divinos, y después por último los perdonados. Los de los paraísos inferiores verán a los que estén en los inmediatamente superiores como ahora vemos las estrellas en el cielo.

Los habitantes del Firdaws, cuyo lugar más elevado recibe el nombre de Iliyyun, verán a Allâh y estarán plenos de conocimiento y de dicha ante el Señor de los mundos. Él les tuvo en vida en la más elevada consideración, y ahora les cuida en Su Santa Presencia.

Hermano/a, no te inhibas de pensar en la muerte. Puede ser que hacerlo te cambie la vida y seas consciente de que este mundo es un lugar de paso, en el que estamos durante un tiempo corto. La verdadera vida, la eterna, es la del Ajira. Sé que lo sabes; pero aún te queda plasmar ese conocimiento en los actos de tu vida, y en lo más profundo de tu corazón.