10 octubre 2026
Corán

El viaje después de la muerte – La estadía en la tumba y el levantamiento

Abdessalam Ortiz

El viaje después de la muerte – La estadía en la tumba y el levantamiento

En el capítulo anterior de El viaje después de la muerte vimos el entierro y la llegada del ángel Román, quien nos pidió escribir todas nuestras obras. Y ahora damos paso a los interrogadores Munkir y Nakir.

Su apariencia es terrorífica. Se presentan ante nosotros con una barra de metal que traspasa en altura lo que podemos observar de los cielos.

Y seguidamente nos preguntan cinco cosas: ¿Quién es tu Señor? – ¿Quién es tu profeta? – ¿Cuál es tu libro? – ¿Y tu Din? – ¿Cuál es tu quibla?

A los afortunados Allâh les facilita dar las buenas respuestas; mientras que los réprobos no pueden responder adecuadamente a todas o a alguna de ellas.

Nos ha sido relatado que sayyidinâ ˤAlî – que Allâh ennoblezca su rostro – primo del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – , esposo de Fatima Sahra y padre de los príncipes del Paraíso (Hassan y Hussain) nos hizo saber que cuando Umar – que Allâh esté satisfecho de todos ellos – fue interrogado por Munkir y Nakir, respondiendo a las preguntas, les interrogó a ellos dos a su vez con las mismas y en el mismo tono en el que ellos lo hicieron con él. Recordemos que el carácter de Umar al Jattab era tan fuerte que hasta el propio diablo que todos tenemos asignado, se cruzaba de acera en la calle por miedo de encontrarse con él.

Al finalizar este corto interrogatorio, si las respuestas son las adecuadas, los mismos Munkir y Nakir extienden la tumba del fallecido y se le lleva a una bóveda extensa en la que se abre una puerta desde la cual se puede observar el lugar que les corresponde en el Paraíso. Esto ocurre cuando la persona es de los puros y cercanos a Allâh.

Cuando el fallecido es de los afortunados, pero no es de los próximos a Allâh, aparte de la puerta que da acceso visual al Paraíso, se le abre otra desde la que se puede observar el Infierno; no obstante, esta apertura es de forma provisional. Se le dice que ese debería ser el lugar que la habría correspondido si Allâh no le hubiera agraciado; y después de esto se cierra esa puerta.

Cuando se trata de un réprobo, los ángeles le golpean con esa barra de hierro que hemos comentado, tanto y con tanta intensidad, que si pudiéramos escuchar sus gritos podríamos caer muertos al instante. Únicamente los animales y los genios pueden escucharles.

Ahora bien, esto es solamente un aspecto de los múltiples escenarios que se pueden dar en ese momento. Lo que acabamos de decir se corresponde únicamente con una vista general. No obstante, las realidades y variantes son múltiples, y varían mucho de unos a otros.

Una noche pude soñar que mi madre, fallecida tres meses antes, estaba en esa cúpula mencionada, que era enormemente extensa, como lo son aquellas naves en las que se suelen guardar los grandes aviones.

Tenía como un despacho con dos ordenadores. De repente, se levanta y abre una puerta que daba acceso al féretro de su madre. Esta no estaba siendo castigada, pero si estaba molesta en su pequeño ataúd, quejándose a mi madre de ello. Entonces mi madre la dijo: “Madre; no puedo hacer nada por ti; estoy en el Paraíso por dos palabras que pronuncié”.

Esas molestias que soportaba mi abuela, que murió siendo cristiana, da una imagen de que la variedad de situaciones en las que se puede encontrar alguien después de la muerte es extensa, y, en cierta manera, individualizada.

Asimismo, un día soñé con un compañero antiguo de trabajo que se había comportado muy bien conmigo. Estaba vestido con una túnica blanca, mientras dos ángeles le estaban cavando su tumba. Asustado, me dijo: “José Luis; pide a Allâh que me perdone y que no me castigue”. Entonces le vi en el Infierno; pero en un embolsamiento de él, separado de aquél en el que se da el tormento. Allí donde él fue, la gente estaba en paz, cómodamente y no recibían castigo alguno.

Estando preocupado por la suerte de nuestro hermano Mansur Escudero – que Allâh lo tenga en Su misericordia – le vi en sueños que me decía: “Abdul Karim; ven que te voy a enseñar mi casa”. Entonces, él me mostró una casa inmensa, pero vieja. Él se encontraba bien allí.

Pude ver en sueños, asimismo la cabeza de Abdennur Coca, colgada en una tienda de guerra, hablándome y diciendo: “Abdul Karim; no estoy muerto; estoy vivo”. Había muerto martirizado, según opinaba su amigo Mansur Escudero que era médico.

Como veis, en todo el tiempo que llevo con vosotros en redes sociales y en mis sitios web, casi nunca he relatado mis visiones. Fueron y son tantas, que haberlo hecho podría haber rellenado una enciclopedia de varios tomos. Pero esto corresponde al secreto con mi Señor, y si he relatado algunas, como lo he hecho ahora, es porque están relacionadas con terceros.

Digo todo esto para que os hagais una idea de que la vida después de la muerte, y el tratamiento de las almas en ella, es variado, incomprensible y sobre todo individualizado, aunque esa individualización pueda acoger a muchas almas juntas debido a la afinidad que en la tierra tenían unas con otras.

Sí podemos asegurar que, en global, entre los afortunados, existen cuatro clases de personas con respecto a su estadía en la tumba:

Los primeros quedan adormecidos en la tumba hasta que su alma vuela y se dispone a viajar por la bóveda del cielo inferior.

Otros quedan dormidos en sus tumbas hasta que suena la trompeta que avisa de la asamblea del Último día.

Los terceros dormirán en las tumbas durante pocos meses y de seguido irán al Paraíso donde sus almas serán una de las aves de este lugar.

En cuanto a los cuartos, ellos serán los profetas y los awliyya. Ellos pueden escoger entre los siete cielos y la tierra. Algunos escogerán estar en un lugar determinado, tal como Ibrâhîm que se encuentra en el séptimo cielo junto a la Casa frecuentada (Bayt al Ma’mur).

Otros, tal y como Abu Bakr, y Umar decidirán estar un poco por todas partes. Es por eso que, sobre todo durante la noche, alguna gente ha tenido encuentros con ellos o con los ‘awliyya que se presentan bajo diferentes formas a las corporales que ostentaban en este mundo.

Sea como sea, el Día del Levantamiento les parecerá a todos que han estado en la tumba una sola tarde. Tal es la diferencia entre el paso del tiempo en este mundo y su homólogo en el más allá.

En cuento a los réprobos sus propias obras les proporcionarán el catigo en la tumba. A unos, sus obras se les aparecerán como perros de presa o cerdos que les devorarán de manera inmisericorde. A los suicidas, tanto en la tumba como en el Infierno, les estará destinado suicidarse continuamente de la misma manera que lo hicieron en la tierra.

Está terminantemente prohibido rezar sobre las tumbas. No cerca de las tumbas, que eso no está prohibido, sino sobre ellas o rozándolas. Esto molesta enormemente a los fallecidos.

Otra cosa que debemos saber es que algunos se aparecen en las casas a sus familiares porque hayan dejado asuntos cruciales sin resolver, como son las deudas. Se dio el caso de un hombre que, apareciéndose a su hijo le dijo: “Hijo, ve a Fulano y devuélvele tal y tal cosa; ve a este otro y dale esto otro, etc.

Una vez que llega el día fijado, los ángeles tocan la trompeta. Los cuerpos se conforman nuevamente a partir del coxis, guardando el mismo aspecto que tenían antes de la muerte. El joven, joven; el viejo, viejo, etc.

Cada uno se sentará al borde de su tumba. Solamente los musulmanes se encontrarán vestidos. Y lo estarán con el sudario en el que fueron envueltos el día de su entierro.

Iremos al lugar de la Asamblea, cada uno en su propia montura. La montura será nuestras propias obras. Unos dispondrán de una montura para ellos solos, pues sus obras habrán sido buenas y numerosas. Otros no tendrán suficiente para poseer una montura propia y deberán compartirla con otros que se encuentran en su misma condición.

Y así, cuando lleguemos, nos encontraremos ante una llanura amplísima y llana, pues ya las montañas habrán sido convertidas en polvo.

Es entonces que se procederá a la asamblea de absolutamente toda la Humanidad. Todos los que pasaron y murieron, los de nuestra época y los que vendrán después. Buenos y malos; creyentes y descreídos; hombres y mujeres; profetas, santos y mártires.

Y entonces…

Continuaremos en el próximo escrito de El viaje después de la muerte

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