15 octubre 2026
Nuevos Musulmanes

El viaje después de la muerte II – El entierro; la estancia en la tumba

Abdul Karim Mullor

El viaje después de la muerte II – El entierro; la estancia en la tumba

Como hemos dicho anteriormente, en el primer escrito sobre el viaje después de la muerte, el fallecido es llevado por los siete cielos y posteriormente se le retorna al lugar de la muerte; mientras que el réprobo es humillado vagando su alma al vaivén de los vientos, estándole prohibido entrar en ninguno de los cielos, pues es detestado por los ángeles que los custodian.

Llega entonces el momento inmediato a la muerte. Mientras el cuerpo, aunque pasivo, conserva por algunas horas las últimas de sus facultades[1], el alma[2] espera junto a él para darle acompañamiento.

El lavado

Se lava el cuerpo como si se estuviera haciendo el gusl (ablución mayor), procediendo con mucho cuidado para no dañarle. Dice la tradición profética que si se le presiona inadecuadamente puede sufrir un gran daño. Asimismo, hay que evitar los lloros excesivos, de los que el Profeta – ˤalayhi-ṣ-ṣalatu wa-s-salam – ha dicho perjudican al fallecido en gran manera.

Dijo, el sello de los profetas – sobre él la plegaria y la paz- con respecto a la seriedad de esos momentos que estamos relatando:

Si supierais lo que yo sé, reiríais poco y lloraríais mucho, y nunca encontraríais los alimentos fáciles de digerir.

(De Abu Ḍahr, recopilado por Al-Ḥakim)

Y dijo – sobre él la plegaria y la paz- con respecto a las lágrimas derramadas por el fallecido:

¿No sabéis que Allâh no castigará a causa de las lágrimas que inundan los ojos, y a causa de la tristeza del corazón, pero si castigará o será indulgente a causa del uso de la lengua? El muerto también será castigado a causa de las lágrimas que su familia habrá vertido deplorando su muerte. (De Ibn Umar, recopilado por Al-Bujari y Muslim).

El lavado es siempre realizado por personas del mismo sexo que el fallecido. Posteriormente, se le envuelve en un lienzo blanco, idéntico a aquel con el que se hace el Ḥaŷŷ o la ‘Umra dejando únicamente su rostro al descubierto.

La plegaria mortuoria (Ṣalat Ŷanaza)

El Profeta anima a no esperar mucho tiempo desde que ocurre el fallecimiento hasta que se procede al entierro. Si muere por la tarde[3] o por la noche es necesario proceder al enterramiento a la mañana siguiente[4]. Mientras que si fallece de madrugada o por la mañana se procede al entierro después del ṣalat del Aṣr.

Se le da el último adiós mediante una plegaria en común específica llamada “Ṣalat Ŷanaza”. Aquí, entre otros tipos de ṣalawat[5], podéis ver como ejecutarla.

Cuando, por alguna razón se dilata el entierro, entonces es recomendable realizarla en el mejor momento[6].

El cortejo

A la salida de la mezquita se establece el cortejo fúnebre. Es entonces altamente recomendable acompañar el cuerpo hasta el cementerio.

La gente del cortejo proclama entonces la unidad de Allâh y la profecía del Muḥammad con cánticos al efecto, pues dijo el Profeta:

“Durante los entierros, decid frecuentemente: « La ilaha illa-l-Lah”. (Daylami – Kanz 42578)

Otro hadiz dice: “Proveed de suministros a vuestros muertos diciendo: “La ilaha illa-l-Lah” (Kanz 42579)

Nada impide entonces que se añada a esta expresión del Tawhid la testificación de la profecía de Muḥammad. Solamente los enfermos del corazón pueden prohibir expresar la Šahada en esos momentos tan delicados y solemnes.

Pero no hablemos más de la gente del mal, tratando siempre de expresarnos en positivo, tal y como se ha de proceder cuando hablamos de las maravillas del Din del Islâm.

Durante el trayecto, aquellos que no acompañen al cortejo, y únicamente lo vean transitar, han de levantarse en señal de respeto y de profunda consideración a esos momentos vitales.

Mụammad – ˤalayhi-ṣ-ṣalatu wa-s-salam – se encontraba sentado y se puso de pie al ver pasar el cortejo fúnebre de un judío. Los compañeros, extrañados, le objetaron diciendo que se trataba del entierro de un judío, queriendo decir que no merecía tal miramiento. A esto, él respondió:

¿Acaso no se trata de un alma?

Mientras es transportado, el fallecido, si es de los afortunados, dice:

¡Vamos, más rápido; llevadme pronto a mi destino, apresuraos!

Mientras que el réprobo expresa:

¡¿Dónde vais tan rápido? ¿No sabéis lo que me espera?!

Pues es necesario saber que la Sunna exige de nosotros que se transporte el féretro de manera rápida, a paso ligero. Dice el Profeta:

Transportad el féretro con rapidez y proceded pronto al entierro, pues si es un agraciado ha de llegar lo antes posible a su lugar de reposo, mientras que si es un réprobo haréis bien en sacar lo antes de este mundo a una desgracia como él es.

El entierro

Y entonces se procede a depositar el cuerpo en la tumba, de lado, con el rostro mirando hacia la qibla. Cuando la tierra comienza a ser vertida sobre él, ella, la tierra, dice:

Y ahora, tú que tanto gozabas en este mundo ¿olvidaste que eres mío y tengo el derecho de tragarte y de hacer que te pudras?

No obstante, tanto los profetas como los puros, ellos no verán que su cuerpo se pudre. Pues, por un lado, hay un hadiz que dice que la tierra no tiene derecho a degradar el cuerpo de los profetas; así como, muchos de nosotros, entre quienes yo me encuentro, hemos observado como la tierra no degrada los cuerpos de personas que han llevado una vida de santidad.

Es entonces que es recomendable recitar la surat Ya Sin y hacer duas por el fallecido.

Es en ese momento que el cuerpo pierde todas sus facultades, pues lo último que hace es escuchar los pasos de los que asistieron a su entierro alejándose del lugar.

Entonces, llegan esos segundos de soledad. Son pocos, ¡no temed!

Aparece el ángel Román

Dice el Profeta que lo primero que vamos a encontrar en nuestra tumba es un ángel llamado Román que se presenta ante nosotros diciendo, después de saludar amablemente:

Vas a escribirme todas tus obras.

El muerto responde: No tengo papel ni tinta.

Román dice: Corta un trozo de tu lienzo, y escribe en él con tu saliva.

El fallecido entonces escribe absolutamente todo cuanto hizo en vida, bueno o malo, sin olvidar absolutamente nada.

Si el fallecido es de los agraciados, Román le dice:

Van a venir dos personajes que dan miedo a interrogarte. No tengas miedo, no te van a dañar porque responderás adecuadamente.

Munkir y Nakir

Es entonces que se presentan Munkir y Nakir a interrogar al fallecido…

Y aquí terminamos por hoy. Continuaremos con la estancia en la tumba y sus modalidades, las cuales serán múltiples, e irán en función del estatus de cada fallecido.


[1] Una prueba de esto es que se han de cerrar los ojos al fallecido para evitar que observen la salida del alma.

[2] Dijimos en el anterior escrito que no se trata del Nafs, sino del Ruh.

[3] Al momento del salat al Asr o después.

[4] Es muy corriente en Marruecos escuchar la llamada a la plegaria a la hora del Doha; es decir entre una hora que va desde media hora después de la salida del Sol hasta un tiempo antes del salat del Dohr plegaria delMediodía.

[5] Plural de ṣalat (plegaria).

[6] Por ejemplo, mi madre falleció en Bélgica en la madrugada de un miércoles a un jueves, e hubimos de esperar a los trámites de repatriación hacia España. El ṣalat Ŷanaza se realizó en la mezquita inmediatamente después del ṣalat al Ŷumuˤa (plegaria del Viernes).

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