El tiempo en Ibn Arabi II – Fernando Mora
Al igual que los días de Allāh, correspondientes a los siete días de la Creación, siete son los nombres fundamentales de la existencia en torno a los cuales gira la manifestación de los efectos del resto de nombres y cualidades divinas, a saber: Vida (ḥayāt), Conocimiento (ʿilm), Poder (qudra), Voluntad (irāda), Escucha (samʾ), Visión (basar) y Palabra (kalām). El Šayj subraya entonces que, en relación a su nombre el «Tiempo», Dios es un único «día» sin principio ni fin, sin noche ni día, si bien las propiedades de los nombres y atributos de Dios dividen este «día» único en diferentes jornadas, y estas son los «Días de Dios» mencionados, por ejemplo, en la aleya coránica: «Enviamos a Moisés con Nuestros signos: “¡Saca a tu pueblo de las sombras a la luz y recuérdales los Días de Dios!”» (14:5).
Ibn ʿArabī también menciona que el proceso de creación del mundo por parte de Allāh a lo largo de seis días, de domingo a viernes, se corresponde con la creación de las «seis direcciones» del espacio (delante-detrás, derecha-izquierda, arriba-debajo), así como con la aparición del tiempo, durante el séptimo día o sábado. De ese modo pues, la semana de la que hablamos es la unidad espacio-temporal fundamental que contiene al mundo. Resulta obvio que esta concepción de la ligazón –o relatividad– de espacio y tiempo no sólo es novedosa en la historia del pensamiento, sino que no hallará su plena plasmación hasta la aparición, muchos siglos después, de la física moderna.
Como decimos, Ibn ʿArabī subraya que todo cuanto existe en el mundo está basado en atributos divinos (específicos) y, más en concreto, en los siete nombres raíces ya mencionados. Estos nombres resultan indispensables para explicar la existencia y el funcionamiento del cosmos. Y señala en ese sentido:
«Debido a que Allāh (quien es descrito mediante siete atributos fundamentales) crea el mundo según su propia imagen […] los días han de ser siete a causa de estos atributos y sus reglas, de manera que el cosmos también está dotado de vida, conocimiento, poder, voluntad, escucha, visión y palabra. Así pues, el movimiento del) día del domingo procede del atributo de la escucha… y el movimiento del lunes procede del atributo de la Vida… y el movimiento del martes del atributo de la Visión… y el movimiento del miércoles del atributo de la Voluntad… y el movimiento del jueves del atributo del Poder… y el movimiento del viernes del atributo del Conocimiento… y el movimiento del sábado del atributo de la Palabra».
De acuerdo con el Šayj, existen tres tipos de días: días «sucesivos», días «desligados» y días «entretejidos». La noción de estos dos últimos tipos de día («desligados» y «entretejidos») apunta a una concepción exclusiva del tiempo que al parecer sólo ha sido expuesta por el Šayj. Así pues, ateniéndose, como es habitual en nuestro autor, a distintas referencias coránicas, pasa a describir estos tres tipos de día con el objetivo de desentrañar la compleja naturaleza del flujo del tiempo.
En el Corán leemos: «Ha creado los cielos y la tierra a través de lo Real. Él hace que la noche rodee al día y que el día rodee a la noche, y ha sujetado el Sol y la Luna, prosiguiendo cada uno su curso hacia un término fijo. ¿No es Él el Poderoso, el Indulgente?» (39:5). La anterior referencia alude al tipo de día más común de los referidos, siendo este el día computado normalmente por los seres humanos, puesto que en su curso cada mañana sucede de manera habitual a su noche y viceversa. Ibn ʿArabī denomina a este tipo de día «cíclico» o «sucesivo» (yawm al takwīr), estando constituido por una sucesión continua de noches y días, insertos en la pauta general brindada por la semana, y porque en él la noche sigue al día y el día a la noche de un modo que se asemeja a un círculo. Leemos de nuevo en el Corán: «Realmente vuestro Señor es Allāh, quien creó los cielos y la tierra en seis días, luego se sentó en el Trono. La noche cubre al día que le sigue rápidamente y el sol, la luna y las estrellas están, por su Orden, sometidas. ¿Acaso no Le pertenecen la Orden y la creación? Bendito sea Allāh, el Señor de los mundos» (7:54).
El verbo árabe yugšī utilizado en esta aleya, y traducido como «cubrir», también significa «abrazar», siendo un término que se aplica en especial a la circunstancia del matrimonio. Ibn ʿArabī señala que la situación es como si el día y la noche se buscasen porque desean «casarse» para procrear hijos, por lo que tanto nosotros como todas las entidades que pueblan el mundo somos la «descendencia» del día y de la noche. Este tipo de «matrimonio abstracto» es un concepto fundamental en las enseñanzas cosmológicas del Šayj, aludiendo además al hecho de que la causa primaria del movimiento en la creación es el amor.
El segundo tipo de día –el día desligado– tiene como lema otra de las referencias coránicas de las que se sirve nuestro autor para exponer las distintas categorías de días y noches. Ydice así: «Y tienen un signo en la noche, cuando hacemos desaparecer la luz del día y quedan a oscuras» (36:37). Para Ibn ʿArabī, estas palabras denotan que el día es cubierto por la noche, y luego desligado o extraído de la oscuridad, siendo esta una vestidura que cubre al día, el cual yace oculto en el seno de la noche. Allāh saca al día del vestido –o de la piel– de la noche, de manera que podemos colegir que el cosmos o la manifestación transita de modo similar desde la dimensión invisible y nocturna de la existencia potencial a la dimensión visible, luminosa y diurna de la existencia actual. No obstante, el Šayj señala que el Libro sagrado no precisa qué día concreto es extraído de cuál noche, por lo que este particular ha de ser glosado, pues cada día no es extraído de la noche que le correspondería de manera ordinaria y sucesiva, sino que debemos descubrir por nosotros mismos la relación correcta entre cada día y su noche correspondiente.
Porque no ocurre, como podríamos suponer que cada día, del que somos testigos de la manera ordinaria, es extraído de su noche habitual, sino que tenemos que colegir la genuina relación entre cada día y la noche que le pertenece, una relación –sostiene Ibn ʿArabī– que se basa en la primera hora del día y la primera hora de la noche, puesto que cada una de las horas del día y de la noche está regida por uno de los cinco planetas principales (mercurio, venus, marte, júpiter, saturno), además del Sol y la Luna. Así pues, cada día porta el nombre del planeta que rige la primera hora del mismo. Por ejemplo, la primera hora del domingo está regida por el Sol, y por eso este día se denomina de ese modo (tanto en inglés como en otros idiomas); asimismo, el lunes es el día de la Luna, el martes el día de marte, etcétera. En árabe, sin embargo, los nombres de los días de la semana no tienen relación directa con los nombres de los planetas que los rigen, pero esta conexión sigue siendo un principio básico en la visión del tiempo expuesta por el Šayj.
Debemos entonces asignar a cada noche el día que en realidad le corresponde, de manera que estemos en condiciones de entender cuál es el significado exacto de las palabras coránicas que nos indican que el día es extraído de la noche. La causa de esta disposición de los días y las noches viene dada por la estructura del espacio-tiempo, es decir, por la existencia de tres dimensiones espaciales -ancho, largo (profundo) y alto–, de manera que debemos contar de tres en tres los días para averiguar el día correspondiente a cada noche. Por su parte, la dimensión temporal se corresponde con el conjunto de los días de la semana creativa.
Entonces hay tres días entre cada día y la noche que le sirve de pareja. Por supuesto, normalmente la semana terrenal observable se desarrollará a partir del comienzo de la noche del domingo, luego el día del domingo, luego el lunes por la noche, luego el lunes por el día, etcétera. Estos son los días normales o «sucesivos». Sin embargo, aunque los días «extraídos» comienzan en el principio de la noche del domingo, obvian los tres días y tres noches siguientes, saltando hasta el miércoles, y así ocurre sucesivamente con cada uno de los días de la semana.
Ibn ʿArabī expone que los diferentes días y noches son «padres» y «madres», respectivamente, de todo cuanto Allāh crea en el transcurso de cada uno de ellos. Lo que acaece durante el día es un «hijo» cuyo padre es la noche y cuya madre es el día, mientras que lo ocurrido durante la noche es un hijo cuyo padre es el día y cuya madre es la noche. Como reza el Corán: «Hace que la noche entre (yûliju) en el día, y que el día entre en la noche» (57:6). En ese sentido, se produce una suerte de «matrimonio» abstracto y generativo entre día y noche, donde ambos intercambian, dependiendo del momento, sus papeles parentales de padres a madres y viceversa.
Y en el capítulo 302 de al-Futūḥāt al-makkiyya, explica de qué manera el proceso de desligamiento del día respecto de la noche es idéntico al proceso consistente en extraer el mundo desde la oscuridad de la inexistencia a la «luz» de la existencia. Y manifiesta en relación con ello:
«Hemos mencionado que el mundo estaba oculto en lo Invisible (absoluto) de (la presciencia de) Allāh, y que este Invisible era como la sombra de una persona. Así pues, si se extrae algo de la totalidad de esa sombra, saldrá a imagen de la sombra, igual que esa sombra es en sí misma a imagen de aquello de lo que es sombra. El resultado de lo que se extrae de dicha sombra se halla en la imagen de la persona. ¿No ves que la luz (del día) es lo que aparece cuando se extrae el día de la noche? Las cosas que estaban ocultas en la noche (de lo divino “Invisible”) aparecen debido a la luz del día. Por lo tanto, el día no se parece a la noche, sino que se parece a la luz, por la aparición de esas cosas a través de esta. La noche era la sombra de la Luz (divina), y el día, cuando es sacado de la noche, emerge a imagen de esa Luz. Del mismo modo, el mundo al emerger de lo Invisible, surge a imagen del mundo (presente en) lo Invisible, como ya hemos señalado».
Por último, en lo que concierne al tercer tipo de día –el día entrelazado–el Šayj llama nuestra atención sobre el hecho de que Allāh manifiesta en el Corán lo siguiente: «Cada día Él está en una nueva obra» (55:29). Dado que la cita coránica no se refiere a una pluralidad de obras, sino que designa una sola tarea o acontecimiento, Ibn ʿArabī deduce que cada día divino debe estar presidido por una sola tarea, si bien este no es el caso de los días normales o «sucesivos», como tampoco es el caso de los días «desligados», puesto que observamos que en el curso de cada uno de ellos acaecen distintos acontecimientos. «¿No ves que Dios hace que la noche entre en el día y que el día entre en la noche?» (31:29). Esta es la aleya que alude a este tercer tipo de día, en el que las horas de los respectivos días y noches se entretejen formando un intrincado tapiz temporal. Ibn ʿArabī sostiene que los días originales del «evento», en los que Allāh se describe a sí mismo señalando que «cada día está en una nueva obra», se hallan entrelazados (mutawālija, del verbo yūliju: «entrar en») con los «días sucesivos» de una manera muy precisa. El Šayj subraya que este ejemplo es sólo una aproximación, ya que se podría explicar este «entrelazamiento» en una escala menor que la proporcionada por las horas (por ejemplo, con los minutos y los segundos, o incluso a escala más pequeña). El asunto tal como lo describe ya es sumamente complejo, teniendo en cuenta solamente la división en 24 horas, aunque en la actualidad –comenta Mohamed Hajj Yousef, autor de varios libros en los que se aborda extensamente esta temática– es posible efectuar los cálculos correspondientes utilizando para ello un sofisticado programa informático. El tiempo designado por los días entrelazados constituye el flujo temporal más profundo.