13 abril 2024
Hadiz

El temor y el miedo – la esperanza y la exaltación

El temor y el miedo – la esperanza y la exaltación

El temor y el miedo

Cuando hablamos de Taqwa (temor reverencial de Allâh) o del Jawf (temor tembloroso de Allâh), debemos establecer una barrera entre ambos.

El Jawf es el miedo que nos alerta de una posible represalia divina en el caso de haber realizado un acto merecedor de reprobación, o simplemente de haber considerado hacerlo.

Taqwa es el sentimiento de que nos encontramos ante un Señor al que se le reconoce una entidad Soberana y Absoluta. Un Señor al que nada le es desconocido, que observa todo y que habita dentro de nuestro ser controlando cada parcela de nuestras vidas. Cuando se tiene este sentimiento en nuestro interior, y, en base a esto, uno actúa con plena consciencia de esa realidad, y además de ello, se teme no estar a la altura de lo que Allâh solicita de nosotros, entonces estamos hablando de temor reverencial (Taqwa).

En cuanto al miedo se refiere, éste es un sentimiento incontrolable que procede de nuestro nafs. Este miedo puede producirse por pensar en sufrir algo inesperado o desagradable. Puede tratarse de un temor a lo desconocido o a aquello que no podemos controlar.

El nafs vive y se alimenta del control y de la pasión. Ya hemos hablado en otras ocasiones del asunto de la pasión. De cómo el nafs desea todo el tiempo esto o lo otro, sin otro fin que el de darse satisfacción y contento.

Sin embargo, podemos decir que el apego más grande del nafs no es otro que el de controlar la situación en todo momento para sentirse lejos del sentimiento de impotencia. Es ahí donde nace el miedo a perder el control, sintiendo que podría ocurrir algo que la pusiera en una situación perentoria, sin resolución o de difícil solución.

Esto, de alguna manera, es el miedo a perder la posición de confort de la que disfruta, o simplemente el temor de acabar en una situación en la que se hayan de llevar a cabo acciones desagradables de cumplir que acaben con la rutina que amamos, y a la que estamos acostumbrados.

La esperanza y la exaltación

La Esperanza, cuando se trata de la que ponemos en Allâh, implica un reconocimiento de la Bondad y de la Misericordia divinas. Se recomienda que ella sea más fuerte que  el temor, ya que Allâh ha prometido hacer preceder Su Misericordia sobre Su Cólera.

Y cuando vengan a ti quienes creen en Nuestros signos, di: Paz con vosotros, vuestro Señor se ha prescrito a Sí mismo la misericordia. El que de vosotros haya hecho un mal por ignorancia y luego, después de ello, se vuelva atrás y rectifique…
Es cierto que Él es perdonador y Compasivo
. (6-54)

El posicionamiento del creyente es nítido si éste se encuentra en la buena vía. Queremos decir con esto, que el creyente, en su corazón y en sus acciones, tiene presente su intención sana de acercarse a Allâh a fin de amarle y adorarle como se merece.

Aún con este espíritu de sinceridad, él será consciente de su propia debilidad, la cual le lleva a cometer actos desafortunados. Sin embargo, esa confianza que tiene en la Misericordia y la Generosidad divinas le anima a abrigar esperanza de ser perdonado y reafirmado en su estatus. Él sabe que si comete algo que precise perdón, después de esta absolución, su estatus resultará incluso ser más elevado que aquel del que gozaba antes de cometer la torpeza.

La esperanza en Allâh pues, es una prueba de conocimiento del Creador. El creyente sabe que Allâh está con él siempre que su pensamiento y anhelos sean los del encuentro con Aquel que todo lo sabe y que todo lo comprende.

Es sencillo entonces, llegar a saber que la esperanza debe preceder al temor, y que éste, aunque necesario, no debe ir más allá de sus propios límites.

En cuanto a la exaltación se refiere, se trata de un defecto del nafs. Cuando a ella se le ofrece algo que estaba esperando desde hace tiempo, o simplemente que deseaba con mucha intensidad, ella tiene dos posibilidades de reacción.

Una de ellas es la de dar gracias a Allâh, bajar el ala y tomarse el don recibido con un profundo sentimiento de reconocimiento. O bien ella muestra exaltación por encontrarse saciada en sus deseos.

Es pues la exaltación una muestra febril de alegría exagerada; una prueba fidedigna de que nuestro nafs anhela verse colmada de sus deseos. Cuando un caminante del conocimiento observa esto en su propio ser, puede sacar beneficio si observa con cautela su propio comportamiento, lo analiza y trata de que este episodio no vuelva a manifestarse.

Lo hemos dicho en otras ocasiones; a veces el nafs muestra su verdadera cara saliendo a la superficie. En casos como este, sabemos dónde está, qué pretende y cómo es. Si somos inteligentes, y sabemos sacar partido de esta situación, entonces habremos triunfado sobre ella; o al menos habremos ganado una batalla crucial.

El nafs es como una cebolla; le quitas una capa y aparece otra. Nadie la puede hacer morir ni claudicar sino Aquel que da la Victoria en todas las batallas santas.

Porque hermanos/as, quien ha vencido al nafs es como si hubiera combatido en Badr junto a Rasûl – sobre él la plegaria y la paz – y los compañeros – que Allâh esté satisfecho de ellos -.