El Tasawwuf y los primeros tiempos del Islam

A-s-salamu ˤalaykum

La idea de que el Tasawwuf es una doctrina nueva añadida al Islam y adaptada a él es descabellada. Argumentar algo semejante es propio de gentes que, por el motivo que fuere, no han comprendido del Islam ni tan siquiera una décima parte. Las fuentes históricas presentes en la Sira del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – son tan precisas que intentar cambiarlas solamente puede ser calificado como un acto de deslealtad.

Si ya el Corán nos hace ver claramente que la Ciencia de Allâh es tan grande que el mismo sayyidina Mûsâ – sobre él la paz – hubo de ir a buscarla, aun a pesar de, que como dice el Libro sagrado en la Surat de la Caverna, que ello podría llevarle a realizar un viaje de meses hasta la confluencia de los dos mares; entonces por pura coherencia no podemos argumentar que a Muhammad – sobre él la plegaria y la paz – , siendo el más sabio de los humanos por excelencia, no conociera esta ciencia; y mucho menos que no la enseñara.

La Revelación descendió con el Tawhid, es decir, lo primero que fue revelado al Profeta, además de su condición de Enviado, fue la adoración total y profunda a Allâh, Señor de los mundos.

Los únicos preceptos que se dieron a los musulmanes en la época mekí fueron los de cómo rezar y los de cómo comportarse en sociedad, poniendo en evidencia, no únicamente la adoración a Allâh sin asociados, sino su contacto con El a través de la plegaria y el comportamiento honesto y correcto hacia los semejantes ; siendo éste, de alguna manera una extensión de la Rahma (Misericordia) con la que Allâh ha enviado a nuestro profeta. Estos son pues los valores doctrinales y éticos del Tasawwuf, ni más ni menos.

Los primeros musulmanes, cuando Arkam – que Allâh esté satisfecho de él – les cedió su casa para reunirse, no comentaban sobre el Haram y el Halal como no hacen de otra manera gran parte de los musulmanes, sino sobre las relaciones del servidor con su Señor, sobre los Nombres Divinos, sobre la Unidad de Allâh, sobre la servidumbre del ser humano hacia El, la purificación, los valores éticos y morales, las virtudes humanas, el conocimiento. Los primeros versículos del Corán hablaban de Ultimo Día, de la grandeza Divina, de la servidumbre del ser Humano ; es decir, de lo que realmente es básico en la adoración.

Résulta inconcebible pensar que en la época de Meca los musulmanes, además del salat, no tuvieran otros medios para invocar a Allâh, para sentir Su Presencia, habida cuenta de que fueron un grupo de los primeros musulmanes quienes debieron prepararse adecuadamente para enseñar a quienes estaban por venir.

Cuando el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – envió a los primeros emigrantes a Abisinia con Jafar no los dejó « a la buena de Dios », sino que ellos estaban ya preparados para ejercer y enseñar a otros. Era una época en la que los preceptos legales no habían aún sido revelados ni en su mitad. Estos preceptos se irían añadiendo a las primeras prácticas de forma natural, puesto que las bases sobre las que debían edificarse estaban ya bien cimentadas con las enseñanzas y revelaciones de los primeros tiempos.

En toda evidencia los primeros musulmanes no ayunaban en Ramadán, pues el primer ayuno tuvo lugar en Madina. Resulta simple comprender que los primeros musulmanes bastante preocupados estaban con la perentoria situación que vivían en Meca como para abrumarse con las obligaciones propias de una vida normal con sus facilidades y limitaciones. Asimismo el Zakat difícilmente podía ser cumplido cuando la vida social se encontraba alterada, un día sí y otro también, por los continuos ataques de los que los musulmanes eran blanco de parte de los idólatras. Es así que de los Cinco pilares del Islam el único que se realizaba era el del salat, así como la renovación diaria de las dos šahadas, repetidas un avez y otra por todos los musulmanes.

Esta práctica pura, este retorno a la religión abrahámica, es lo que caracterizó al Islam de los primeros tiempos, pues ella es el cimiento sobre el cual debe ser establecida cada norma legal y cada precepto, los cuales encuentran justa acogida cuando las bases sobre las que se soportan se encuentran sólidamente enraizadas.

No podemos rezar sin humildad, ni dar el Zakat sin sentido de la generosidad, ni ayunar sin ardor y amor en el corazón. No podemos privarnos de lo prohibido sin amor a Allâh, ni realizar lo obligatorio sin sentido de la sumisión ; ni repartir equitativamente las herencias sin honradez ; pues es sobre los cimientos que se edifican los edificios. Más solidos son aquellos, tanto más podremos elevar el edificio de las obras y de la Fé.

Es así pues, que el Tasawwuf, que hoy por hoy casi nadie conoce, no constituye otra cosa que las bases de la adoración ; el retorno a la pureza de la religión abrahámica en todo su esplendor, constituyendo entonces las bases del Tawhid, de la purificación interior y del embellecimiento del carácter, para, de esta manera ; acercarnos a Allâh y conocerLe ; y ello no puede ser hecho sin haber purificado nuestro corazón, despejando los espesos velos que nuestra alma nos impone con sus caprichos, veleidades, silogismos y olvido de Allâh.

Es entonces que habiendo realizado la limpieza de nuestro interior nuestra alma puede oir de parte de nuestro Señor :

Entra en Mi Paraíso aceptable y aceptada