15 octubre 2026
Sufismo

El Sufismo no se asemeja a otras doctrinas

Abdul Karim Mullor

El Sufismo no se asemeja a otras doctrinas

Llevo un tiempo considerando escribir sobre este asunto. En cierta medida porque se trata de exponer un error en el que yo mismo me encontré envuelto en mis tres primeros años de Islâm.

Y aunque de ello hayan pasado ya más de cuarenta años, para ser consecuente con la realidad personal de cada cual, no escribo, ni mucho menos, a fin de lanzar crítica alguna, sino con la finalidad de tratar de subsanar un error.

He escrito ya, por activa y por pasiva, contrariamente a la idea de que cualquier religión es válida para acercarse a Allâh. He dicho y reitero que esta es la base teórica para una posible deserción del Islâm. Pues si todas las creencias son válidas, ¿qué impidería dejar una y seguir la otra?

La gran mayoría de los que se encuentran a favor de dicho argumento no han dejado el Islâm debido a una misericordia Divina que se lo ha impedido.

Desde que llegó Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – todas las anteriores creencias, unas válidas, otras no, han sido abrogadas. Y para quien argumente, por ejemplo, diciendo que el Šayj al Akbar (Muhiyyuddin Ibn ˤArabi) sugería lo contrario, he aquí sus propios pensamientos al efecto:

«Todas las religiones reveladas ( shara’i ‘ ) son las luces. Entre estas religiones, la religión revelada por Muhammad es como la luz del sol entre las luces de las estrellas. Cuando el sol aparece, las luces de las estrellas se ocultan, y sus luces se absorben en la luz del sol. Su ser está oculto, así como la derogación de las otras religiones, se llevó a cabo a través de la religión revelada por Muhammad». ( ibn ´Arabi» [ al-Futuhat al-Makkiyya ,] III 153,12 [16])».

Espero que después de saber esto, nadie se acoja a Ibn ˤArabi para demostrar su tesis. Bueno, a decir mejor, no “su tesis” sino “la tesis”. Pues, tal y como hemos dicho en otras ocasiones, el ideario de que todas la religiones son válidas no es otro que el ideal masón. Es la Masonería la versión moderna de la doctrina de Harut y Marut contra la que nos pone en guardia el Corán.

El retintín de Juan de la Cruz y Teresa

Sinceramente, me causa estupor y aburrimiento cuando escucho a personas que hablan de Sufismo, o que dicen ser sufís o enseñar Sufismo, comparar las enseñanzas sufís con las figuras bien publicitadas de Juan de la Cruz y de Teresa de Avila. He de decir que en verdad no entiendo que tienen que ver estos dos personajes con el Sufismo.

Hay que decir que el Sufismo no es una mística. Es una doctrina de lo Real y nunca de lo personal. La mística posee tintes muy personales y releva del alma (Nafs) y no del Espíritu (Ruḥ).

El sufí cree que hay un Solo Dios, Único y sin asociados; mientras que Juan y Teresa creían que Jesús es Dios. Si el Sufismo es acercarse a Allâh ¿cómo compararlo con lo que practicaban aquellos que decían que alguien creado goza de Divinidad?

¿Acaso no sabemos cómo considera Allâh que se haga de Jesús un dios y de su madre, la Virgen, madre de Dios?

Realmente han caído en incredulidad quienes dicen: Allah es el Ungido, hijo de Maryam. Cuando fue el Ungido quien dijo a los hijos de Israel: ¡Adorad a Allah! Mi Señor y el vuestro.
Quien asocie algo con Allah, Allah le vedará el Jardín y su refugio será el Fuego. No hay quien auxilie a los injustos.
(5-72)

¿No es este entonces esta la creencia de Juan y de Teresa?

¿Cómo entonces caer en un error tan clamoroso en considerarles devotos de Allâh o místicos que buscan aproximarse a Allâh? Si ya su idea sobre Dios se encuentra equivocada; no se entiende cómo es posible que Allâh pueda aproximar hacia El a alguien que cree en una mentira. Si nos aproximamos a Allâh, pues, ha de ser con la Verdad, no siendo este el caso.

Recuerdo haber leído de Juan de la Cruz, ya hace más de cuarenta años, un pasaje en el que decía haber tenido una visión con Jesús que se le acercaba en un carro de fuego. Luego de eso, la cara de Jesús se convirtió en la del diablo.

Sabemos que Jesús es santo y que el diablo no le puede representar. Esa visión es pues una confesión de la verdadera naturaleza que tiene su idea de la deidad de Jesús. Es decir, esa idea era la segunda cara que observó en su visión. Era la cara de su idea, no la de Jesús – sobre él la paz-.

Hay otros, como un amigo mío, que antes pensaba que Juan y Teresa eran cripto musulmanes que se refugiaban en una orden para no ser vistos en su adoración y llevarla en secreto. De esta manera podían salvarse de la persecución que la Inquisición ejecutaba contra los moriscos.

Esta sospecha no se nos antoja cierta, pues, en realidad, nada vemos ni conocemos de estos dos personajes que se asemeje, ni de lejos, a la doctrina del Tasawwuf.

Los eruditos del Sufismo (no sufís ni musulmanes) promocionan la imagen de estas dos figuras cristianas para, de alguna manera decir: “Nosotros también tenemos sufís; que se sepa”. Si esta afirmación la aseguran delante de gentes débiles en su fe, encontrarán que no se les contradice por “quedar bien”.

Otro error: el miedo. Ellos rápidamente se darán cuenta de que muchos dicen eso por debilidad, y sabiendo esto verán que han triunfado. Mientras que se encontrarán descolocados si se les contradice verbalmente. Y, al menos, no le tendrán a uno por fácil.

Cualquiera que haya caminado en el Sufismo un mínimo de recorrido verá el error tremendo de intentar reconocer como sufís a estas dos figuras del Cristianismo.

Leímos, en unos comentarios desafortunados que formaban parte de las no menos desafortunadas notas de un tal Juan José González Fernández. Se trata de un libro del Šayj Al ˤAlawi, que es un Tafsir de la Surat La estrella, de la cual esta persona es el traductor. Este personaje hacía referencia a Dante como siendo un referente de espiritualidad.

No sabemos muy bien la religión que profesa este señor, ni que tragaderas demuestra quien dice ser un sufí comprometido, cuando, con toda la desfachatez que le es posible a un hijo de Adam, cita de esta guisa a un personaje oscuro que en su Divina Comedia escribió que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – y ˤAli – que Allâh ennoblezca su rostro – estaban en lo más bajo del Infierno. No creemos que goce de muy buena salud lógico-racional cuando se permite tales «comparaciones»; ni qué enfermedad puede tener en su corazón.

Con ejemplos como este, no se sabe muy bien quién es quién y qué es cada uno; aunque gracias a Allâh tenemos firmes convicciones al respecto, las ideas esclarecidas, y sabemos quién es y dónde está cada cual.

Para terminar diré, que esas ideas proceden del mundo masón, tal y como lo hemos demostrado en diferentes ocasiones. Un musulmán, sobre todo si es sufí, ha de preservar su espíritu de estos errores, pues se debe saber que nada de luz se puede recibir de Allâh sino es en la Verdad y con la Verdad. Todo lo demás son las falsas luces de los šayatin que pululan por el Malakut.

Es ahí donde tantos y tantos se extravían. Es ahí donde los magos de Faraón tiraron sus cuerdas que parecieron serpientes para los espectadores.

¿Vamos a creer nosotros, los seguidores de Muḥammad en estas bagatelas que encantan a los amantes de lo raro y de lo esnob?

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