19 julio 2024
Diálogo intercultural

El sabio no se esconde

Abdul Karim Mullor

La paz sobre vosotros:

Hoy vamos a tratar sobre una actitud que descubre a aquellos quienes, pretendiendo enseñar el Islam, adoptan una postura de alejamiento de las gentes, a quienes imponen un respeto forzado hacia su persona, exigiéndoles una obediencia desmedida y que rehúyen a aquellos cuyas preguntas y respuestas podrían poner en compromiso su imagen de falsa sabiduría.

El sabio no se esconde.

Si quieres saber si una persona que pretenda enseñar Islam es en realidad una persona sabia, deberás observar su disponibilidad para estar al alcance de las gentes, de manera tal que le puedan formular preguntas sin necesidad de saltar muros para llegar a él. Si, como en muchos casos que conocemos, ese individuo se rodea de una guardia pretoriana de incondicionales que filtran qué cosas se les pueden preguntar y cuáles no, o si es difícil o imposible llegar hasta él, sabe que con ello lo que él quiere conservar en secreto es su propia ignorancia; pues el sabio no tendría por qué esconderse. Es más, si fuera sabio de verdad, podría ver que en los “cara a cara” siempre se pueden encontrar gentes mejor que él, lo cual sería una ventaja para los dos.

En mis 43 años de Islam, que cumplo precisamente hoy, he visto de todo:

En Madrid, sin ir más lejos, un grupo en el que estuve un tiempo en el cual solamente podía hablar un cierto señor, amigo de manipulaciones varias, que por no afear el discurso deseo no mencionar, era, por así decir, la antítesis del comportamiento islámico.

Lo mismo pasaba en otros lugares donde tal y cual señor filtraban mediante su guardia pretoriana quiénes podían ir a verle, en qué circunstancias, y sobre qué temas se podría tratar.  

Lo mismo pasa en Marruecos en esas tariqats multitudinarias que se pasan de padres a hijos. Pasaba en Chipre en un grupo que, por inyecciones económicas de las que un día trataremos, se extendió un poco por todas partes.

Curioso que, al menos, en todos estos casos exista un denominador común, a saber: la protección desmedida hacia un personaje al que se pretende conservar al abrigo de situaciones incómodas, a fin de tenerle siempre arriba de la palestra, de guardarle un respeto más que reverencial, traspasando los límites del pudor, y de dejarle entrar en las vidas de unos y de otros para hacer de ellas lo que él desee. Y esto siempre fue condenado por el Libro de Allâh y por la Sunna del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -.

En el desempeño de mi trabajo de enseñar el Islam nunca hube de esconderme de nadie, nunca me puse un título y nunca ninguno de estos a los que acabo de mencionar supo hacerme callar; ni tampoco vencerme en un debate; antes bien, la mayoría de ellos rehuyó el debate por precaución.

Y yo nunca me tuve por nadie, y nadie soy; solamente un servidor del Misericordioso a Quien tanto debo y a Quien tanto amo. Jamás he dicho quién soy o lo que soy; mejor dicho, lo que Allâh ha hecho de mí. Ni me presenté como chayj, ni como personalidad alguna. Ahora bien, eso sí lo digo:

Si alguien tiene preguntas, adelante, si alguien busca la Verdad, aquí estamos.

Dice el hadiz:

El pudor forma parte de la Fe

Otro hadiz dice:

Quien no tiene pudor no tiene Fe

¿Quién puede defender que sea pudoroso auto nombrarte o dejar que te digan šayj? Hermanos, siempre se ha llamado šayj a alguien que ha alcanzado la cima de la Sabiduría, no a nadie que haya estudiado en una escuela aunque fueran 10 años. Si rebajamos el sentido del término estamos rebajando el saber del Islam a niveles irreconocibles.

¿Quién puede defender que sea pudoroso dejar que te digan “sultán de los awliya” o proclamarte como tal?

¿Quién puede decir que forme parte del pudor hacerte suceder por tu propio hijo en la dirección de un grupo religioso?

¿Qué pudor puede tener aquél que se esconde detrás de las gentes para que nadie descubra su ignorancia y por ende se proclame autoridad espiritual?

Muchos, queridos/as hermanos/as tenéis que despertar de una modorra que os puede llevar a un mal lugar. Y esto lo digo por vuestro bien. Porque en el Ajira uno estará con el que ama. Y, siendo así, ¿cuál será el lugar de aquel que ame y siga a un embustero?

Estas actitudes que vosotros contempláis en “maestros” que decís seguir, son totalmente contrarias a las de nuestro amado Profeta – sobre él la plegaria y la paz – a quien las gentes le abordaban en la calle, en cualquier lugar para hacerle preguntas. Un Profeta que nunca miró a nadie por encima del hombro. Un profeta que renunció a riquezas y honor por estar entre las gentes, con paciencia, con humildad, resistiendo a la fatiga.

Y mientras, ¡oh šuyuj! Vosotros, cuales gallos de corral, os aventáis las plumas por doquier, cacareáis, pero no podéis volar; porque sois de la tierra, de este mundo, y los cielos os quedan lejos.