12 octubre 2026
Nuevos Musulmanes

El Ramadán y las fases de la Luna

Abdul Karim Mullor

El Ramadán y las fases de la Luna

Paz de Allâh a todos – Assalamu ˤalaykum

Nos encontramos a las puertas del Ramadán, mes en el que por razones obvias la Luna se convierte en protagonista necesario. El comienzo y el final del mes sagrado se encuentran regidos por la aparición de la luz del astro en cada una de las diversas regiones del Planeta.

¿Por qué la Luna?

Es esta una pregunta necesaria que precisa de una respuesta adecuada. ¿Por qué Ramadán así como todos los meses del calendario islámico se rigen por las fases lunares, y no por los ciclos solares o por fechas específicas bien estructuradas y documentadas?

Parte de la respuesta a esta pregunta viene dada por la ausencia de movimiento de rotación de nuestro satélite. De ahí viene que la Luna posea una cara oculta que nunca podrá ser vista desde la Tierra.

La razón de esta ausencia de movimiento de rotación hay que buscarla antes bien en su correspondencia primordial con la Tierra alrededor de la cual sí efectúa, no obstante, un movimiento de traslación que dura aproximadamente entre 29 y 30 días.

En estas aleyas y otras, Allâh nos invita a reflexionar sobre el Universo. Tanto más necesario esto cuando sabemos que vivimos con la ayuda de la luz y el calor del Sol y el cómputo lunar.

Es cierto que en la creación de los cielos y la tierra y en la sucesión del día y la noche, hay signos para los que saben reconocer la esencia de las cosas.
Los que recuerdan a Allah de pie, sentados y acostados y reflexionan sobre la creación de los cielos y la tierra: ¡Señor nuestro! No creaste todo esto en vano.
¡Gloria a Ti! Presérvanos del castigo del Fuego.
(3- 190, 191)

Antes de pasar a explicar el proceso lunar y el motivo de que nuestro cómputo se rija por él, pasemos a explicar una aleya de la Surat Ya Sin concerniente al movimiento del Sol.

Y el sol, que corre hacia un lugar de reposo que tiene.
Ese es el decreto del Poderoso, el Sabio.
(36-38)

Es decir, el Sol se desplaza hacia un lugar que le ha sido conferido de antemano, tal y como expresa Allâh en Su Libro sagrado.

Esta aleya puede y debe ser entendida a otro nivel. Siendo el Sol nuestro Ruḥ podemos comprender que él se desplaza desde el nacimiento hasta la muerte hacia su lugar de retorno. El Ruḥ es el sol de nuestro ser, que nos da luz y calor interior. Cuando llega a su lugar de retorno el cuerpo deja de tener vida.

De Allâh somos y a El hemos de volver (2-156)

La Tierra y la Luna acompañan en dicho desplazamiento al Sol. De tal manera que la Tierra experimenta cuatro movimientos:

Rotación – Traslación (alrededor del Sol) – de inclinación Norte-Sur cara al Sol – de acompañamiento al movimiento solar.

Al mismo tiempo, la Luna solamente experimenta dos movimientos:

De traslación alrededor de la Tierra – de acompañamiento a la Tierra mientras esta es arrastrada por el movimiento solar.

De todo esto se deduce que el Sol remolca a la Tierra, y ésta a la Luna en toda circunstancia.

La luz y el cómputo

Allâh nos ha prohibido guiarnos por el cómputo solar. Por este motivo los musulmanes nos guiamos por el cómputo lunar. Claro está pues que hay preguntarse el motivo, fundamentalmente porque Allâh nos anima a reflexionar sobre el Universo, sus elementos, sus movimientos, su composición, etc.

Él es Quien hizo el sol iluminación y la luna luz y decretó fases para que pudierais conocer el número de años y el cómputo. No creó Allah todo esto sino con la verdad.
Detallamos los signos para gente que sabe.
(10-5)

Bien seguro es que Allâh nos ha ordenado guiarnos por el cómputo lunar. Esto no debe ser visto como un motivo puramente diferencial; es decir, no hemos de creer que esto se justifica únicamente por el hecho de distinguir a nuestra comunidad de las precedentes; aunque, todo hay que decirlo, no debemos despreciar este aspecto de ninguna manera. Sin embargo, la más poderosa de las razones hay que buscarla en la función que desarrolla cada uno de los tres astros en liza: el Sol, la Tierra, la Luna.

Como hemos dicho, la Luna posee una cara oculta para los que estamos en la Tierra. Dicha cara representa el Gayb, mientras que la evidente se refiere al mundo físico. Podemos argumentar lo anterior siempre que nos sumerjamos en el mundo de los significados esenciales de las cosas.

Esa cara oculta, tanto como la evidente, es asimismo iluminada directamente por el Sol. Mientras, la Tierra ayuda a iluminar nuestro satélite cuando la luz del Sol ilumina a ella de manera directa en cada una de sus regiones.

Mientras el Sol, que se encuentra en el cuarto cielo de la existencia material, sirve de referencia a los otros planetas del Sistema Solar, la Luna es exclusiva de la Tierra. Ella actúa como si fuera una parte de nuestro planeta. Sus fases pues se corresponden con la iluminación solar, así como por su movimiento de traslación alrededor nuestro.

El Sol, entonces, determina el Tiempo y los fenómenos naturales para todos y cada uno de los planetas de su sistema. Uno de los motivos por los que Allâh nos prohíbe regirnos por el tiempo del Sol es el que no debemos guiarnos por los fenómenos naturales en cuanto al cómputo se refiere.

¿Por qué no regir nuestro tiempo por los fenómenos naturales? Estos se producen de manera inversa para el Norte y el Sur de la Tierra. Es pues este el motivo por el que no puede haber una uniformidad en el Planeta. Cuando es verano en el Norte es invierno en el Sur.

Sin embargo, las fases lunares inciden sobre toda la Tierra con una diferencia de un solo día de unas regiones a otras.

Nuestra Umma es universal y comprende  ambos hemisferios. Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – ha sido enviado para toda la Humanidad. En este sentido Muḥammad es como la Luna cuya luz se uniformiza mediante sus fases.

¿Comprendemos ahora por qué la Luna y no el Sol? La misma Tierra lo pide con su movimiento de péndulo de inclinación Norte-Sur.

La importancia de la Luna como metáfora luminosa.

Allâh ha creado lo pequeño y lo grande. Sin embargo, en lo pequeño Él ha depositado una gran sabiduría de Su parte. Dawud mató al gigante Ŷalut. El Profeta era de una estatura mediana y el corazón humano, en el que Allâh se manifiesta es una pequeña porción de nuestro cuerpo. La misma Ka’aba es un cubo de entre 11 y 12 metros de lado.

La Luna es diminuta con respecto al Sol; la Tierra otro tanto. Sin embargo, es en ella (la Tierra) y no en el Sol en el que habita ese Ser humano ante el cual debió postrarse el mismísimo Gabriel – sobre él la paz -.

No obstante la Luna ocupa un lugar preeminente en la Ciencia en lo referente al Ser humano. La cara manifiesta simboliza el mundo material, a veces iluminado, a veces no. La cara oculta representa el mundo desconocido para el Ser humano o ˤAlam Latafa (el mundo sutil o el de la maˤrifa).

Los dos mundos corren cada uno de ellos en su esfera correspondiente; por ese motivo la Luna no tiene movimiento de rotación. Sin embargo, ellos giran alrededor de la Tierra, de la misma manera en la que el Universo gira alrededor de ese Ser humano que es el representante de Allâh en ella.

Ved pues como se activa la reflexión cuando nos sumergimos en los conocimientos múltiples del Universo que Allâh ha creado como una expresión de Su Misericordia y de Su Poder.

La Luna y la luz para el cómputo en una tierra donde habitan los seres humanos de luz, en deferencia a los cuales Allâh hace descender la lluvia y concede el sustento, como dice el hadiz.

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