18 abril 2024
Nuevos Musulmanes

El perdón de las deudas

Zineb Badr – Abdul Karim Mullor

El perdón de las deudas

Había un hombre, allá en un tiempo lejano, que gozaba de una cierta fortuna. Sabiendo el beneficio que la limosna (sadaqa) tiene para el que la da y para el que la recibe, decidió emplear su hacienda en prestar a las gentes que lo necesitaban. Sus deudores solían ser comerciantes que tenían tiendas en el zoco, así como otras personas particulares. También prestaba a familias de agricultores que hubieran tenido una mala cosecha.

Esta hombre no apremiaba a nadie para que le devolviera el dinero aunque los plazos de devolver la ‘amana estuvieran vencidos. Viendo que debido a esto comenzaba a tener problemas de liquidez y su riqueza disminuía, un día le dijo a uno de sus criados:

“Mira, tengo necesidad de ingresar algo de dinero para poder hacer frente a los gastos. Ve a ver a Sidi Fulan, el que tiene la tienda de tejidos. Pregúntale que si tiene disponible para pagarme la ‘amana que le di. Pero si te dice que no, pásalo por alto, no le aprestes. Espero que si le pasamos por alto hoy lo que nos debe, Allâh lo hará con nosotros cuando comparezcamos ante El.”

Esta bella historia conmueve el corazón. La sadaqa que hacía este hombre, así como su generosidad nos provee de una enseñanza no menos bella y valiosa. En realidad, al igual que en ese momento nos estamos refiriendo a una deuda de tipo económico, esto es asimismo aplicable a cualquier clase de deuda que otra persona haya contraído con nosotros.

Puede tratarse de alguien quien nos deba una disculpa por haberse portado mal con nosotros. O sino de alguien a quien hayamos ayudado y nos haya olvidado o menospreciado. Puede ser gente a quienes hayamos enseñado, u otros a quienes les hayamos hecho favores que nunca agradecieron.

Si dejamos pasar esto, Allâh puede que nos haga pasar por alto las promesas que le hicimos y no cumplimos. Y así podrá perdonarnos los actos  que no debimos haber hecho, las sombras de nuestro carácter y comportamiento.

Desperdiciar la vida criticando a otros, pensando que somos de lo mejor que Allâh ha creado es una pérdida total.

Disponemos de una sola vida. Si somos inteligentes constataremos que nos han sido dados los medios para poder dirigirnos de la mejor manera.

No tenemos excusa si la desperdiciamos, porque el tiempo pasado no se repetirá ya. Vamos derechos al Destino, al encuentro con Allâh; y si en una mezquita ya nos quitamos los zapatos por no entrar impuros en un lugar sagrado, ¿cómo es posible que no atendamos al estado en el que nos vamos a presentar ante nuestro Señor? La vida nos engaña con sus espejismos, nos hace creer que podemos hacer cuanto queramos, y como ciegos, mudos y sordos, gastamos nuestro tiempo en nada. Nos alejamos de Allâh paso a paso.

Aquel que no tiene compasión por sus semejantes yerra. Pues Allâh ha enviado a Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – como una misericordia para los mundos, y si nosotros no le emulamos no podremos nunca argumentar que cumplimos su Sunna; mucho menos aún que le amamos como se debe.

Las primeras palabras del Corán que podemos leer hacen referencia a Allâh como el Todo Misericordioso. Debemos reflexionar entonces sobre la razón de la vida. Sobre todo cuando, como podemos leer en la Surat A-r-Râḥman, es el Todo Misericordioso que crea al hombre, dando a entender claramente que la base de la Creación no es otra que la Misericordia.

Es así, teniendo en cuenta estas consideraciones, que Allâh va extirpando el rencor de nuestros corazones, haciendo de nosotros seres inocentes, limpios y prestos para presentarnos ante nuestro Señor. El no admite nada impuro en Su casa. El ama a los que se purifican, a los que hacen el bien, y acoge en Su bendito seno a aquellos que Le han comprendido y que Le han aceptado más allá del nivel de las palabras.

¡No lo olvidemos! ¡Vivimos una vez solamente! Si dilapidamos nuestra vida proveyéndonos de excusas, la habremos perdido y no podremos volver atrás.

¡Nunca es tarde! Pues una hora de recuerdo intenso de Allâh es mayor que años de adoración.

Recoge tu equipaje; sube al barco de la Confianza que atraca en el Puerto de la Sinceridad y surca el Océano del Amor para presentarte indemne y completo en la presencia de Allâh. Así obtendrás la Paz y sondearás para siempre en la maravillosa Eternidad, junto a un Rey Poderoso y Misericordioso, cuyo reinado no tiene fin, del que nadie heredará reino, como El tampoco lo heredó.

¡Tú día es hoy, recuerda!