7 octubre 2026
Nuevos Musulmanes

El mundo vive un momento crítico

Abdul Karim Mullor

El mundo vive un momento crítico

No hay que ser un gran analista político, un gran filósofo, un gran economista, un científico laureado, ni un gran sabio de la Religión para comprender que el mundo vive en un momento crítico.

Cuando todo un continente y más buscan una guerra en gran escala, y están tan dementes que piensan que la pueden controlar utilizando solo esas armas destructivas que llaman convencionales. Cuando todos los vicios por los que Allâh aniquiló pueblos enteros se encuentran todos presentes en un mismo punto de la línea del tiempo.

Cuando la mentira y la verdad se confunden. Cuando los que nos gobiernan nos mienten y nos estafan. Cuando algunos aseguran que el bien y el mal dependen del “ojo a la virulé desde el que se mire”. Cuando el espíritu del Daŷŷal ha entrado en las casas de las gentes; ofreciendo un Paraíso que es un Infierno y un Infierno que es un Paraíso.

Cuando se está aniquilando un pueblo entero ante la mirada impasible de unos y de otros.

Cuando el presidente del Al Azhar es un masón como el Papa fallecido. Cuando se vende nuestra religión al demonio. Cuando se adultera el Corán como si se estuviera friendo pescado.

Cuando todo eso ocurre ante la pasividad, la dejadez, el conformismo, la desgana de tantos y tantos; anestesiados, sin propósito en la vida, sin vocación; es decir, sin hálito vital; entonces ¿qué nos queda?

Nos queda esperar un Poder inconmensurable de Allâh, que, al menos habrá que desearlo vivamente, y no tumbado en el lecho. Nos queda desgarrarnos y pedir a Allâh – Altísimo – que nos traiga a ese personaje que nos ha sido prometido. Un personaje que vendrá con un poder mayor que el de Mûsâ y Sulayman – sobre ellos la paz -.

Pues si Mûsâ, con el permiso de Allâh pudo abrir el mar con su bastón; el Mahdi abrirá los océanos, hará vibrar las montañas, anegará el mal, y conseguirá que la tierra y el mar den el doble de frutos, con el Permiso de Allâh.

¿Cómo podemos ser indolentes ante una situación así? Nosotros, musulmanes, en quienes la sangre debería hervir en las venas y que hoy nos encontramos indolentes como damiselas y figurines de la corte.

¿Qué queda entonces para que ese personaje prometido por Allâh venga a nosotros?

No queda nada; todos los elementos están en el escenario. Solamente queda una cosa: la decisión de Allâh; el momento que El, en Su sabiduría ha escogido para que eso ocurra.

Vayamos donde vayamos, solamente podemos encontrar injusticia y corrupción.

Y ese día será el verdadero día del Aid; la Laylatul Qadr; el Ašura; Arafa y todo lo bueno que Allâh ha puesto a nuestra disposición.

“El seguirá mis pasos y no dará paso en falso” – dijo Muḥammad – ˤalayhi-ṣ-ṣalatu wa-s-salam -. Es decir, seguirá la Sunna de Muḥammad y donde ponga su mano será como un león; obtendrá su presa. Incluso, como dicen las palabras del Profeta, él será infalible en su misión. Sus palabras serán de verdad; sus actos serán de justicia.

Sí, el espíritu del Daŷŷal ha encontrado acomodo en un gran número de hogares. Separando a las familias; al hombre de la mujer; a un hermano de otro; a los hijos de los padres y viceversa.

El – que Allâh le castigue – ha encontrado acomodo en los púlpitos, en los mimbares, en las cátedras; lidera mezquitas sin ser musulmán.

Hoy, todo el mundo campa a sus anchas, siguiendo sus inclinaciones y pensamientos, sin pasar por el tamiz del pudor y de la decencia.

Al igual que en los tiempos que precedían la aparición del Profeta, el mundo está fatigado de esperarle. Siempre Allâh ha enviado a los suyos cuando quienes les esperaban estaban en las mismas condiciones que una mujer encinta, que, no pudiendo ya cargar más el fruto de su vientre, comienza a impacientarse y desesperar.

Pero al final, el mundo dará a luz, una criatura luminosa que, con el permiso de Allâh auxiliará a los inocentes y dará su merecido a los culpables.

Los que hoy ríen mañana llorarán; los que hoy lloran reirán mañana.

La máquina del tiempo no se para. La vida, la muerte se suceden de manera ininterrumpida. Los que hoy tienen el rostro alisado, mañana lo tendrán lleno de arrugas, la mirada tosca, las marcas delatoras del miedo a la muerte en sus rostros. Los pelos erizados, temiendo lo que se les echa encima. Sus risas se convertirán en llantos. Mintieron, robaron, cometieron injusticias y ya se encuentran entre los acusados, esperando el día que hayan de pasar ante el tribunal. Y llegarán los testigos, los acusadores; y no tendrán quien les defienda.

Unos esperan el futuro con anhelo y alegría; otros con un miedo pavoroso. ¿Acaso no reflexionan?

Y Allâh está; nunca cambia; sigue siendo El, no le falta de nada. Si solamente fuéramos conscientes de esto la alegría del corazón invadiría todo nuestro ser.

Somos nosotros quienes nos complicamos la vida dando importancia a las nubes que, espoleadas por el viento, cambian de forma y pasan sin cesar.

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