13 julio 2024
Sufismo

El mundo real y el mundo imaginario

A-s-salamu alaykum

Vivimos en un mundo imaginario. Una palabra del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dice:

Los hombres están dormidos y cuando mueren despiertan

Ese mundo imaginario es el producido por la capacidad de nuestros sentidos y nuestra mente en percibir una realidad que no es completa porque es solamente una parte, un aspecto, una cara de la realidad completa que no somos capaces de percibir. Es cierto, que en estas nuestras percepciones existe un equilibrio y un orden que podría hacer pensar a muchos que se trata de una realidad en ella misma.

Ahora bien, cuando sabemos que en el mundo que se encuentra debajo de la primera bóveda celeste existen criaturas como los yunun (genios) y los ángeles (mala’ika) que no podemos percibir, es ahí donde tenemos la prueba de nuestra incapacidad de transcender el mundo material de los sentidos y de la mente, dejando constancia de nuestras grandes limitaciones.

Este mundo manifestado de manera material ha sido llamado ‘Alam kadafa” (mundo denso), y es este el universo que puede ser apresado por nuestros sentidos y pensamientos. El mundo real, en el que se encuentran todas estas realidades que acabamos de enumerar es llamado “Alam latafa” o (mundo sutil); y este el mundo de las realidades tal y cuales ellas son. Como el mundo denso se encuentra contenido en el mundo sutil es por ello que las palabras del Profeta no hablan de un mundo real y otro irreal; sino que indicando que estamos dormidos se nos está diciendo que solamente vemos un aspecto de la realidad, la cual observaremos en todo su esplendor cuando muramos. De alguna manera podemos decir que formamos parte del mundo sutil aunque no seamos capaces de percibirlo y es en este mundo que dormitamos sin ver su contenido.

Nuestros sentidos y mente no están preparados para percibir la realidad. Su fuerza es insuficiente. Ahora bien, negar lo que existe solamente porque no somos capaces de percibirlo es una demostración de ignorancia; pues algo reside en nuestro interior que nos aclara la existencia de una percepción superior y más completa que nuestra propia existencia. La prueba de que algo en nosotros puede llegar a percibir este mundo real, viene afirmada en la segunda parte del hadiz “y cuando mueren despiertan”. Esta muerte es la corporal, y después de ella seguimos viviendo pudiendo contemplar de primera mano este mundo sutil que engloba nuestra existencia. Las capacidades se encuentran dentro de nosotros, pero nuestro cuerpo y nuestro Ego constituyen la barrera que nos impide percibirlo.

¿Existe alguna posibilidad de que antes de nuestra muerte corporal podamos visualizar este mundo sutil? Esto ha sido objeto de discusión durante siglos. La existencia de esta posibilidad viene indicada en un hadiz que dice:

Morid antes de que os llegue la muerte

Esta muerte previa a la que alude el hadiz viene indicada asimismo en una aleya del Corán que dice:

Adora a tu Señor hasta que te llegue la certeza (yaqin) (15-99)

Esta certeza (yaqin) a la que alude la aleya viene explicada en otro hadiz que dice:

Estad atentos con la mirada (firasa) del verdadero creyente pues él mira con la luz de Allah.

En el final de otro hadiz qudsi se dice:

Hasta que Yo le amo, y cuando Yo le amo, Me convierto en el ojo con el que mira, la mano con la que toma, el pie con el que camina y la lengua con la que habla

Por si con esto no hubiera suficientes pruebas la surat El Acontecimiento (56) nos dice:

De las aleyas de un Libro oculto que no tocan sino los purificados

Es decir, son estos purificados (muttaharun) los que pueden comprender los sentidos no aparentes del Corán. Y esto precisa una visión de la que no disponen la gran mayoría de los seres humanos.

Es de estos de quienes habla el Corán indicando que es de ellos de quienes tenemos que tomar consejo y guía, debido a que ellos conocen las realidades que a nosotros se nos ocultan por la espesura de nuestra alma y sus exigencias:

Preguntad a las gentes del Recuerdo si vosotros no sabéis (Al anbiya – 7)

Así pues, el pobre que quiera legislar en el Islam sin la ayuda de las gentes del recuerdo es como un loco que no sabe conducirse sino por el impulso de sus pasiones. Sin saber contener sus impulsos cree, el pobre iluso, que lo que él observa es la realidad. Porque:

El hombre es apresurado

Y en lugar de hacer como los verdaderos creyentes quienes:

Aquellos que creen y hacen obras puras, se recomiendan la Verdad y la Paciencia (Surat al Asr)

Corren detrás de la Dunya y sus gentes poniendo énfasis en las respuestas que da el Islam al programa de las gentes de este mundo, hablando únicamente de los aspectos en boga, en lugar de seguir el programa trazado por la naturaleza propia de la religión.

Llegando por ello a conclusiones erróneas debido a su desconocimiento de la verdadera naturaleza Humana y de las relaciones de ésta con su Señor. Su imagen es como la de ese niño de 8 años que quiere corregir a sus mayores pensando que tiene la verdad. O como el ciego que niega la existencia del sol y de la luna; o como el mudo que no se explica como otros pueden hablar y el no, así como el sordo se asombra de que otros oigan lo que él no puede. Y es que no ser consciente de las propias limitaciones contradice los principios mismos de la Sabiduría.

Sabed que la vida de este mundo es juego y distracción (57-20)

Por eso:

Dí Allah y déjalos jugar en sus vanos devaneos. (6-91)