19 julio 2024
Fiqh y jurisprudenciaNuevos Musulmanes

El momento de la muerte

La paz sobre vosotros

A petición de algunos hermanos tratamos del tema de la muerte. En este primer escrito hablamos de lo que ocurre en el momento del fallecimiento y de cómo hay que proceder hasta el momento del entierro.

El momento de la muerte

El Libro de Allâh dice:

«En verdad somos de Allâh y a El habremos de volver«

Es esta frase, la cual es de rigor decir cuando vemos morir a alguien o se nos da la noticia de su muerte, es la prueba directa que atestigua lo efímero de nuestra vida terrenal. Ciertamente, el ser humano es una creación de Allâh, luego viene de El, y abandona este mundo para comparecer ante su Señor, Quien le informará del lugar en el que permanecerá por toda la Eternidad.

Cuando el momento de la muerte se acerca, hay personas a quienes les encuentra desprevenidas; hay otras personas que la aguardan pues saben que ella va a llegar de un momento al otro; y hay aún otras a quienes les llegan noticias antes de que llegue el día. Esto es así, y no de otra manera; constatado como está con testimonios de unos y de otros.

Llegado el día, el fallecido tiene tiempo para comprender que se encuentra en los umbrales de la muerte, y entonces se activan en él todas las alertas consecuentes con su propia situación. Llega un momento en el que la persona pierde el habla, aunque antes de ello se le ha otorgado tiempo para hacer la shadada. Desde el momento en el que el muriente pierde el habla es aconsejado para las personas que se encuentren junto a él que repitan “Lâ ilâha ‘illa-l-Lâh”; no con mucha insistencia ni demasiadas veces para no perturbar al moribundo.

El ya observa a los ángeles, quienes se presentan para notificarle que le van a quitar el alma. Asimismo, los diablos se le presentan bajo la forma de familiares fallecidos especialmente queridos por él para proponerle abandonar el Islam y hacerse judío o cristiano en el último momento. Ahora bien, aquellos quienes hayan permanecido firmes en la fe durante sus vidas no la pierden en ese momento y no cederán a las invitaciones del diablo.

Si se trata de un wali o de un salih los ángeles le piden amablemente y por favor si pueden o no tomar su alma, como una muestra de deferencia, sabiendo que él va a acceder. Si es un habitante del Paraíso sayyidina Asra’il y otros cuatro ángeles le sacan el alma por sus extremidades (cada uno de los cuatro en cada extremidad), y el alma es extraída con facilidad; se ve entonces que su boca se queda seca y mantiene una expresión de calma. Mientras que, si se trata de un condenado, sacarle el alma es como sacar la lana mojada de una tabla cardadora llena de clavos; se observa en el momento de la muerte que su boca se encuentra completamente mojada y la expresión de su rostro es de pavor. Tal es la dificultad para sacar un alma réproba, y tal el sufrimiento que en ese momento experimenta el moribundo. A otros, debido a su vida ejemplar y a su cercanía con Allâh, el mismo Ŷibril – sobre él la paz – se presenta y le da las buenas nuevas de su futura morada. Pues hay que decir a todo esto que a todo moribundo se le presenta su lugar en la otra vida, ya sea el Paraíso o el Infierno, antes de exhalar su último aliento.

Es entonces que dos ángeles toman el alma de un buen creyente y le llevan a las puertas de los cielos donde es hecho entrar y donde se le recibe con los parabienes de los ángeles. Mientras, el alma de los réprobos es tomada por los ángeles, y después de subir un trecho es tirada en el espacio como si de un trapo sucio y maloliente se tratara.

¿Cómo proceder con el fallecido?

Una vez que se haya constatado el fallecimiento se le cierran los ojos, pues ellos siguen al alma saliente y se alteran. Seguidamente se le transporta para ser lavado.

El lavatorio del fallecido debe realizarse al igual que si se hiciera un gusl (ablución mayor). Es aconsejado que el lavado sea hecho por hombres o mujeres dependiendo del sexo del fallecido. Los hombres lavan a los hombres, las mujeres a las mujeres.

Es aconsejable transportar y lavar el cuerpo con sumo cuidado y delicadeza, pues, se nos ha dicho en los hadices que si le presionamos o le movemos bruscamente, él recibe un dolor y una impresión inenarrable.

Después se le cubre con la mortaja, que es una prenda blanca de una sola pieza, como la que lleva el peregrino durante el Ḥiŷŷ y la Umra; eso sí, dejando únicamente la cara al descubierto.

Vestíos de blanco pues esto es mucho más agradable y amortajad de blanco a vuestros muertos. (Nassa’i y Hakim)

Quien lava a un muerto, Allâh le perdonará sus pecados, y a quien le cubre con el sudario, Allâh le vestirá con un vestido de seda. (De Umama, recopilado por A-t-Tabarani)

Cuando alguien fallece por la tarde noche es Sunna enterrarle a la mañana siguiente durante el tiempo del Doha, que va desde media hora después de la salida del sol hasta unos minutos antes del salat del Mediodía (Dohr).

Mientras que si fallece durante la mañana es Sunna enterrarle después del Asr. Después de rezar el Asr en la mezquita se hace entonces el salat del Ŷanaza; siendo que en el caso anterior se hace inmediatamente antes de llevarle al enterramiento.

Es muy recomendable formar parte del convoy fúnebre  aligerando el paso y recitando frecuentemente la shahada, o simplemente “Lâ ‘ilâha ‘illâ-l-Lâh”, ya que un hadiz dice textualmente:

Durante los entierros, decid frecuentemente: « La ilaha illa-l-Lah”. (Daylami – Kanz 42578)

Otro hadiz dice: Proveed de suministros a vuestros muertos diciendo: “La ilaha illa-l-Lah” (Kanz 42579)

Es muy recomendable recitar la surat Ya Sin durante los entierros

Recitad la surat Ya Sin para el reposo de las almas de vuestros muertos. (Recopilado por Ahmad)

La surat Ya Sin puede asimismo ser recitada en la cabecera de los fallecidos y cada vez que se va a visitarles al cementerio.

Finalmente, llegamos al enterramiento

Colocamos al fallecido sin caja dentro de la tumba, provisto solamente de la túnica blanca mortuoria. Se le entierra de lado, mirando a la quibla con su rostro y se le cubre de tierra. Está muy desaconsejado llorar desconsoladamente pues a causa de las lágrimas de los familiares el fallecido es castigado en la tumba; tal y como dice el hadiz:

¿No sabéis que Allâh no castigará a causa de las lágrimas que inundan los ojos, y a causa de la tristeza del corazón, pero si castigará o será indulgente a causa del uso de la lengua? El muerto también será castigado a causa de las lágrimas que su familia habrá vertido deplorando su muerte.

(De Ibn Umar, recopilado por Al-Bujari y Muslim)

Guardar luto es desaconsejado

No está permitido a una mujer que cree en Allâh y en el Juicio último el vestir luto por un muerto más allá de tres días seguidos, a menos que se trate de su marido, caso en el cual el luto será de cuatro meses y diez noches. (De Umm Habiba – esposa del Profeta – recopilado por Al-Bujari)

Es pues, cuando la gente se aleja de la tumba y el fallecido oye sus pasos, que comienzan a intervenir otros acontecimientos que narraremos más adelante…