El mes de Dul Hijja – Arafa y el Aid

Dul Hijja – Arafa y el Aid

Cuando Hayyar fue a establecerse en Makka con su hijo Ismaˤil – sobre él la paz – temió no poder satisfacer la sed en un lugar tan abrupto y de clima tan poco hospitalario. Recorrió siete veces la distancia entre Ṣafa y Marwa, hasta que casi presa de la desesperación, el pequeño golpeó con su talón en la tierra y Zem Zem se puso a brotar. Se le llamó Zem Zem a esta fuente por la manera de brotar del agua que inspiraba dicho sonido.

Y allí se establecieron, madre e hijo. Ibrâhîm – sobre él la paz – iba a visitarlos en algunas ocasiones; en una de ellas, Allâh le ordenó que sacrificara a su hijo, degollándolo. Habiendo recibido la orden Divina, informó a su hijo de ella, y éste, que también era profeta como el padre, dijo:

Padre, haz como se te ha ordenado”.

En el camino hacia el monte ˤArafa, situado a unos 10 kilómetros de Makka, donde padre e hijo se dirigían para satisfacer la Orden de Allâh, el diablo se le apareció a Ibrâhîm a fin de hacerle desistir de dicho sacrificio, a lo que Ibrâhîm respondió apedreándole siete veces. Finalmente, padre e hijo llegaron a la cima de ˤArafa. El padre sacó el cuchillo disponiéndose a sacrificar a su hijo; pero cuando iba a pasar la hoja por el cuello, un objeto celeste se interpuso y no pudo llegar a cortar. Es entonces que Allâh le habló de la satisfacción que experimentó al ver a Su siervo intentar cumplir con su orden y le cambió la víctima haciendo descender un cordero del cielo.

Ya Ibrâhîm hubo de renunciar a su amado hijo primogénito cuando su madre y él debieron dejar su casa paterna para dirigirse a Makka. La distancia les separaba lo suficiente para que el viaje que precedía a los encuentros fuera penoso. Aun así, ambos juntos, llegaron a construir la Ka’aba y a protagonizar este episodio santo del sacrificio. En él, Ibrâhîm hubo de renunciar a su hijo Ismaˤil por vez segunda, muestra inefable de su sumisión al Señor del Universo que hizo que su descendencia se multiplicara como las estrellas del firmamento.

Nuestro Ibrâhîm hubo de renunciar a sus sentimientos paternos por contentar a un Dios quien le pedía una muestra más de sumisión.

Es así, que el Día del ˤAid es una conmemoración, no de un sacrificio, sino de una sumisión sin par a la Voluntad Divina. Poco importa que sacrifiquemos un cordero si no somos capaces de sacrificarnos a nosotros mismos, nuestras voluntades o nuestros intereses en aras a la satisfacción de Allâh.

Es así que la víctima del Día del ˤAid eres tú, no los 200 o 300 Euros que te hayas gastado en comprar y degollar un cordero.

Desde el punto de vista de la Ley islámica festejar el ˤAid Al Aḍḥa (La Fiesta del Sacrificio) no es Farḍ (obligatorio), se trata de una Sunna muˤakkada, es decir, una Sunna reforzada o muy recomendable, tanto en lo que se refiere al Șalat del ˤAid, como a lo que respecta al sacrificio, así como por la fiesta en ella misma.

Pero el significado que tiene en ella misma supera con creces cualquiera de los ritos que realicemos ese día, pues se trata nada más y nada menos, que sacrificar nuestra voluntad a la Complacencia de Allâh.

En cuanto al Día de ˤArafa, el día antes del ˤAid, es el Día del perdón de Allâh; es asimismo el día en el que se reveló la última aleya del Corán, precisamente en el Peregrinaje del Adios, en el que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – pronunció aquella famosísima jutba en el lugar de ˤArafa, el mismo día de ˤArafa, que era viernes.

Hoy los que se niegan a creer han perdido las esperanzas de acabar con vuestra Práctica de Adoración. No los temáis a ellos, temedme a Mí.
Hoy os he completado vuestra Práctica de Adoración, he culminado Mi bendición sobre vosotros y os he aceptado complacido el Islam como Religión
. (5-3)

Por ese motivo, el día 9 de Dul Hiŷŷa, los peregrinos suben a pedir perdón a Allâh en ese bendito lugar.

Cuando se realiza el sacrificio, siempre inmediatamente después del ṣalat del ˤAid, nuestros pensamientos han de ir dirigidos a que Allâh acepte nuestras ofrendas, nuestro trabajo, nuestra dedicación, nuestro amor.

Es recomendado ayunar el Día de ˤArafa, pero no se puede ayunar el Día del Sacrificio

En cuanto a los 8 días restantes, es decir, los primeros del mes antes de ˤArafa, hay que saber que Allâh nos multiplica la recompensa por nuestras buenas obras. Se puede ayunar si se quiere, o hacer dikr, o dar gracias a Allâh, o simplemente hacer buenas acciones como la sadaqa o la ayuda al prójimo con la intención puesta en lo sagrado de estos días.

Ŷabir ibnˤAbd Allah – que Allâh esté satisfecho de él –  transmitió que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo: «Los diez días del mes de Dul-Hiŷŷah son los mejores días ante Allâh«. Alguien preguntó: “¿Son estos días mejores que el equivalente de días dedicados a luchar por la causa de Allâh?”. El Profeta respondió: “Son mejores que una cantidad equivalente de días dedicados a luchar por la causa de Allâh, excepto para el que parte hacia ella usando su riqueza y su vida y vuelve sin ninguna de las dos”. (Bujari)

Algunos pueden llegar a sentirse nerviosos los días de ˤArafa y del ˤAid. ¡Tranquilidad hermanos/as! Hay un chaytan especial para hacernos perder la Baraka de esos días; procuremos entonces guardar silencio mejor que hablar, huir de las palabras o expresiones obscenas, realizar las abluciones para aplacar los estados de ánimo; perdonar a los hermanos y recordar mucho a Allâh.

No hay que obsesionarse con los actos meritorios. ¡Tranquilidad! ¡Haced lo que podáis!, sin exagerar, pero sí con entera consciencia y con desprendimiento; no llevéis la cuenta con Allâh, haced el Bien y olvidad que lo habéis hecho. Los seres humanos tenemos tendencia a “pasar factura”; eso con Allâh no nos vale.

El bien que adelantéis en vuestro favor lo encontraréis junto a Allâh. Eso es mejor y posee más recompensa. Y pedid perdón a Allâh, realmente Allâh es Perdonador y Misericordioso (73-20)