El error perennialista de Guenon II – exoterismo y esoterismo

Por Abdul Karim Mullor

…Es cierto que a Réné Guénon, hoy por hoy, afortunadamente no lo conoce mucha gente. Leerle era muy aburrido, tanto, que él se anuló asimismo por la falta de “gracia” de sus escritos, en los que no encontramos ningún tipo de empatía ni de sensibilidad. No obstante, fui testigo de primera mano de las desastrosas consecuencias de sus escritos, pues del grupo en el que me encontraba la mitad dejó de practicar el Islam. En toda evidencia, nuestro galo personaje, tuvo bastante influencia en esta apostasía, pues según él, con seguir cualquier religión, o tradición, como él decía, descendiente de la sacrosanta Tradición primordial, era suficiente; así que los apóstatas se dispusieron a seguir la doctrina de un tal Nissargaddata, quien por cierto, no les pedía orden, disciplina ni obligación alguna; utilizando esto como excusa para no considerar falta alguna, por poner un ejemplo, insultar, robar o cometer adulterio. El 50% de este tanto se lo daremos a Guénon, quien con su falsa doctrina, engañó a la mitad de los pensadores europeos. Siguieron a Guénon personajes como Schuon, Lings, Eva Mitrai de Miterovich, quienes inventaron una especie de Sufismo Masón, claramente fuera del Islam, así como nítidamente afín a la Masonería

Nuestro personaje, quien practicaba vaya usted a saber qué, se revistió en los últimos años de su vida de un falso manto sufí, como hemos explicado en el escrito que precede, quizá en su intención de desbaratar el Sufismo desde dentro, revistiendo éste de un simbolismo masónico torpe, feo, burdo y de un mal gusto que rayaba la total falta de decencia y de belleza. El, que vivía de las rentas de sus bodegas, nunca imitó a los sufís en su forma de vida, ya que uno de los requisitos de las verdaderas cofradías, era y es, no tomar dinero alguno, de manera directa o indirecta, que proceda del Haram.

Hoy vamos a hablar de dos términos utilizados por este peculiar personaje; dos términos muy masónicos, por cierto: exoterismo y esoterismo.

Leyendo sus exposiciones con respecto a dicha dicotomía, podemos sacar la conclusión de que, para Guénon, Esoterismo era la pura espiritualidad y el Exoterismo la ley religiosa, no siempre necesaria como soporte de acceso a un Esoterismo para la élite, pero necesaria para los no-elegidos a fin de que éstos pudieran beneficiarse de su vínculo a una forma tradicional, siempre dependiente de la matriz, es decir, de la Tradición Primordial; todo ello, siempre según él.

Este montaje de piezas, tendentes a demostrar la necesidad de un retorno a lo que él llamaba tradición, nunca ha dejado de formar parte de sus teorías.

Hablaremos en otro momento de lo erróneo del concepto “tradicional”. Para Guénon representaba todo aquello lo cual dependía de la revelación. Aunque parece ser que a Guénon le atraía más el aspecto humano que el divino, de ahí la adopción del término “tradición” (transmisión de la revelación en la humanidad) en lugar del usado por el Islam “revelación” el cual, teniendo como raíz lo divino se expresa en lo humano. Curioso lapsus, sobre todo para aquél quien se jactaba de buscar la pura espiritualidad.

Sin embargo, aquí nos vamos a ceñir a sus interpretaciones sobre el exoterismo y esoterismo, a fin de demostrar que el uso de dichos términos por parte del personaje no se corresponde en absoluto a una realidad, sino antes bien a un producto de su interpretación personal del mundo de la revelación.

Para Guénon, esoterismo era todo aquello lo cual relevaba de la pura espiritualidad. Inclusive para él, existían civilizaciones “tradicionales” tan avanzadas que no necesitaban de una ley revelada la cual reglara los actos elementales humanos a fin de seguir el esoterismo, el cual era la sola razón de ser de su proclamada “élite intelectual”. Parece haber olvidado que Qahil asesinó a Habil, y que siempre ha sido necesaria una ley que prohíba asesinatos, robos, adulterios, etc.

No obstante, para él, el exoterismo es un término que  releva puramente de la ley religiosa. Según nuestro personaje la Ley no era necesaria para los superdotados quienes pudieran suscribirse al Taoísmo, por poner un ejemplo; pero esto no estaba al alcance para nosotros los “pobrecillos occidentales” quienes “sin ser capaces de hacer la “O” con un canuto”, perdón por lo gráfico de la expresión, fuéramos tan “ordinarios” e “incapaces” que tuviéramos necesidad de una Ley. Hemos de decir de pasada que Guénon estaba convencido de la superioridad de la raza aria con respecto a las capacidades espirituales, de ahí su debilidad por lo hindú. Y ello lo veremos en nuestro análisis sobre Oriente y Occidente.

En cuanto a la dicotomía en cuestión, podemos probar fácilmente una vez más como ambos conceptos no expresan en forma alguna la realidad. Y lo haremos con una hadiz muy conocido:

Se me ha dado amar tres cosas sobre las demás en esta vida: la plegaria, las mujeres y los perfumes; y el colirio de mis ojos está en la plegaria.

Mucho más explícito, lo es el Corán cuando dice:

Sois la mejor comunidad suscitada para los humanos. Ordenáis lo que está bien, prohibís lo que está mal, y creéis en Dios” (Corán 3,110).

“Él es quien ha mandado a su enviado con la dirección y con la religión verdadera para que prevalezca sobre toda otra religión, a despecho de los asociadores” (Corán 61,9).

He aquí un ejemplo de la fusión existente en el Islam entre el interior y el exterior. La plegaria canónica, siendo como es, obligatoria para todos los musulmanes, por supuesto también lo es para el sufí, contiene en ella misma un significado oculto y operativo en el interior del ser humano. Seguramente, dicho significado no es accesible a todos por el motivo que vamos a expresar, pero ella es un buen ejemplo del completo matrimonio existente en realidad entre aquello lo cual, por conveniencias del lenguaje, ha sido dado en llamar “interior y exterior”.

El Islam se divide en tres ramas, a saber: Islam, Iman e Ihsan. Dichas ramas no consisten en sistemas separados unos de otros, sino que antes bien se trata de escalones de una misma escalera. De tal manera que aquel quien ha realizado el maqam del Ihsan ha realizado anteriormente los dos precedentes. No solamente los ha realizado sino que si los dejara de asistir se perdería. Imaginemos que pasaría a la escalera si le quitáramos los peldaños de más abajo: se derrumbaría. Así mismo ocurre para quien ha realizado el maqam del Iman con respecto al de Islam. Es quien se encuentra en el maqam del Islam quien se emplaza en lo más bajo de la escala, estando no obstante en ella. Ello anula la teoría de Guénon según la cual alguien puede acceder al conocimiento sin cumplir con las condiciones de la ley exterior.

Dice el Libro de Allah:

Allah está más cerca de vosotros que vuestra vena yugular

Ello nos recuerda la presencia de Allah en todos los niveles, ya releven del interior o del exterior.

Recordemos al Šayj Mawlay Al-ˤArabi a-d-Darqawi, como encontrándose en plena meditación sobre los Nombres Divinos, se decía:

Que Allah es el Interior, lo comprendo, pero ¿qué es eso que Allah es el Exterior (A-z-Zahir)? Eso no lo comprendo. Es entonces cuando Allah se le reveló como el Exterior y pudo conocer el resto.

Si los sufíes se han reunido en zawiyyas y se hacen enseñar por un maestro específico es a causa de la singularidad de su ciencia.

Diremos que, poniendo como ejemplo el estudio del Islam, hay maestros específicos para cada grupo de materias (fiqh, aquida, ‘ilm, números, gramática, etc). Por lo tanto ¿cómo no habría un maestro para la ciencia del Interior y el ‘ilm Laduni las dos ciencias del Ihsan, si ya el mismísimo sayyidina Musa lo tuvo en la persona del Jadir?

Antiguamente los sufís se reunían en las mezquitas, pero las persecuciones y las críticas por parte de algunos ‘ulama y/o gobernantes, les hicieron replegarse a las zawiyyas.

Es más, siempre los maestros sufíes han trabajado codo con codo con la población musulmana, siempre han amado, luchado, llorado y alegrado con ellos, haciendo bueno el dicho del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – , que todos somos hermanos en el Din.

Nuestros maestros se han levantado antes que nadie, han limpiado los establos en las zawiyyas donde había animales, han cargado con sacos de leña y otras cosas, han cocinado para los fuqara, porque el estado del chayj es el perfecto maqam de ‘abd: servidor de Allah, y un siervo de Allah no puede enorgullecerse delante de nadie, ni hacerlo de sí mismo delante de Allah.

Aquel quien nos aconseja que debamos ser humildes debe ser el primero en serlo.

Lo exterior y lo interior se encuentran estrechamente ligados entre sí. De tal manera lo están que todos nuestros actos en el exterior tienen su reflejo en el interior y viceversa.

¿Cuál es el hilo conductor que liga entre sí dos mundos aparentemente inconexos debido a nuestro desconocimiento de uno de ellos? El hilo conductor es el Tawhid y la energía es la Luz.

Allah es la luz de los cielos y la tierra

Fijaos bien por favor en un pequeño detalle: cuando desarrollamos actividad durante el día, estamos o creemos estar, en el mundo del exterior. Sin embargo, cuando dormimos, el alma sale de nosotros y viaja por los siete cielos, trayéndonos a veces noticias de ellos mediante los sueños rabbani, criptados, pues deben tomar una imagen que el cerebro pueda aceptar. Una misma persona comparte los dos mundos simultáneamente. Son únicamente nuestras capacidades sensoriales las solas que nos impiden percibir las realidades ocultas durante el estado de vigilia.

La única cosa que impide a la persona el que caiga el velo de la limitación de las percepciones a las facultades sensoriales es la opacidad del corazón debido a la impureza de la que se encuentra revestida nuestra nafs.

Particularmente, siempre me ha costado trabajo no romper a reír a carcajadas cuando he leído sobre el simbolismo del círculo, del cuadrado, del triángulo en obras de personas que se hacían pasar por profesores de esoterismo, sufís de doctorado y de estrado con olor a rancio. Estas gentes perdidas, como por ejemplo Shuon, y el mismo Guénon, proponían que para transcender a lo esotérico era necesario concentrarse en determinadas figuras geométricas, que, por arte de bili birloque nos llevarían a un conocimiento supra racional. Pienso que hay que ser muy mediocre e infantil pare necesitar de dichas figuras a fin de entrar en un mundo, que sin que nosotros lo supiéramos se encontraba dentro de nosotros de manera potencial.

Pero la cosa no queda ahí, cuando observamos las mismas figuras, menos rígidas en las pretendidas doctrinas esotéricas hindúes, en las que lo esotérico no es otra cosa que un término sin contenido, y una “realidad” ficticia e ilusoria.

Nosotros los musulmanes, los sufís, no necesitamos ni cuadrados, ni mandalas, ni triángulos, ni círculos, ni esto ni lo otro. Nuestro método es limpiar el espejo de nuestro corazón practicando y comprendiendo el Corán y la Sunna e invocando a Aquel que no tiene forma, ni tiempo, ni lugar, siendo como es, Creador de la forma, del lugar y del tiempo.

Resumiendo pues, la dicotomía esoterismo-exoterismo no existe en realidad; es una propuesta totalmente masónica, sin correspondencia alguna ni en el Islam, ni en el Sufismo.

 Simplemente se trata de diferentes niveles de comprensión de la verdad única y trascendente: El Tawhid.