17 junio 2024
Sufismo

El error de sugerir que la purificación del nafs se ejecuta a través de los valores morales.

El error de sugerir que la purificación del nafs se ejecuta a través de los valores morales.

Este craso error procede del deseo del nafs de algunos que desearían reducir la purificación del nafs que les domina al cumplimiento de las normas de un catecismo islámico de la moralidad.

Esto es porque quienes lo proclaman carecen de los escrúpulos suficientes para respetar lo que es sagrado y reverenciar el Conocimiento y el acercamiento a Allâh – exaltado sea-, su metodología y su ciencia.

Nada más fácil de desmentir esta clase de proclamas que remitir a la Surat la Caverna[1]. En ella, se relata el episodio del encuentro de sayyidinâ Mûsâ y sayyidinâ al Jadir. De este pasaje se deduce que la Ciencia se enseña y trasmite de un sabio a otro. ¿Cómo podría ser de otra manera, cuando a pesar de que Mûsâ era el confidente de Allâh debió ir a aprenderla de al Jadir? Esto es de una evidencia tan extraordinariamente clara que aún da vergüenza ajena recordárselo a aquellos que niegan la figura sagrada de un maestro.

Estas gentes comprenden la Religión a medias y pretenden adaptarla a su escasez de conocimientos. Con ello hacen daño al honor del conocimiento islámico, que es un mar sin orillas, a la par que desvían a los descuidados que caen bajo su auspicio.

Ellos comprenden que el auditorio les aplaudirá mucho más si se presentan con gesto compungido y fingida educación. Su finalidad es la de hacer pensar a otros que son gentes llenas de bondad. ¿Qué bondad existe en mentir sobre religión, aunque ello se haga “educadamente”? ¿No llamar a esto mejor “introducción a la hipocresía” cuando no “hipocresía de pleno derecho? De momento, dejémoslo en ignorancia profunda.

Dijo – el Profeta  sobre él la plegaria y la paz –

La Verdad es la espada de Allâh en este mundo

La Verdad, guste o no, sigue siendo Verdad. No hay una Verdad adaptable al gusto de nadie. Existe una Verdad con mayúscula que se expresa en cada nivel de existencia y de conocimiento según las circunstancias. Podríamos decir que las verdades que se manifiestan proceden directamente de la Verdad eterna y esencial.

“No hay nadie que posea la Verdad absoluta”, se dice de manera ignorante, pretendiendo asegurar con ello que no hay sabios y hombres de Conocimiento.

Nadie posee la Verdad, pero sí la conoce, la representa, la comunica, vive con ella y la manifiesta con sus palabras y actos. Decir lo contrario, es negar que Allâh hace salir a los creyentes de las tinieblas a la luz. Consecuentemente, es negar el Corán.

Dicho esto, para así evitar controversias innecesarias, y retornando sobre la purificación del Nafs, debemos decir, en honor a la Verdad, que ésta es imposible sin la ayuda de un verdadero maestro. Y aseguramos que esto lo dice el Corán en el episodio mencionado en el que se encuentran Mûsâ y al Jadir.

Por otra parte, el ámbito de enseñanza en el que se acomete la purificación del nafs, no es otro que lo que se ha dado en llamar una Tariqa.

Claro que, no hay que entender por una Tariqa un grupo más o menos numeroso de gente organizada alrededor de un maestro. Una tariqa no es eso.

Se trata de un recinto sagrado en el que se reúnen todos los elementos necesarios para que el aspirante al Conocimiento llegue a educar y purificar su nafs. Y aquí no se trata de unlugar físico, ni de un grupo de camaradas que se reúnan con el mismo fin.

En este recinto sagrado se manifiestan la Luz y la Guía de Allâh y de Su Profeta. La Tariqa tiene guardianes de naturaleza angélica y de ŷunun salihin. Es un recinto sagrado y seguro. En él, aquel quien dispone de una sinceridad a prueba podrá sortear todos los obstáculos, que sin duda encontrará a su paso. No olvidemos que el šaytan nos espera al borde del camino y que es la Tariqa la que nos protegerá de él.

Hace poco estuvimos en Mawlay Abdessalam, ese lugar tan frecuentado del Norte de Marruecos. Allí se encuentra enterrado el célebre maestro ˤAbdu-s-Salam Ibn Mašiš, maestro a su vez del Imâm Šadili – que Allâh esté satisfecho de ambos – . Una vez allí, inquiriendo sobre ese magnífico árbol, que saliendo de su tumba seguía dando sombra a unos 100 m2, supe que ese árbol nació en su ombligo el día que se procedió a su entierro. De esto hace ya ochocientos años.

Al igual que una madre utiliza el cordón umbilical para dar de comer a su hijo cuando éste se encuentra en su vientre, el Šayj Abdessalam dio sombra a las generaciones que vinieron después de él, y ese cordón umbilical continúa ejerciendo su función hasta nuestros días.

Digo esto para ilustrar el hecho de que una Tariqa, si es verdadera, debe cumplir con el requisito indispensable de descender en herencia del Profeta mediante una cadena ininterrumpida de maestros, que, del uno al otro, se transmiten el Conocimiento.

Si queremos pues acercarnos a Allâh es absolutamente necesario e imprescindible hacerlo a través de una Tariqa. No hay otra solución.

Dicha Tariqa puede estar incluso compuesta de dos personas: maestro y discípulo. Lo esencial es que el maestro sea auténtico y el discípulo sea sincero. El maestro de Sidi ˤAlî al Ŷamal solamente tuvo un discípulo: Mawlay al ˤArabi a-d-Darqawi. Esto nos da una idea de la naturaleza de las cosas de las que estamos tratando aquí.

Aquellos que dicen que la espiritualidad se remite a adquirir un catálogo de virtudes engañan a los musulmanes de manera burda y retratan la cortedad de su entendimiento; la poca entidad de sus personalidades; la ausencia total de credibilidad. Si para decir esto, como alguno hace, se pone el cómico apodo de “šayj”, entonces a su falta al honor del Islâm añade la profundidad de su ignorancia y el apego a ese nafs que él mismo dice poder purificar mediante su peculiar catecismo. La mentira no puede llegar lejos.


[1] Surat 18 del Corán.