17 junio 2024
CeutaNuevos Musulmanes

El encuentro sagrado entre Musa y Al Jadir

Abdul karim Mullor

El encuentro sagrado entre Musa y Al Jadir

Es comprensible que casi todos los comentaristas del Corán de todos los tiempos hayan pasado de puntillas ante este episodio santo que Allâh relata en Su Libro Noble. ¿Quién podría comprender sencillamente el contenido y significado de todas estas aleyas que relatan un encuentro históricamente correcto, pero a su vez pleno de significado y de relevancia?

Por otro lado, referirse a estas aleyas sería una auto inculpación para aquellos quienes pretender argumentar que la Ciencia del Jadir (Ilm ladunâ – Ciencia procedente de Nos) no forma parte del Islâm. Como el mismo Corán les contradice y desvela su ignorancia, nunca hablan de ello. ¡Pobres!

Hemos dicho en otras ocasiones que un hadiz que se encuentra en el Saḥiḥ Bujari denota que cada aleya del Corán posee siete significados superpuestos. El mismo Šayj Al ˤAlawi – que Allâh santifique su secreto – en su “Palabra certera para aquél que critica el Sufismo[1]cita otros hadices en el que se dice que incluso los significados podrían alcanzar el número de setenta, y que cada aleya se refiere a lo particular y a lo universal.

Y cuando Musa le dijo a su criado: No cesaré hasta alcanzar la confluencia de los dos mares o haber andado durante mucho tiempo.(61)
Y cuando llegaron a la confluencia de los dos mares se olvidaron del pez que tenían y éste tomó su camino hacia el mar como a través de un túnel.(62)
Y una vez hubieron cruzado le dijo al criado: Trae nuestra comida pues a causa del viaje nos hallamos fatigados.(63)
Dijo: Mira lo que ha pasado: Al guarecernos en la roca me olvidé del pez, sólo el Shaytán me hizo olvidarme de él, y éste emprendió su camino hacia el mar prodigiosamente.(64)


Dijo: Eso es lo que estábamos buscando y volvieron sobre sus pasos rastreando. (65)
Así dieron con uno de Nuestros siervos al que le habíamos concedido una gracia procedente de Nosotros y al que habíamos enseñado una ciencia de Nuestra parte. (66)
Musa le dijo: ¿Puedo seguirte para que me enseñes una guía recta de lo que se te ha enseñado? (67)
Dijo: Realmente no podrás tener paciencia conmigo. (68)
¿Cómo podrías tener paciencia con algo de lo que no puedes comprender lo que esconde? (69)
Dijo: Si Allâh quiere me hallarás paciente y no te desobedeceré en nada. (70)
Dijo: Si me sigues no me preguntes por nada si yo no te hago mención de ello. (71)
Así partieron hasta que cuando habían subido en una embarcación, le hizo un agujero. Entonces dijo: ¿Lo has hecho para ahogar a los que van en ella?
Realmente has cometido algo grave. (72)
Dijo: ¿No te dije que no podrías tener paciencia conmigo? (73)
Dijo: No me tomes en cuenta mi olvido ni me impongas algo difícil. (74)
Y se pusieron a andar hasta que dieron con un muchaho al que mató, dijo: ¿Has matado a un ser puro sin haber sido a cambio de otro? Realmente has cometido un hecho reprobable. (75)
Dijo: ¿No te dije que no podrías tener paciencia conmigo? (76)
Dijo: Si en lo sucesivo vuelvo a pedirte explicaciones no dejes que te acompañe más, mis excusas ante ti se han agotado. (77)
Y así partieron hasta que llegaron a la gente de una ciudad a los que pidieron de comer pero ellos se negaron a darles hospitalidad.
Allí encontraron un muro que amenazaba derrumbarse y lo enderezó.
Dijo: Si quisieras podrías pedir un pago por ello. (78)


Dijo: Esta es la diferencia entre tú y yo.
Voy a decirte la interpretación de aquello con lo que no has podido tener paciencia: (79)
En cuanto a la embarcación, pertenecía a unos pobres que trabajaban en el mar y quise estropearla porque los perseguía un rey que se apropiaba a la fuerza de todas las embarcaciones. (80)
El muchacho tenía padres creyentes y temíamos que les obligara a la rebelión y a la incredulidad. (81)
Y quisimos que su Señor les diera a cambio uno mejor que él, más puro y más propenso a la compasión. (82)
Y en cuanto al muro, era de dos muchachos de la ciudad que eran huérfanos y debajo del mismo había un tesoro que les pertenecía.
Su padre había sido de los justos y tu Señor quiso que llegaran a la madurez y pudieran sacar su tesoro como una misericordia de parte de tu Señor; no lo hice por mi cuenta. Esta es la interpretación de aquello con lo que no pudiste tener paciencia. (83)

Comentario a este pasaje

Una exégesis completa de este pasaje podría dar para escribir un libro bien pertrechado. No obstante, hemos querido simplificarlo a fin de que se comprenda al menos una parte del alcance de este magnífico episodio.

Algunos recitan todos los viernes la Surat al Kahf, es cierto, pero casi nadie comprende su significado, convirtiéndose la dicha recitación en un cuerpo sagrado sin su sagrada alma. El cuerpo solo por sí mismo necesita del Ruḥ (espíritu) que le de vida y razón de ser.

Esto dicho, procedamos a dar una explicación que constará de dos fases:

La primera es general y delibera sobre la envergadura del hecho en sí y las mínimas conclusiones que es necesario extraer de él.

La segunda consistirá en ofrecer una explicación significativa de cada uno de los actos de Al Jadir que Mûsâ – sobre ambos la paz – no llegaba a comprender.

Primera fase

Este acontecimiento en el mismo nos demuestra la existencia de dos ciencias diferenciadas. Dos ciencias, ambas procedentes de Allâh Todo Misericordioso. La primera de ellas es la de sayyidina Mûsâ, ya que él recibió la Torá en el monte Sinaí. En ella se concedía al pueblo de Bani Israil unas normas de adoración y de vida.

La otra ciencia, Allâh Mismo la cita, diciendo:

Así dieron con uno de Nuestros siervos al que le habíamos concedido una gracia procedente de Nosotros y al que habíamos enseñado una ciencia de Nuestra parte.

Una ciencia de nuestra parte en árabe se dice ˤIlm ladunâ. ˤIlm significa “ciencia” y ladunâ “de parte de Nos”. Este Nos divino ha pasado a llamarse Mi por el uso, por lo cual esta ciencia se ha dado en llamar Ladunî, es decir, procedente de Mi (de Allâh).

Así dicho, queda demostrado fehacientemente que Allâh ha revelado dos ciencias. Una para el pueblo en general y otra para aquellos que, como Mûsâ buscan aventurarse en su comprensión. Esto lo demuestra el hecho de que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – hablaba y enseñaba a cada uno según su capacidad de comprensión y nos animaba a todos a hacerlo.

Por otra parte, nos encontramos con un elemento cuya importancia es fundamental, a saber: “la confluencia de los dos mares”.

La dicha confluencia nos lleva directamente a estas dos ciencias que acabamos de citar. Ambas confluyen, es cierto, pero no se mezclan. Confluyen de tal manera que para llegar a un mar hay que transitar por el otro.

Y cuando llegaron a la confluencia de los dos mares se olvidaron del pez que tenían y éste tomó su camino hacia el mar como a través de un túnel.

Ellas son el mar de la Ley Revelada (Šari’a) y el mar de la Ciencia procedente de Nos. Esta última ha tomado varios nombres, pasándose a llamar “Ciencia del Interior” o “Tasawwuf (Sufismo)”. A pesar de que los nombres son diferentes, ella sigue siendo la misma.

Pasó a Dawwud y Sulayman, entre otros, y ha alcanzado su punto álgido con el mejor de los seres creados, Sayyidinâ Muḥammad – ˤalayhi-ṣ-ṣalatu wa-s-salam-. Y él nos la ha transmitido a nosotros a través de una cadena ininterrumpida de sabios expertos en esta ciencia sagrada que transforma y limpia los corazones.

Y aquí terminamos con el comentario de la primera fase, aunque, como hemos dicho, podríamos hacerlo de una manera más detallada. No obstante, consideramos que si se comprendieran los puntos que acabamos de aclarar sería ya suficiente en primera instancia.

Segunda fase

Primeramente encontramos el prodigio del pez que tomó vida cuando desde la fuente[2] se precipitó en el mar.

Y cuando llegaron a la confluencia de los dos mares se olvidaron del pez que tenían y éste tomó su camino hacia el mar como a través de un túnel

Ese túnel, que hoy en día sigue existiendo, significa el renacimiento del “nafs al lawama” (el nafs que se autocritica) y su conversión en “nafs al mutmainna” (alma aceptable y aceptada por Allâh). Efectivamente, ella, antes de precipitarse por el túnel estaba prácticamente muerta al mundo del Conocimiento. Al llegar al mar de la “Ciencia del Interior” se precipitó en él para gozar de su verdadera vida (Y Allâh sabe más).

¡Oh alma sosegada! (28) Regresa a tu Señor, satisfecha y satisfactoria.
(29)
Y entra con Mis siervos, (30) entra en Mi Jardín. 

Surat La Aurora (Al Faŷr)

En cuanto a la embarcación, pertenecía a unos pobres que trabajaban en el mar y quise estropearla porque los perseguía un rey que se apropiaba a la fuerza de todas las embarcaciones.

Esta embarcación significa el transporte sagrado que lleva a sus tripulantes al conocimiento de la Ciencia procedente de Nos. El rey injusto es una entidad que se encuentra en el mundo del Malakut. En este mundo del Malakut se encuentran los ángeles; pero asimismo en él moran los demonios, los genios y los magos. Es del Malakut que habían aprendido los magos del Faraón, aquellos que hicieron creer a todos que sus bastones reptaban.

Es, en el mundo del Malakut que se extravían aquellos cuyas cualidades no son aceptables para aprender esta Ciencia que Allâh ha sacralizado en el Corán. Aquellos tripulantes que no atesoran en ellos las cualidades suficientes para emprender este camino serán absorbidos por los peligros de ese mundo intermediario. Perecerán, pues el conocimiento de esta ciencia no les está destinado debido a que su nafs no es capaz de ser purificada.

El muchacho tenía padres creyentes y temíamos que les obligara a la rebelión y a la incredulidad.

Y quisimos que su Señor les diera a cambio uno mejor que él, más puro y más propenso a la compasión.

En cuanto a este episodio, que de hecho, es el más difícil de comprender por la gran mayoría, podemos decir que la muerte se refiere al shaytan que llevaba dentro. Allâh lo quiso cambiar por otra alma mejor, para que llegado a una cierta edad tiranizara a sus padres creyentes.

Podemos considerar dos posibilidades:

Una, que Al Jadir diera muerte al niño por Orden de Allâh.

Otra que los dos niños, el que iba a ser malvado de mayor y el puro fueran una y la misma persona, una vez que la maldad fuera transformada en pureza por el acto de Al Jadir.

Esta última posibilidad nos transporta a la transformación interna que experimenta el que aprende esta ciencia:

Morid antes de morir – decía el Profeta.

Y en cuanto al muro, era de dos muchachos de la ciudad que eran huérfanos y debajo del mismo había un tesoro que les pertenecía. Su padre había sido de los justos y tu Señor quiso que llegaran a la madurez y pudieran sacar su tesoro como una misericordia de parte de tu Señor; no lo hice por mi cuenta. Esta es la interpretación de aquello con lo que no pudiste tener paciencia.

Este muro no es otro que la estructura que guarda y enseña la Ciencia. La Ciencia es el tesoro que poseía el padre de los niños y que les sería transmitida cuando les hubiera llegado la edad.

Al igual que la Ciencia procedente de Nos le fue transmitida a Mûsâ de parte de Al Jadir, ella lo es de un detentor a otro de manera ininterrumpida hasta nuestros días.

Ese muro, en el día de hoy, toma el nombre de Tariqa, que es el ámbito en el que se enseña y aplica la Ciencia del Interior. Este ámbito pues, representa dos factores fundamentales:

Uno es el de velar la Ciencia a aquellos que no son capaces, recordemos la embarcación hundida por Al Jadir.

Otro es representado por el tesoro escondido que solamente puede pertenecer a aquellos quienes son sus legítimos poseedores. Aquellos que se han dado por entero a Allâh, por Allâh, con Allâh y por la causa de Allâh.

Y Allâh sabe más.


[1] Podéis encontrar este libro, que yo mismo traduje, en formato pdf en la sección Biblioteca de Esislam.

[2] Los historiadores andalusíes, así como el arqueólogo ceutí José Manuel Pérez Rivera, consideran que dicho encuentro tuvo lugar en Ceuta, a medio camino entre Benítez y Benzú. Allí estuvimos nosotros llenando recipientes de agua y allí tuvimos un peculiar encuentro. Alguna gente de Ceuta, que no son musulmanes, relatan los sorprendentes encuentros que han tenido con un personaje que no ha de ver en absoluto con aquellos que poblamos la ciudad.