El emplazamiento del alma

Capítulo de la obra «El secreto de los secretos» de Abdul Qadir Yilani

Traducido y comentado por Abdul Karim (José Luis) Mullor

A-s-salamu ˤalaykum – La paz sea sobre vosotros

Me he permitido traducir para vosotros este capítulo de la obra de Abdul Qadir Ŷilani titulada “Sirru-l-asrar” (El secreto de los secretos).

Abdul Qadir Ŷilani (1077-1166) nació en Guilan, pequeña ciudad a 40 kmts. De Bagdad y murió en Bagdad. Era miembro de la descendencia del profeta Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz -, y ha sido uno de los más eminentes ulama y sufís de la época. Es más, Ŷilani es una de las mayores figuras del Sufismo de todos los tiempos; hablar de él es hablar de uno de los 10 sabios más eminentes que jamás llegó a tener la Umma de Muḥammad.

Estudió jurisprudencia hanbali bajo la tutela de Abu Saˤid Mubarak Majzumi; la ciencia del ḥadiz de Abu Yaˤfar al Sarraŷ; y el Sufismo de su maestro Abu-l-Jayr Hammad Ibn Muslim al Dabbas. En 1127, tras años de retiros y viajes, enseñó el ḥadiz y el tafsir del Corán en Bagdad. Paralelamente enseñaba el Tasawuf a algunos de sus discípulos del Fiqh, quienes llegaron a ser centenares

Ŷilani se distinguió por el gran número de conversiones de cristianos y judíos que suscitó para el Islam. En algunos casos de manera tan prodigiosa que este asunto merecería ser el objeto de un libro aparte.

Recopiló asimismo una colección de hadices aún no traducida a las lenguas occidentales, debido a su calidad de sabio del Ḥadiz.

En cuanto a la obra, «Sirru-l-‘asrar», se trata de una obra maestra del Tawhid. En ella Yilani nos muestra cómo se produce y se desarrolla esa doctrina de la Unicidad en el seno del aspirante al conocimiento. Mientras Ibn ˤArabi relata dicha doctrina desde un plano más abstractivo, Ŷilani nos acerca a ella de una manera más didáctica, reflejándola directamente en la naturaleza humana y en sus posibilidades potenciales de desarrollo. Para ello, se apoya en todo momento en el Libro de Allâh y la Sunna del Profeta a fin de, en su calidad de ˤalim (sabio) de la Jurisprudencia islámica, demostrar que cuanto dice se encuentra reflejado en el Corán y en la Sunna. Paralelamente, por otra parte, demuestra que todo cuanto dice lo extrae de un conocimiento singularísimo, así como profundo de estas dos fuentes, en las cuales se encuentra todo cuanto es necesario para el Conocimiento total, tanto en este mundo como en el Otro.

El texto

El emplazamiento del alma humana, el alma de la vida, en el interior del cuerpo es el pecho[1] Este lugar se encuentra ligado a los sentidos: Su dominio de acción es la Religión y su trabajo consiste en seguir los preceptos de Allah. Por medio de estos preceptos, Allâh conserva el mundo visible en armonía y orden. El alma, conformándose a las obligaciones prescritas por Allâh, no reivindica sus acciones como siendo suyas en propiedad, pues ella no está separada de Allâh. Sus acciones proceden de Allâh, y no existe separación entre “yo” y Allâh en sus acciones y devociones.[2]

así pues, el que espere el encuentro con su Señor que actúe con rectitud y que al adorar a su Señor no Le asocie a nadie. (18-110)

Allâh es Uno, y El ama lo que se encuentra unificado y es uno[3]. Él quiere que toda devoción y todo acto justo, que El considera como una devoción, no pertenezcan en exclusividad a nadie sino a Él. Consecuentemente, el hombre no debería tomar en consideración el hecho de que las gentes aprueben o desaprueben sus acciones; no debería ni tan siquiera actuar en vista de un beneficio de este mundo. Sus acciones no habrían de existir sino por amor de Allâh. Hay estados inspirados, los cuales podemos ver en este mundo, que son la prueba de la existencia de Allâh; de la manifestación de Sus atributos; la unidad oculta detrás de la multiplicidad; la verdad detrás de las apariencias, y la proximidad de su Creador; he aquí las recompensas a estas acciones y devociones justas y desinteresadas. No obstante, todo esto pertenece aún a este mundo material[4] que se extiende desde el suelo que se sitúa debajo de nuestros pies hasta los cielos. Es también a este mundo que pertenecen los milagros que pueden aparecen en algunos, tales como: andar sobre las aguas, volar por los aires, viajar largas distancias en breve tiempo, escuchar sonidos o ver imágenes procedentes de lugares lejanos o visualizar pensamientos ocultos[5]. Como retribución de las acciones justas es posible que puedan esperarse recibir recompensas en el más allá, tales como: palacios en el Paraíso, jóvenes sirvientes, la compañía de vírgenes eternas, leche, miel, vino y todos los otros beneficios que se encuentran en el Paraíso. Y estas no son, sin embargo, nada más que las generosidades del primer nivel del Paraíso, el Paraíso terrestre.

El emplazamiento del alma en movimiento[6] es el corazón; su dominio es el conocimiento del camino espiritual. Su trabajo es relativo a los cuatro primeros Nombre de la Belleza de la Esencia de Allâh. Al igual que el resto de los doce Nombres de la Esencia de Allâh, estos cuatro Nombres no tienen ni letra ni sonido, de tal manera que no pueden ser pronunciados. Allâh Altísimo dice:

Di: Llamad a Allah o llamad al Misericordioso, como quiera que Le invoquéis, Él tiene los nombres más hermosos. 17-110

Y Allah posee los nombres más hermosos. Llamadlo con ellos… 7-180

Las palabras de Allâh ponen el acento sobre lo que debería constituir la principal ocupación del hombre: conocer los Nombres divinos. Esto es entonces el conocimiento del ser interior de cada uno. Si este conocimiento es adquirido, entonces se alcanzará al nivel de la sabiduría divina[7]. Y es de esta manera que el conocimiento del Nombre de la Unidad llegaría a ser completo.

Nuestro maestro, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo a propósito de los Nombres divinos:

Allâh Altísimo tiene noventa y nueve Nombres. Quien los aprenda irá al paraíso.

Y dijo igualmente:

El conocimiento es uno. Y luego, los hombres de conocimiento han hecho de él un millar.

Esto significa que el Nombre que pertenece a la Esencia no es sino uno; y él se refleja en millares de atributos para aquellos que lo reciben.

Los doce Nombres divinos[8] se encuentran implícitos en el interior del origen del Testimonio de la Unidad, lâ ilâha ‘illâ Allâh (No hay divinidad sino Allâh). Cada uno de ellos está contenido en una de las doce letras de esta frase. Allâh Altísimo ha otorgado un Nombre particular a cada letra que se desarrolla dentro del corazón. Cada uno de los cuatro reinos que el alma atraviesa lleva igualmente tres Nombres. Allâh Altísimo, de esta manera, mantiene firmemente en el amor el corazón de los que le aman: Él dice:

Allah da firmeza a los que creen por medio de la palabra firme en la vida de este mundo y en la Última. 14-27

Después Él les hace don de Su Intimidad. El instala el árbol de la unidad en sus corazones; árbol este, cuyas raíces se sumergen hasta siete niveles y cuyas ramas alcanzan hasta el séptimo cielo, el Trono divino y más arriba aún. Allâh dice:

¿Acaso no ves cómo Allah compara la buena palabra con un árbol bueno cuya raíz es firme y cuyas ramas están en el cielo? 14-24

El lugar del alma en movimiento se encuentra en el seno de la vida del corazón. El reino angélico se encuentra continuamente al alcance de su visión. Ella puede ver el Paraíso de este reino, sus habitantes, su luz y todos los ángeles que se encuentran en él. El discurso del alma en movimiento es el discurso del mundo interior, sin palabras, sin sonido. Sus pensamientos se tornan constantemente hacia los secretos de los sentidos ocultos. Su lugar se encuentra en el Ajira, después, su retorno es el Paraíso del Naˤim, el jardín de las delicias de la Gracia de Allâh.

El emplazamiento del alma sultana, donde ella reina, es el centro del corazón, el núcleo del corazón. Su misión es la de abarcar todo el conocimiento divino, que es el vehículo de una verdadera adoración, explicado con el lenguaje del corazón. El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho:

El conocimiento consta de dos partes. Una, reposa sobre la lengua, y él es la confirmación de la existencia de Allâh. El otro se encuentra en el corazón del hombre. Este es el necesario para que el hombre realice su objetivo.

El conocimiento verdaderamente beneficioso no se encuentra sino es en el marco de la actividad del corazón. Tal y como lo ha dicho el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -:

El santo Corán posee un sentido externo y otro sentido interno.

Allâh Altísimo ha revelado el Santo Corán en diez estratos de sentidos ocultos. Cada significado es sucesivamente más beneficioso que el precedente, desde el momento en el que se encuentra más próximo a la fuente de la verdad. Los doce Nombres divinos que pertenecen a la Esencia de Allâh son comparables a las doce fuentes que manaron de la piedra cuando el profeta Mûsâ – la paz sobre él – la golpeó con el cayado.

Y cuando Musa pidió que se diera de beber a su pueblo y dijimos: Golpea la piedra con tu vara. Brotaron de ella doce manantiales y cada uno supo donde debía beber. 2-60

El conocimiento exterior de las apariencias es como el agua de la lluvia, que viene y luego desaparece, mientras que el conocimiento interior es como una fuente cuyo manantial no se seca nunca. Allâh dice:

Tienen un signo en la tierra muerta a la que vivificamos y hacemos que en ella broten semillas de las que coméis. 36-33

Allâh ha creado un grano, una semilla en los cielos. Esta semilla se ha convertido en la fuerza del animal y del hombre. Él ha creado asimismo una semilla en el reino de las almas (ˤalam anfus); es la fuente de la fuerza, el alimento del alma. Este grano es regado por la fuente de la sabiduría. Es así que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo:

Si alguno pasa cuarenta días en la sinceridad y en la pureza, la fuente de la sabiduría manará de su corazón hasta su lengua.

El beneficio de la alma sultana es el éxtasis del amor que ella experimenta observando la manifestación de la belleza, la gracia y la perfección de Allâh; tal y como Allâh así lo confirma:


Le enseña alguien de gran poder y fortaleza. Que tomó su verdadera forma sobre el horizonte más alto. Y se acercó y se humilló. Y estuvo de Él a la distancia de dos arcos o aún más cerca. Y Le inspiró a Su siervo lo que Le inspiró. No mintió el corazón en lo que vio.
(53: 5-11)

El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – describe este estado de otra manera:

El creyente es el espejo del creyente

En esta frase, el primer “creyente” representa al corazón del perfecto adorador, y el segundo “creyente”, que se refleja en el corazón del creyente, es Allâh Altísimo Mismo. Allâh se otorga a El Mismo el Nombre de “Creyente” en Su Corán:

Él es Allâh. No hay dios sino El….el Creyente (59-23)

El hogar de la alma sultana en el más allá es el Firdaws – el Paraíso celeste.

La estación donde reina el espíritu santo[9] es el lugar secreto que Allâh ha construido para El Mismo en el centro del corazón, donde Él ha depositado Su Secreto (sirr) para que allí sea guardado. El estado de esta alma es descrito por Allâh hablando por medio de Su Profeta – sobre él la plegaria y la paz – :

El hombre es Mi secreto y Yo soy el secreto del hombre.

Su dominio es la verdad que se obtiene realizando la unidad; tal es su misión. El transforma la multiplicidad en unidad recitando continuamente los nombres de la unidad en el lenguaje del secreto divino. No se trata de un lenguaje audible exteriormente.

Y si elevas la voz, El conoce ciertamente los secretos más ocultos (20-7)

Solamente Allâh comprende el lenguaje del espíritu, sólo Allâh conoce su estado.

El beneficio de esta alma es la visión de la creación primigenia. Lo que ella observa, es la belleza de Allâh. A ella pertenece la visión secreta. Pues ver y oír no hace sino uno. En lo que ella contempla no existe ni comparación ni parecido a cualquier otra cosa. Ella ve los atributos de Allâh de poder y de cólera como si no fueran más que uno solo. Asimismo ella observa Sus atributos de belleza, gracia y misericordia.

Cuando el hombre alcanza su objetivo, su país natal, y que encuentra la inteligencia causal, su espíritu de este mundo, que hasta entonces le había dirigido, permanece bajo control: su corazón se inunda de temor reverencial, su lengua se encuentra sellada. No encuentra la fuerza de dar detalles sobre su estado, porque Allâh está exento de todo parecido con cualquier cosa que se pueda imaginar.

Cuando cuanto acaba de ser dicho aquí alcance los oídos de aquellos que conocen[10], puede ayudarles primeramente a comprender cuál es su nivel de conocimiento. Que ellos presten toda su atención a la verdadera realidad de las cosas que ellos conocen,  antes, ni tan siquiera, de que se propongan levantar sus vistas hacia nuevos horizontes, a fin de que puedan llegar al nivel del conocimiento de la divina providencia. Puedan ellos no renegar de todo cuanto aquí ha sido dicho, y buscar la sabiduría para encontrar la unidad, la identidad. Esto es lo esencial.


[1] Entendido este como un lugar donde se encuentran la personalidad y el Ego.

[2] Siempre y cuando, claro está, se conforme a los designios divinos. En caso contrario estas facultades no pueden serle concedidas.

[3] Todo lo múltiple en apariencia es uno cuando se concilian los opuestos

[4] El mundo material tal y como es concebido en el Sufismo no es equivalente al « mundo de los cuerpos ». Desde el punto de vista del Tasawwuf es considerado como material, además de los cuerpos en sí, los sentidos, la psique con sus impresiones y vivencias; es decir, todo cuanto cae en el dominio de la vida cotidiana del ser humano.

[5] Algunos de estos atributos son así mismo susceptibles de ser mostrados por magos y demonios; es por eso que Ŷilani los enumera en el nivel de lo material, ya que no son prueba definitiva ni de pureza ni de capacidad espiritual.

[6] Es decir, el alma capaz de transformarse, de viajar a través de los estados (maqamats).

[7] Como dice el Šayj al ˤAlawi: Si hubiera de haber otro que El, ese Otro no sería sino El Mismo.

[8] Nombre de Esencia tales como A-r-Rahman, al Quddus, A-s-Salam…. Los cuales son susceptibles de ser detentados solo por Allâh.

[9] No se debe confundir con el espíritu santo del cristianismo, sino con el soplo Divino en su Esencia (no en su manifestación) con el cual Allâh dio vida a Adam y consecuentemente al Ser Humano.

[10] Esta frase se encuentra dirigida tanto a los sabios en Jurisprudencia como a aquellos que siguen el camino del Tasawuf a fin de que hagan introspección y realicen la comprensión de cuál es su estado real.