El discreto encanto de la “Sufiología”

Abdul Karim Mullor

El discreto encanto de la “Sufiología”

¡Que no cunda el pánico!

El término Sufiología no existe, y puede que nunca vea la luz. La acabo de inventar, y lo he hecho con la sana intención de iniciar un discurso, no exento de ironía, a fin de ir preparando a los lectores a un anunciado escrito que, Dios mediante, presentaré en el mes de Ša’aban, días antes de Ramadán.

Siempre los sufís se han caracterizado por su entrega a Allâh. De igual manera, ellos son conocidos por su desdén hacia los bienes de este mundo, por su amor al Islâm, al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – a Allâh y por ser misericordiosos con las gentes. Ellos siempre han perdonado las ofensas, pero nunca dejaron de decir la Verdad delante incluso de los mismos reyes. Porque eran y son sabios.

La sabiduría eleva al esclavo al rango de los reyes.

Nunca aceptaron un dinero de dudosa procedencia, y esta ha sido una característica propia de este sagrado camino.

Hoy, un grupo de desraizados de la Verdad, de proscritos del honor, de osados contorsionistas circenses, de buscadores de oro y plata, de buceadores en los procelosos mares de las falacias y los engaños, se proclaman sufís, utilizando este sagrado término para alimentar sus fines espurios.

Producen risa, y da pena verlos. Ellos son la antítesis completa de lo que debe ser alguien que se identifique con el puro y limpio nombre de sufí. Ya algunos compañeros del Profeta, en un número cercano a los 50 eran llamados Ahlu-s-Sufa.

Pero estos sufís de “charanga y pandereta” de hoy, en lugar de no aceptar dinero sospechoso, viven del engaño. Exigen dinero para, intentar al menos, engañar a cándidos y/o desinformados.

En lugar de amar al Islâm, afirman que todas las religiones son válidas. Echando un órdago irreverente al libro de Allâh y la Sunna del Profeta, aseguran absolutamente lo contrario de lo que ambos dicen. Siguen el ideario masón, pero no el Islam.

Ya se adornen con trajes de payaso, ya lo hagan con bastoncitos, rosarios, turbantes, gorritos verdes, capas de Peter Pan y otros complementos sacados de los cuentos de hadas, ellos son lo que son: un cuerpo sin alma, gente sin corazón.

Umar Ibn al Jattab – que Allâh esté satisfecho de él – en una ocasión, repartió los bienes del botín de una batalla ganada contra los persas. Durante el reparto hizo cortar unas piezas de tela en trozos iguales para cada uno de los combatientes, entre los que se encontraba él. Él era alto, y su pieza no era lo suficiente grande para hacerse una prenda. Entonces hizo cortar otro trozo de otra pieza para coserla a la repartida en el botín, y así hacerse una túnica. Es conocido que él, siendo jalifa, no cambiaba una prenda sin haberla parcheado de antemano.

Pero estos de hoy se hacen las piezas a medida para dar una imagen que sus propios rostros desmienten. Pues quien tiene luz en el corazón bello es. Al contrario, quien está ausente de ella refleja todas las enfermedades de su corazón en su propia faz.

En lugar de ser misericordiosos como el profeta lo era, sujetan firmemente el cazo para recibir; así firmemente y boca arriba. Algunos viven de lo que les dan sus jefes, que ya hablaremos de quienes son y de donde vienen. Los más aduladores del jefe llegan incluso a construirse lujosas moradas. Y aun así, siguen pasando el cepillo para que los cándidos les llenen las manos de esa calderilla que los verdaderos sufís detestan.

Dijo el Profeta – ˤalayhi-ṣ-ṣalatu wa-s-salam – que quien mienta asiduamente es considerado como un mentiroso, y en consecuencia su morada será el fuego. Y en este hadiz hablaba de la mentira sin más. ¿Qué no será cuando el blanco de la mentira es la religión y el acercamiento y conocimiento de Allâh?

Ya el Šayj Al ˤAlawi n su obra “El fruto de las palabras inspiradas” habla de quienes pretenden tener una cosa de Allâh sin ser verdad, como siendo de lo peor.

Quien no tiene pudor no tiene Imân (Fe)

Estos filibusteros de cuerda floja y corazón vacío se han inventado un sufismo propio de los comics de Ibáñez y de los tebeos de Asterix. Con toda la dureza de rostro que les caracteriza, dicen que dan clases de él.

Su enfermedad la quieren transmitir a propios y extraños. Es sabido que cualquier enfermo del corazón se molesta en el fondo de su ser cuando alguien se encuentra sano. Pero no realiza que éste con su actitud sin más, está denunciando las bacterias y los virus que les carcomen ese trozo de carne del que el Profeta dijo que quien lo tenga contaminado, todo él lo está.

Ni el diablo en sus momentos de inspiración llegó a imaginar semejante actitud. No olvidemos que el nafs es peor que setenta diablos. Y ellos enseñan a éste un arte churrigueresco que él antes no conocía. “Cosas veredes”.

Han puesto el cartelico de sufí a cualquier calentura de cabeza que les llega. No es de extrañar que mañana veamos en alguna parte “patinaje sufí” como disciplina olímpica. ¿Y por qué no? Respirar a lo sufi, correr a lo sufi, hacer dobladillo a lo sufi, o menú sufi primavera, y hasta torrijas de semana santa a lo sufí.

Los simpáticos hermanos Alvarez Quintero, muy sevillanos ellos, ya nombraron una de sus obras de comedia teatral como “La casa de tócame Roque”. Nombre este que le viene al dedo a algo que he visto por ahí con la designación aproximada de “Escuela señorial”, en árabe “Madrasa Rabbani”. ¿Y por qué no “Escuela diablesca” o “Madrasa chaytani”?

¿Y por qué no hablar de esa pareja de titiriteros que anda por todas partes con sus peculiares shows psicológicos sacando dinero a los que no tienen otra cosa que hacer?

El santo nombre de Sufismo ha sido ultrajado por cuatro cantamañanas que se dedican a hacer caja y a pasar el cepillo a fin de recuperar adeptos perdidos. Sus jefes les piden resultados, pues desde que murió el “cappo” están perdiendo adeptos, tal y como el agua sale por todas partes cuando la metes en un saco y no en un recipiente apropiado.

Continuará…