18 junio 2024
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El control de nuestras propias vidas

Abdul Karim Mullor

El control de nuestras propias vidas

Escuchamos, por un lado y otro, la consigna de que podemos ser maestros de nuestras propias vidas. Se nos mentaliza de que debemos y podemos controlar nuestras emociones y sentimientos como si fuéramos un producto terminado y programado. Un artículo fabricado en una empresa, convenientemente certificada por aquellos quienes pretenden dominar al Ser humano como si de un producto manipulable se tratara.

A decir verdad, la realidad resulta ser totalmente diferente, sobre y ante todo, desde el momento en el que  nada ha de ver ese concepto del Hombre con su realidad esencial. Él no puede tomar el control de su propia vida, ni interior ni exteriormente.

En cuanto al control externo se refiere, ello es mucho más fácil de demostrar, debido a las fuerzas que actúan sin que él tenga decisión alguna. Si analizamos todo lo que se refiere al aspecto interno, laposibilidad de ejercer un control sobre él se diluye en el momento que sabemos que en él cohabitan varias fuerzas antagónicas que forman parte de su naturaleza.

Es así, que dicho control de la propia vida se convierte en una imposibilidad de facto. Como seres humanos precisamos de una disciplina que facilite el desarrollo equilibrado de la vida. A pesar de que nuestro interior está habitado por varias fuerzas, a veces opuestas, es factible equilibrar éstas a fin de llegar a obtener una armonía que nos permita desarrollarnos y avanzar. Dicha armonía actúa limitando los aspectos negativos y potenciando los positivos, arrojando muz y discernimiento sobre unos y otros.

Esta disciplina no puede proceder de nuestro interior. Se ha de imponer por Aquel que diseñó nuestra maquinaria; que la imprimió sentido, y que armonizó todos los elementos que concurren en nuestra variopinta naturaleza. De ahí la necesidad de una religión. Esta pone orden en los antagónicos, rebajando su dominio y acomodándolos en una estructura adecuada. No por otra cosa dice el Corán.

No es igual obrar bien y obrar mal. ¡Repele con lo que sea mejor y he aquí que aquél de quien te separe la enemistad se convertirá en amigo ferviente! (41-34)

Claramente, esta aleya del Corán habla des nafs y del tratamiento que hay que darla. Primeramente, la pasión desenfrenada se domina con las obligaciones de la Šari’a islámica. Esta propicia un comportamiento equilibrado adaptado a nuestra naturaleza. Ella limita asimismo el comportamiento desordenado que causa perjuicio a nosotros mismos y al resto de los seres humanos.

Si vamos más allá y purificamos nuestro interior veremos que, no solamente limitaremos nuestras pasiones más primarias, sino que iremos adaptando nuestro nafs a un nivel superior, pues ella se irá acomodando a la Voluntad divina la cual exige que todo nuestro ser sea entero para Allâh.

Es entonces que esta nafs, en principio enemiga nuestra, puede llegar a convertirse en una amiga ferviente, siempre y cuando ella actúe en consonancia con el Ruḥ (espíritu) que habita en nuestro interior. Ambos, entonces, actúan juntos y se asimilan el uno al otro, como podemos constatar:

¡Oh alma sosegada! Regresa a tu Señor, satisfecha y satisfactoria. Y entra con Mis siervos, entra en Mi Jardín. (89- 27 a 30)

Después de haber arrojado luz sobre este punto, volvamos al asunto del control sobre nuestras vidas. No hay mejor control que el ejercido por un sabio. Ahora bien, el Sabio por excelencia es Allâh, sin el cual no podría haber ni Ciencia ni Conocimiento. Es así que cuando el control se ejerce por El, alabado sea, el equilibrio de fuerzas es luz y discernimiento.

 Es entonces, y solamente desde ese momento, que el Ser humano puede tomar el control de su vida con pericia, actuando como la mano ejecutora de los designios divinos. Y estos designios no cesan.

No se trata de decisiones tomadas por Allâh en determinados momentos separados unos de otros por el tiempo. Antes bien, estamos hablando de un flujo continuo que no cesa y que emite fuerzas productoras de decisiones, actos y pensamientos. El Ser humano, de esta manera, es a la vez humano y angélico. Decimos angélico, ya que los ángeles se caracterizan por cumplir las Órdenes divinas sin tener ninguna capacidad de actuar de otra manera.

El Ser humano, digamos, “tomado” por Allâh, no actúa por decisión propia, haciéndolo solamente por decisión divina, ya que este nuevo humano renacido ha sido absorbido por una Fuerza que le ha hecho Suyo en todo momento y situación.

Si alguien considera que puede tomar el control de su propia vida es un iluso. Se ha dejado llevar por los cantos de sirena de aquellos que, sin tener el mínimo respeto o conocimiento de la naturaleza del Hombre, pretender onvertir a éste en un sirviente de un concepto que le reduce a la más humillante de las esclavitudes, y le ancla en el servilismo hacia sus propios congéneres, quienes hacen de él un espantapájaros; una representación humana hecha de paja que se deshará desde que el viento sople de un lugar o de otro.

¡Que Allâh despierte al durmiente, cure al ciego y haga oír al sordo; para que un día la Religión triunfe dentro de nuestros corazones, e irradiemos así luz al exterior facilitando entonces la vida del Ser humano sobre la tierra!