El control de las multitudes

Por Abdul Karim Mullor

A-s-salamu ‘alaykum – La paz sobre vosotros

Todos decimos que los que poseen las ingentes fortunas son los que en realidad gobiernan el mundo, y no los políticos, presidentes o reyes como nos quieren hacer creer. Y raro sería que alguien estuviera convencido de lo contrario, pensando que estas innombrables y desconocidas criaturas hayan dejado algo al azar. Si no hubiera un plan exhaustivo detrás, con planes a corto, medio y largo plazo, su estatus no podría conservarse. Sabiendo esto, no es tan difícil deducir el resto. Poco nos importa cuáles sean los mecanismos y cómo son activados; lo que importa es que existen y se encuentran en funcionamiento un día detrás de otro. Somos entonces las víctimas directas de un plan que no podría salir adelante sin que existiera una férrea disciplina de masas que ejerce el control sobre el rebaño. Y digo rebaño, porque no puedo creer que esa gente, por decirlo de una manera elegante, conserve dentro de sí la humanidad suficiente para vernos de otra manera.

Mi experiencia en el mundo de la Economía me ha hecho comprender muchas cosas y aprender muchas más. Estamos hablando de gentes que ganan, con su movimiento de dinero, miles de millones en un solo día. De gentes que se encuentran por encima del bien y del mal; de gentes deshumanizadas que hacen negocios redondos mientras otros mueren de hambre. De gentes a quienes nadie les hace barrera, que son cubiertos por una discreta disciplina de supervivencia por parte de quienes les sirven.

¿Qué sentido tiene en todo esto uno u otro régimen político? ¿Qué sentido tienen las reivindicaciones sociales en un mundo en el que la tarta se encuentra ya repartida de antemano en porciones cuidadosamente cortadas mediante un calibre militesimal?

Nos dejan hablar y hablar y dicen que eso es “democracia”; y que somos libres de decir lo que pensamos. Eso claro, si de nuestras quejas y pensamientos tuviéramos capacidad de pasar al siguiente escalón, que es pasar a la acción, entonces se inventarían cualquier otra excusa para tenernos maniatados.

Mientras el rebaño esté en paz, y el pastor y el perro guardián no pierdan las ovejas, el dueño está tranquilo.

Es en esta sociedad en la que vivimos, en la que vemos, un día y otro, la figura vergonzosa de un necesitado rebuscando en los contenedores. Mientras, otros, hacen sus negocios y conservan tranquilo al rebaño, que bala a su justo acomodo.

Para mantener la prole en paz, se inventa un bueno y un malo, a fin de que cada uno se identifique con uno de los dos, y así exista la ilusión de que hay un enemigo a batir, y que haciéndolo se puede llegar a solucionar los problemas de la Humanidad. No obstante, el rebaño está de tal manera mediatizado que no se da cuenta de la jugada. Porque, lo que voy a deciros no es ningún secreto, el bueno y el malo son ellos, son siempre los mismos. Y difícil es, pongo a Dios por testigo, no darse cuenta de una jugada tan burda y malamente organizada. Y digo malamente, porque el estómago lleno de esas criaturas egoístas no puede llegar, por mucho que se crean sabios, a la elegancia y finura de pensamiento de aquellas personas honradas, de corazón limpio, cuyo cerebro es iluminado por las luces de la bondad y no cegado por las sombras de la codicia.

Incluso ellos han creado una oposición a ellos mismos, a fin de que enfrentándolos, las gentes nobles se desgasten y enfaden hasta el punto de creer que no se puede hacer nada, dándose, una vez y otra contra el muro. Y es ahí donde ellos han ganado, donde ellos creen haber demostrado todo su poder. Poco les importa ser amados o respetados; ellos no tienen Humanidad para esas consideraciones.

Pero el Makru-l-Lâh (la astucia de Allâh) es mucho mayor

Si la gente no tiene dinero, ellos hablan del clima; si la gente no puede moverse, de Santa Pandemia o de San Pandemio, ode San Vacuno. Siempre hay una excusa, floreada eso sí, para que las gentes crean que ese el motivo de su desgracia. Pero el motivo de su desgracia y desconsuelo, son estos seres deshumanizados que les han tiranizado hasta el punto de, perdonadme lo que os digo, amaestrarlos como perros de caza.

¡Vuestro futuro se decide en las urnas! Dicen ¡Tú decides tu futuro!

Por el amor de Dios, ¿quién o quiénes pueden ya creerse a estas alturas algo así?

Nuestro futuro lo decide Allâh; y si esa gente está tiranizando al mundo, ya tenemos en las generaciones antiguas ejemplos como Faraón o Nimrod. ¿Ejemplos? De eso no nos falta. ¿Aprender? Eso ya es otra cosa. El pasado vuelve, reverbera, una vez y otra, los males del ayer y los adapta al presente.

Palabras para los musulmanes

No creáis hermanos/as que estas criaturas desalmadas se han olvidado del Islam. En absoluto, no lo ha hecho.

Son ellos, quienes, a través de sus lacayos, han inventado las siguientes doctrinas a fin de que los musulmanes se conviertan asimismo en lacayos bien adiestrados. Son ellos, no otros, sí, en quienes estáis pensando, esos que anunciaron la venida del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – y se negaron a creer por no ser de su raza. Esos que practican el arte enseñado por Harut y Marut; arte este que ha entrado en la práctica islámica bajo la forma de:

Wahabismo (Muhammad Ibn Abdul Wahhab – Sudaisi – Ben Baaz, Ben Uzaymin – Albani – , etc)

Salafismo

Tabligh

Hermanos musulmanes

Coranismo

Falso Sufismo masón

Y otros

A ti de ver, hermano/a con quién quieres estar y a quienes has decidido obedecer y seguir.