18 junio 2024
Diálogo intercultural

El constructo del subconsciente y la indefinición de la espiritualidad

Abdul Karim Mullor

El constructo del subconsciente

Dijimos, en un escrito que presentamos al efecto hace unos meses, que la Psicología como ciencia separada de la Filosofía comenzó su periplo en los albores del siglo XIX, curiosamente en las mismas fechas en las que los ejércitos de Napoleón entraron en Egipto. Demostramos asimismo que la Masonería se reformó a finales del XVIII entrando completamente en el mundo de la política y de las ciencias. Es pues la Psicología, no una ciencia per sé, sino un arma destinada a pervertir la naturaleza humana bajo el pretexto de ayudar al Ser humano a superar sus traumas, que por otro lado pueden haber sido creados de manera artificial; un sustituto edulcorado de una religión, la católica, la cual no respondía a las necesidades intrínsecas del Ser humano.

De la Psicología nació la Psiquiatría, que se anunciaba como un tratamiento médico para las enfermedades del alma; curiosa “ciencia”. Ahora bien, una ciencia que pretendía no estar vinculada a lo Divino no podía, por definición, utilizar el término “alma”, y ni tan siquiera aceptar que esta existiera. ¿Qué hacer entonces? Quedaba pues inventar un término sustitutorio, una entelequia seudo científica, necesaria para que el alma fuera olvidada. Y no había mejor manera de negar la existencia de ese lado espiritual que sustituirlo por otro término que a su vez ofrecía todo aquello a lo que no podría llegar la consciencia un valor inferior y vejatorio. As así que se inventó “el subconsciente”; un término peyorativo donde los haya para denostar todo aquello a lo que nuestros sentidos y nuestras mentes no pueden llegar.

Ya no existía ni Dios ni el diablo; solamente el consciente y el subconsciente. Esta entelequia nacida de lo más granado del satanismo ha cautivado a los “científicos” y ha servido a los verdaderos dirigentes para animalizar al Ser humano, rebajarle a la categoría de mascota, y así poderle poner un collar convenciéndole, aun cuando se le domina, que se hace por su propio bien porque quien lo hace es un científico de una sabiduría superior.  

Y la Psiquiatría fue le nueva religión y la Psicología los libros revelados. Y el Ser humano, era aquel pobre diablo que se encontraba siempre necesitado de ese dios, debido a lo culpable de ese tenebroso “subconsciente”. Resumiendo, una jugada para crédulos de una fe sin pruebas, y eso sí, una nueva moda para sibaritas y ricos, cuya fe económica había que edulcorarla con los nuevos ritos de esa religión exclusiva, y, en sus albores, elitista, pues hay que decir que la Psicología comenzó siendo una herramienta de esclavitud por la que los poderosos podrían tener a los pobres a su servicio, sometidos, tanto física, como anímica y mentalmente.

Es el “subconsciente” la mayor falacia humana inventada desde el nacimiento de la Humanidad; es el broche de oro que sume en la ignorancia a todo aquel quien, impelido por el descontento proporcionado por una Iglesia falta de principios, buscaba con sed de conocimiento una Verdad dentro del Ser humano, a la cual esa Iglesia Católica no podía dar respuesta. Era, por otra parte, y esto es muy importante, un escudo con el que Occidente habría de protegerse contra las influencias de un mundo musulmán que se había propuesto conquistar y dominar. El califato turco era molesto; los musulmanes eran muy versados en temas de religión y de Filosofía, y el contacto de sus ideas con Occidente podría ser muy peligroso para una mentalidad mercantilista y materialista como la suya, que, por lo demás, se arriesgaba a verse engullida por la fuerza de las creencias del Islâm.

Solamente la falta de perspectiva no ha permitido ver esta jugada a muchos que juzgan las cosas con superficialidad. Algunos creen aun en la Psicología como una ciencia del alma, sin darse cuenta de que se encuentran otorgando valores religiosos a una pretendida ciencia bajo el pretexto de huir de la religión.

Si bien Jung llegó a apercibirse de que aquello considerado como subconsciente por Freud era un atentado contra la verdad, comprendiendo que en el Ser humano existen fuerzas de lo Divino, él no llegó a entender que solamente siguiendo una Ley religiosa el Ser humano puede predisponerse a comprender la naturaleza de dichas fuerzas. Una vez más la rebeldía occidental contra lo Divino había ganado la partida; y uno se pregunta si este contraste de ideas aparentemente dispares (Jung contra Freud) no era otra cosa que una puesta en escena para contentar a las personas más apegadas a las creencias religiosas. Eso es plausible desde el momento en el que nadie denunció que la puesta en escena de la Psicología coincidió con las primeras campañas de conquista europeas en el mundo musulmán, más concretamente en Egipto. Unos discuten mientras otros golpean, y estos ganan porque todo el mundo está pendiente de esa discusión que ellos mismos han organizado. La falacia acompañada de la fuerza. Esto lo estamos viendo un día y otro en nuestro vapuleado mundo, donde los pillos y los vividores hacen sus negocios. Donde la verdad brilla por su ausencia, todo es posible.

Donde el Freudismo propone un Ser humano degenerado en su naturaleza; donde las ideas de Jung, aun proponiendo que dicho Ser humano goza de una naturaleza tendente a lo divino, no ofrece soluciones prácticas que lleven a revelar dicho descubrimiento, el resumen de todo esto es que al Ser humano se le han escondido las posibilidades de realizarse como tal.

¿Qué habría sido de los ingresos de un prestigioso psiquiatra si hubiera admitido que la verdadera terapia era la religión y no los inventos espiritualistas de unos y otros que otorgaban a la clase pudiente más prestigio social? ¿Podrían haberse permitido eso Jung y sus partidarios?

La jugada de todo esto era esconder que existe un contacto con Allâh (Dios) a través de una religión, y no a través de una ciencia como proponían ambos; ya sea mediante el psicoanálisis, o las presunciones de los orientalistas que propugnaban una “espiritualidad” separada de los actos más comunes, se alejaba al Ser humano de la disciplina debida para poder acercarse a lo Divino, es decir, se le privaba de la religión, que es al fin y al cabo todo cuanto, desde mi punto de vista, se pretendía de un lado y de otro.

Es así pues que el Ser humano ha sido olvidado; se ha olvidado que en él no solamente existe un cuerpo y una mente, sino un alma y un espíritu. Las discusiones aparentes de las diferentes corrientes en la Psicología, han colaborado para destruir este conocimiento y a esclavizar a las personas a una sociedad injusta y mentirosa que cacarea como virtudes los más obscenos de los defectos, los más inconfesables de los vicios.