El cambio de quibla – El perfeccionamiento del Hombre universal
Abdul Karim Mullor
El cambio de quibla – El perfeccionamiento del Hombre universal
Recordaremos que llamamos Hombre universal a aquél que desarrolla todas las facultades latentes en el ser humano, y que, a su vez, contiene en su ser todo el Universo creado por Allâh.
Esta corta descripción nos introduce en un cosmos de búsqueda incesante tendente a llegar a conocer cuáles son esas potencialidades ocultas en el Ser humano creado y diseñado por Dios.
Y, os diré, que después de la creación de Adam, dichas potencialidades se han perfeccionado y cristalizado hasta llegar hasta nuestros días.
Esto no significa que nuestro padre y profeta Adam – sobre él la paz – fuera menos que el Hombre universal de nuestra época si lo consideramos de manera personal. Aunque sí podemos asegurar que el contenido del concepto Hombre universal ha crecido y ha alcanzado su culmen con la llegada del ‘Islâm y la aparición de nuestro profeta Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz -.
Esto, ya no solamente lo demuestran las palabras del Profeta diciendo que él ha sido enviado para toda la Humanidad, sino que el mismo Corán da testimonio de ello de una manera comprensible para aquellos cuyo pensamiento es sagaz y cuya comprensión es clarificada.
Dice el Libro de Allâh:
Hemos visto que tu rostro se volvía escrutando el cielo; pues vamos a darte una orientación que te satisfaga: vuelve tu rostro hacia la Mezquita Inviolable; donde quiera que estéis volved vuestro rostro en esta dirección. Los que recibieron el Libro, saben que esta es la Verdad procedente de tu Señor. Y Allâh no es desconocedor de lo que hacen. (2-143)
Vemos pues, de lo cual da testimonio esta aleya de la Surat al Baqara, que Allâh ha cambiado la Quibla, que antes se encontraba en Jerusalén (Al Qudds) y, a partir del momento de su revelación se orienta hacia Meca.
Este cambio molestó sobremanera a cristianos y judíos que se sintieron menospreciados por Allâh ante parecida decisión. Ellos tenían a Jerusalén como lo más sobre la tierra, y Allâh les contradijo señalando que Meca era mejor que Al Qudds.
El mansaje de Allâh quedaba claro, es decir: Él pone Su Gracia y Su Presencia dónde El Mismo decide, y la incrementa en un lugar que antes estaba ensombrecido por la importancia de la propia Jerusalén. Y ellos sabían, pues tontos no eran, que aquello significaba que Allâh había bendecido la nueva Religión hasta límites en los que no hubieran podido soñar tanto cristianos como judíos.
Allâh dicto sentencia, y ellos se negaron a seguirle pues su šaytan era mucho más fuerte que la Verdad hecha descender por Dios.
No quiere decir esto que Jerusalén deje de ser santa; sino que Allâh ha otorgado una santidad superior a la Meca, en concreto a la Ka’aba. Con ello, y esto judíos y cristianos lo sabían, se estaba diciendo que el Islâm es superior a ambas revelaciones anteriores. Esto les llenó de rebeldía y de estupor. Es como si sintieran que Allâh les hubiera traicionado, y como si Él hubiera de hacer lo que acariciaban los deseos de sus almas. Ellos pretendían y pretender mandar sobre el Mismo Dios y que Él les obedezca.
Ese dicho perverso que expresan los cristianos: “Dios murió por nosotros”, no es ni más ni menos que una blasfemia y el mayor descaro que puede dejar salir de sus labios un Ser humano. Un Ser humano que está expresando que Dios es de su propiedad y que se rebaja a él hasta el punto de morir. ¡Gloria a Aquel que nunca muere!
¡A ellos, que no merecen que ni un gato se constipe en su honor!
¿Dónde se encuentra ahora el honor de esos susodichos musulmanes que dicen que tal doctrina es un camino válido para servir a Dios. ¡¿Acaso se han vuelto locos?!
Así pues, judíos y cristianos se rebelaron contra Allâh por despecho hacia Él, intentando disimular dicho despecho con un odio hacia la nueva comunidad de creyentes. Y ellos eran conscientes de que en realidad su enfado era contra su Creador del que no aceptaban Su Santa Voluntad.
Volviendo al Hombre universal y a la correspondencia que guarda con esta aleya, hemos de decir que el mensaje dado por Allâh habla de un cambio de lo bueno a lo superior. Es así como el Islâm eleva el judaísmo y el cristianismo a su zenit, al mismo tiempo que les anula como disciplina de adoración, cambiándolos por el Islâm.
Y esto, ellos lo comprendieron, pero, como Iblis, sintiéndose mejores, se rebelaron.
Al mostrarnos Allâh que esta era la mejor orientación de adoración humana, al mismo tiempo nos enseña que el Hombre sabio resultante de este cambio se proyecta hacia lo superior, siendo pues más completo e íntegro que el Hombre sabio precedente.
De esta manera, podemos decir, que el Hombre universal resultante de esta adoración superior, resulta ser más hombre y más universal que el anterior.
Allâh no cambia sino a mejor. Esto el Corán mismo nos lo dice en esta aleya:
No abrogamos una de nuestras aleyas o la hagamos olvidar sino es con algo mejor o igual. ¿Acaso no sabes que Allâh es Poderoso sobre toda cosa? (2-105)
Entonces, ¿qué es lo que tiene el nuevo Hombre universal que no tenía el antiguo? La respuesta es: la perfección. El acabado completo, finalizado, pulido, perfeccionado. Allâh lo ha decidido y realizado con la Comunidad de Muḥammad, el más perfecto de los profetas, con la comunidad más perfecta jamás suscitada en la Historia de la Humanidad.
No olvidemos, Allâh no nos abroga un signo del Corán sino es por uno igual o mejor. De la misma manera, Allâh no nos abroga una Religión sino es suscitando otra mejor.
Como dijo el Šayj al ‘Akbar (Muḥiyyuddin Ibn Arabi) en sus Futuḥat al Makkiyya, el Islam es como el Sol, y las otras religiones son las estrellas. Cuando el Sol sale las estrellas ya no brillan. Es decir, cuando ha llegado el Islâm las otras religiones se han visto engullidas y abrogadas en él.
Quien no acepte esto, está en un gran error; se autodestruye y se auto daña únicamente por seguir los pasos de gentes que, como él, no quisieron escuchar al Señor de los cielos y de la tierras. ¡Que cambien su quibla entonces!
Y si no lo hacen, démosles nuestras condolencias.