18 junio 2024
Sufismo

El agradecimiento (šukr)

Diccionario de términos sufíes de Sidi Aḥmed ben ˁAǧiba.

Traducción y comentarios de El Mehdi Flores

Dice Sidi Aḥmed ben ˁAǧiba

El agradecimiento es la alegría que siente el corazón al recibir alguna gracia y el uso de los miembros corporales para obedecer al benefactor junto con el reconocimiento, lleno de humildad, de que el único Benefactor es Dios.

El agradecimiento se expresa de tres maneras: por la lengua, reconociendo humildemente los regalos de Dios, por el cuerpo, manifestando entera disposicion a servirLe, por el corazón, contemplando al Benefactor en todo beneficio recibido.

En resumen, como dijo Ğunayd: «La gratitud es que no hagas mal uso de los beneficios recibidos de Dios para desobederLe».

Para el común de los musulmanes, el agradecimiento consiste en un acto de elogio usando la lengua, para los selectos en un acto de servicio a Dios en conformidad con los pilares de Islam y para los elegidos de entre los selectos en un acto de inmersión en la contemplación del Munificientísimo.

Comentarios

En primer lugar, vamos a ver los términos árabes que emplea el autor en esta entrada. Habla de fáraḥu-l-qalb, que equivale a alegría del corazón. A continuación menciona la niˁma que es una gracia, merced o favor que Dios regala a sus criaturas de forma gratuita, sin que dependa de ningún mérito por parte del servidor. Es pura gracia que emana de la Raḥma de Dios que es por naturaleza Raḥmān, es decir, que desborda de amor, un amor que abarca espontáneamente toda cosa.

Uno de los más bellos nombres de Allah es al-múnˁim, que corresponde en español a munificentísimo, superlativo de munificente, adjetivo que califica a aquel que, en su esplendida generosidad, quiere que los demás compartan con él su alegría.

El que recibe un regalo inmerecido de manera totalmente gratuita, siente que ese regalo supera los cálculos de la razón, la cual piensa siempre el mundo en términos de causa y efecto, de mérito o demérito, de premio o castigo. El don gratuito nos desvela una verdad que siempre hemos intuido, a saber, que todas la existencia es fruto de la pura munificencia divina y nos recuerda que Dios es Amor puro. Este estado de gracia, de gratitud, es un recuerdo de la Realidad, (al-ḥaqq) que debe llevar al múslim al reconocimiento o iˁtirāf de la fuente de esa generosidad, aunque por desgracia, como dice Allah en el Corán: ‘Pocos de mi siervos son agradecidos (šākirūn). El šākir (agradecido) es una categoría elevada de creyentes a los que Dios ama de modo especial y a los que favorece manteniendo y aumentando sus dádivas puesto que Allah es šakūr, infinitamente agradecido.

Como decía el Profeta: ‘La mejor manera de mantener los beneficios de Allah es agracedecérselos’. Dios no puede dejar de agradecer y recompensar los actos buenos que cumplen sus siervos, bien sea en este tierra (dunyā) o el mundo venidero (ājira)

Ben ˁAǧība nos dice que podemos expresar la gratitud de tres maneras: mediante el elogio (ṯanāˀ) de la lengua (lisān), mediante el cuerpo (bádan), mostrando plena disposición a obedecer a Dios en lo que le ordene y mediante el corazón (qalb) con la inmersión (istigrāq) en la contemplación ( šuhūd) de Aquel que es la fuente infinita del Amor.

Cuando el sufí reconoce que todo en la existencia es pura gracia del Raḥmān, ya no comete el pecado de creer que ha sido él mismo o cualquier otra criatura el responsable del favor recibido. Tampoco se le ocurre atribuir nada a la casualidad, palabra que no existe en el vocabulario del musulmán.

Cuando Allah envía un beneficio a su siervo a través de una de sus criaturas, el musulmán agradece la merced al intermediario, pues es una obligación impuesta por la buena educación (adab) pero sobre todo al verdadero dador de esa gracia, que no es otro que Dios. Una de las fórmulas preferidas para expresar el agradecimiento entre los musulmanes es: ‘al-ḥamdu li-LLah wa-l-šukru li-LLah‘ que significa: ‘La alabanza es para Allah y el agradecimiento es para Allah’.

El kufr es lo contrario del šukr, es decir, es la falta de agradecimiento a Dios, bien porque el kāfir (cafre) no cree en Su existencia o bien porque no es consciente de la fuente de donde emanan todos los dones y, por consiguiente, se detiene en los intermediarios sin ir más allá. El kāfir no puede ver más allá de las apariencias porque en su corazón hay una enfermedad que se lo impide, de manera que se puede decir que está ciego a la Realidad, ciego y sordo y no puede expresar agradecimiento, lo cual le hace también mudo (sordos, mudos y ciegos: bukmūn, ummūn, ˁumyūn) incapaz de descubrir la Verdad.

El múslim, por el contrario, es consciente de todo ello y se siente agradecido por esa lucidez de conciencia.

Como repetía siempre el Profeta:

¡Dios nuestro, haznos de los agradecidos’

(Allahumma íǧˁalnā min al-šākirīn).