18 abril 2024
Nuevos Musulmanes

¿Dónde están las gentes de la Sabiduría?

La paz sobre vosotros

…y a quien se le da la Sabiduría se le ha dado mucho bienCorán, 2:269.

Solemos decir que a nadie le ha sido dada una sabiduría absoluta, en el sentido de que ningún ser humano puede saberlo absolutamente todo. Ahora bien, como esta frase contradice de alguna manera las palabras del Corán que afirman que Allâh concede Sabiduría, podemos decir que esta Sabiduría a la que Allâh alude en esta aleya es, al menos, de una grandeza suficiente para que quien la detenta sea considerado como Sabio. No podemos contradecir a Allâh, y debemos reconocer que existen personas a quienes les ha sido dada la Ciencia.

Esto lo corroboran las dos aleyas que mencionan concretamente:

Preguntad a las Gentes del Recuerdo si vosotros no sabéis

Aquí Allâh nos está informando que estas “Gentes del Recuerdo” detentan una Sabiduría tal que pueden enseñar a los que no saben. Ahora bien, curiosamente, Allâh no ha puesto límites ni de temas, ni de naturaleza ni de profundidad o amplitud a esas preguntas que se deben formular a dichas gentes, y menos a lo que ellos pueden enseñar. Esto nos indica claramente que estas “Gentes del Recuerdo” poseen una Ciencia enorme y contrastada, cuya garantía se encuentra en la Palabra Divina misma.

¿Es poca o mucha la Ciencia que se recibe de Allâh?

Siempre decimos que no se puede leer el Corán con los ojos cerrados o semi abiertos, pasando por las aleyas como aquél que pasa por un libro que le ha sido dado a leer con mayor o menor atención. Si, al menos nos contenemos de leer deprisa, nos aseguraremos que cada una de las aleyas del Libro de Allâh posee una sustancia nada desdeñable, y a veces una profundidad insondable. En algunos hadices se hace referencia a aquellos recitadores del Corán en los cuales el Libro de Allâh no pasa de sus gargantas. No se trata de leer el Corán entonces, sino de comprender su Mensaje, aunque fuere solamente una pequeña parte, para así irse acostumbrando a abrir el espíritu a realidades a las que el razonamiento y la lógica no pueden ni tan siquiera aproximarse. Quien es esclavo de sus propios razonamientos es como el ciego que asegura que no existe la luz del Sol únicamente porque él no la puede ver.

Sabemos entonces que hay, tanto Sabiduría como sabios; a  estos últimos Allâh les llama “Gentes del Recuerdo”, diciéndonos que la Sabiduría que ellos detentan es algo que ya se encontraba en ellos mismos, de ahí el término recuerdo, es decir, ser consciente de aquello que ya teníamos o conocíamos, o ambas cosas a la vez.

A la vista de lo expuesto podemos concluir que Allâh no ha puesto límite alguno concreto sobre la cantidad y cualidad de la Sabiduría que el Ser humano puede llegar a obtener para que los otros puedan aprender. Y esto es una prueba de la Sagacidad divina que deja abierto un episodio de un alcance inconmensurable, no perceptible con nuestras mentes ni imaginaciones.

Cuando hablamos de las “Gentes del Recuerdo”, lo estamos haciendo de mucha Ciencia, de un grado superlativo de saber que solamente ese grupo puede alcanzar, dado que Allâh los pone como ejemplo y como guías de la Comunidad.

Sin duda son ellos esos califas (representantes de Allâh en la tierra) que no son otra cosa que Sus portavoces. Ahora bien, para ser portavoz, nada más y nada menos que de Allâh, es necesario un nivel de Ciencia muy elevado, pues se está representando a Aquel que es toda la Sabiduría y toda la Ciencia. Si se es representante Suyo entonces la condición “sine quanon” que se debe cumplir es que Allâh haya poseído sus corazones y sus palabras a fin de poder expresarse a través de ellos. Debemos de ser conscientes entonces que Allâh ha provisto a un ser diminuto, con un cuerpo limitado en el espacio y el tiempo, un secreto ˤaẓîm (enorme); pues El, en Su Sabiduría Infinita no ha hecho representantes Suyos a los más grandes astros del universo, sino que lo ha hecho a un ser débil y aparentemente significante como lo es el Ser humano; lo mejor de Su creación, sin duda alguna. Esto nos muestra que lo que nosotros percibimos como grande o pequeño no lo es en realidad, y así sucede con lo importante y secundario, demostrando con ello que las facultades de nuestro pensamiento son severamente limitadas excepto cuando se abren al Conocimiento Universal prodigado por el Señor de los mundos, depositado, no en nuestro cerebro, sino en nuestro corazón.

¿Quién o quiénes entonces detentan Poca Ciencia?

Nos referimos entonces a una ciencia menor o a poca ciencia cuando explicamos todo cuanto procede de nuestro pensamiento sensitivo y psicológico. Un conocimiento mezclado con el vaivén de las emociones, de los deseos, de los caprichos y veleidades de nuestro alma (nafs). Viviendo en el mundo turbio al que pertenece el pensamiento no puede discernir claramente a la luz de la Sabiduría excepto cuando esta le llega directamente de un corazón pleno de luz. No es pues el pensamiento la sede de la Sabiduría, sino, en el mejor de los casos, un agente colaborador de ésta que puede dirigir el cuerpo en la buena dirección. Ahora bien, lo mismo que ese pensamiento humano, cuando es sano, puede vehicular la luz, asimismo puede ser el ejecutor de las tinieblas cuando el corazón del Ser humano en el que se encuentra ubicado se encuentra pleno de tinieblas.

Es por ese motivo que Allâh ha establecido la Šaria como comportamiento de mínimos a fin de que el pensamiento no caiga bajo el imperio de sus propias consideraciones, y al no tener luz, al menos se dirija por las Órdenes divinas.

Entre las ciencias menores podemos considerar la del Fiqh o Jurisprudencia Islámica, teniendo en cuenta una salvedad: esta Ciencia es extraordinariamente importante debido a que su utilidad podemos considerarla como mayor. Sin embargo, y en referencia al grado de preparación que ha de tener el que estudie dicha ciencia, su alcance no llega a semejarse ni de lejos a aquella que detentan las “Gentes del Recuerdo”. A medio camino entre la una y la otra se encuentran la Filosofía, que habla de la naturaleza del Ser humano, así como la Aquida o doctrina que aborda la idea que un ser humano puede y no puede hacerse de Allâh y de Sus atributos.

Así podemos decir que un jurisconsulto, un sabio del hadiz y un dador de fatwas son tres figuras que detentan una Ciencia de utilidad mayor, pero de alcance menor o limitado; ya que este tipo de sabios no puede entrar en esa figura de “Gente del recuerdo” citada en el Corán, habida cuenta de que quienes conocen dichas ciencias externas no necesitan ningún tipo de preparación personal en cuanto a pureza de corazón y nobleza de carácter. Sobre alguno de estos eruditos dijo el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -:

Desdicha a mi Umma por los sabios que enseñan el mal

Es precisamente por este motivo expresado en el hadiz que hemos considerado las Ciencias externas de la religión como ciencias menores; es decir: ciencias necesarias que no implican una trasformación interna ni una mejora imperiosa de la persona.

¿Y entonces qué nos enseñan las “Gentes del Recuerdo”?

Primeramente la Sinceridad y la Honestidad, es decir, a ser personas íntegras, de fiar; y no solamente eso, sino humildes, generosas, firmes, verídicas, desinteresadas con respecto al trato con los otros hermanos o el resto de los seres humanos. Esto que acabamos de nombrar podemos decir que es el sustrato base de su enseñanza. Es decir, las “Gentes del Recuerdo” nos enseñan a transformar, mejorar, purificar y mejorar en general nuestras personas. Y ello, independientemente de lo que es Halal. Es decir, si el Halal nos permite tomarnos derechos que nos corresponden por Ley religiosa, las Gentes del Recuerdo nos enseñan a renunciar a ese Halal por algo mejor, siempre mirando a la excelencia y no a lo jurídicamente permitido para no ir más allá.

Esas Gentes del Recuerdo nos enseñan una ciencia que no se imparte en las universidades islámicas, ni en las escuelas de las disciplinas de la ciencia externa. La Ciencia que nos enseñan es sobre la verdadera naturaleza de las cosas, sobre su verdadero origen, sobre las causas ocultas que condicionan el mundo de la existencia y de la manifestación. Nos enseñan los tesoros que Allâh ha escondido en nuestro corazón para que descubriéndolos podamos ser verdaderos califas Suyas en la Tierra. Nos enseñan qué es el Ser Humano, pues como dijo el Profeta:

Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Se­ñor

Cientos de ejemplos de esto tenemos en la historia de los profetas y en los hadices islámicos. Historias de gentes que lo dieron todo por Allâh y Su Profeta sin tener necesidad de ello por imperativo legal. Recordemos la Historia de Yussuf y de sus hermanos a fin de ilustrarnos sobre la diferencia de las dos ciencias. Mûsâ y al Jadir; Isâ y los fariseos; los ansar y los qurayšies convertidos a última hora; las gentes del banco y el resto de los saḥaba.

Hoy, unos tiempos en los que domina el olvido de Allâh, la búsqueda de lo material, la renuncia a la Verdad por el dinero, esta Ciencia Bendita de las Gentes del Recuerdo se ha retirado en esas cavernas semejantes a la que hubieron de retirarse aquellos adoradores de Allâh que durmieron durante 309 años.

Hoy, las Gentes del recuerdo, no están a la vista, y si lo estuvieran ¡qué bien lo disimulan! O ¡qué mal ve la mayoría! Algunos, aunque los tuvieran de vecinos no los sabrían ver por el olvido de las cosas de Allâh que domina sus almas.

El arte del camuflaje alcanza su expresión más depurada cuando las gentes mirando no ven, oyendo no escuchan, y pensando, no llegan a concebir la realidad.

Allâh Hakîm