Dicen: El Islam no es otra cosa que el Libro y la Sunna

A-s-salamu alaykum – La paz sobre vosotros

Muchos musulmanes, cuando observan algo que no se encuentra dentro de sus esquemas, rápidamente, sin pensar, sin considerar  adecuadamente el asunto, dicen: “Es que el Islam no es otra cosa que el Corán y la Sunna”. Ahora bien, ante semejante afirmación, hay que reflexionar y entender esta frase cono una confesión de su propia ignorancia, ya que lo que ellos entienden como Corán y Sunna no es lo uno ni lo otro, sino la cortedad de su comprensión y de su idea de ambos

En realidad, el Corán, encontramos esto en un hadiz del Sahih Muslim, es sumamente difícil de comprender y enmarcar, siendo que cada aleya (como dice el hadiz) tiene en su haber siete niveles de comprensión.

Si ya ponemos como ejemplo de la aleya de la Luz (ayat a-n-nur) las Palabras divinas:

Allâh es la luz de los cielos y de la tierra

Constataremos sin dificultad que nadie, o casi nadie, sabe ya que significa en un primer nivel, imaginad pues la dificultad para llegar a comprender los otros seis, no digamos ya de comprenderlos todos.

Un cubo tiene seis caras; todos nosotros podemos ver de él, como máximo, tres caras a la vez. ¿Podemos llegar a comprender que haya alguien quien pueda mirarlas al mismo tiempo? Pues sí, si hay creyentes que pueden tener esta capacidad, que no es ni física ni mental, ni producto de una imaginación desbordante, sino de una sabiduría, de una ciencia que sobrepasa los planos material y racional. Si alguien no posee esta ciencia no puede nunca reclamar a cualquier otro que siga el Corán y la Sunna porque él mismo no los comprende adecuadamente.

Lo que se quiere demostrar aquí es que todos aquellos que reclaman que se debe seguir el Corán y la Sunna hablan por hablar cuando no comprenden ciertos actos procedentes de una sabiduría excelsa, otorgada por Allâh a algunos de sus siervos, como aquella de la que tenemos un ejemplo en la Surat La caverna; esa ciencia que al Jadir quiso revelar a sayyidina Musa – sobre él la paz -.

En efecto, podemos decir que toda ciencia se encuentra implícita en el Corán y en la Sunna; de eso no tenemos duda. La dificultad consiste en comprender al uno y a la otra como deben de ser entendidos.

Para entenderlos ambos hace falta una gran destreza y una paciencia enorme. Es eso que en la surat de la Caverna le fue dicho a Mûsâ. Y si ya un profeta, como nos dice el Corán, pasó todas esas dificultades para llegar a comprender, imaginaos nosotros mismos, el resto de los creyentes.

Es así que aquellos que dicen “El Islam es solamente el Libro de Allâh y la Sunna” no saben lo que están diciendo, pues intentan acordonar ambos a su escasa ciencia y diminuta capacidad de reflexionar. Es el orgullo del ignorante, de espíritus vacíos que aprenden cuatro consignas y creen que lo saben todo.

¿Qué hacer con un orgulloso que nada sabe y piensa que todo lo conoce? ¿Podemos echar agua en un vaso lleno? ¿Puede la luz traspasar el plomo o el hierro?

El alma instiga al mal. Ya lo dijo Yussuf – sobre él la paz – cuando fue acusado de manera infame de algo que él nunca había cometido.

Es así con estos nuevos “sabios” , que con sus peroratas quieren hacerse pasar por conocedores, siendo por otra parte, pozos oscuros de ignorancia a donde no pueden llegar los rayos del sol de la Verdad. Es así como tantos y tanto pretendidos conocedores y expertos son fútiles como la espuma de las olas del mar, etéreos como las pequeñas partículas que el viento lleva acá y allá en su vaivén incesante. Su ciencia no abarca ni tan siquiera la amplitud de un pequeño átomo, tan insignificante es.

Confrontados a una ciencia inmensa, sabiendo que para entrar en el mundo del conocimiento es necesario despojarse de sus inmensos egos, estando cara a cara con la evidencia, dan la vuelta, fruncen el ceño, protestan y se comportan como aquellos judíos contemporáneos de Mûsâ – sobre él la paz – quienes en lugar de entrar por la puerta de la ciudad sagrada en postración entraron de espaldas pronunciando palabras de ignorancia inspiradas por sus propios egos.

Su escaso comprender es el ídolo que han querido instalar de nuevo dentro de la Kaaba; aquél Hubal que el mismo Profeta – sobre él la plegaria y la paz – derribó con sus propias manos. Aquel ídolo que Ibrâhîm – sobre él la paz – no quiso destruir para enseñar a su pueblo qué es lo que adoraba. Hoy, de nuevo, hubal ha entrado en la Kaaba. El dios “ignorancia” preside las cátedras de los sordos, mudos y ciegos, que aplauden sin cesar sus sofismas y huecos discursos, propios de esas reuniones en torno a la hoguera donde se contaban toda clase de fantasías, donde abundaban los parloteos y los chismosos encontraban su lugar con regocijo.

Los hermanos cananeos han echado de nuevo al pozo a Yussuf, vendiéndolo por escasas monedas, traicionado así el legado de sus ancestros. Es así como se pretende vender el Corán y la Sunna, a cambio de bienes materiales que resultarán ser, el día en el que se tenga que dar explicaciones, una pesada carga que doblará cervices y avergonzará a quienes argüían con parloteos innecesarios, con historias inventadas, con chismes y con argucias, acusando a un inocente Yussuf de aquello que nunca hizo. En ese día los hermanos cananeos caerán postrados ante la verdad ajena y su propia vergüenza.

Esislam – Islam en español