17 junio 2024
Sufismo

Diccionario sufí: Al-mušâhada wa-l mu‘âyana

Por Aḥmad ben ‘Aŷiba. Comentarios: El Mehdi Flores

La contemplación (al-mušâhada) y la visión esencial (al-mu‘âyana) es ver la Esencia sutil (al-ḏât al-laṭîfa) en los lugares de aparición de las epifanías densas (fi maẓâhir al-taŷalliyâtiha al-kathîfa) lo que equivale a decir que es la condensación de lo sutil (takthîf al-laṭîf). Si el amor (widâd) es delicado y las luces densas retornan al estado sutil, se trata entonces de la visión esencial (al-mu‘âyana) o dicho de otra manera, de la sutilización de lo condensado (talṭîf al-kathîf).

En cuanto a la visión esencial, (al-mu‘âyana) ella es más fina (araqq) que la contemplación y más completa. En definitiva, la visión de la Esencia (šuhûd al-ḏât) no es posible que mediante la condensación (takthîf) de sus secretos sutiles en los soportes epifánicos (maẓâhir al-taŷalliyât) dado que lo sutil no puede ser captado mientras permanezca sutil.

Así la visión (ru’ya) de las epifanías densas es una contemplación (al-mušâhada) y la reconducción (radd) de esas epifanías a su origen (aṣl), conscientes de que el Océano de la Unicidad (baḥr al-Aḥadiya) se pliega dentro de ellas, es una visión esencial (al-mu‘âyana).

Según otros, mušâhada y mu‘âyana son términos equivalentes.

Comentarios

No hay contemplación, como dice Ibn ‘Arabî, sin un soporte o substancia (maẓhar) que permita la aparición (iẓhâr) de la Esencia, dada que esta es demasiado sutil para que las miradas le alcancen. En el símil de la luz invisible y el prisma que la descompone en colores (talwîn) y la hace visible,  la criatura sería ese prisma por el que la Esencia divina “es conocida”, dando aquí al concepto ma‘rifa el significado de  conocimiento refractario o reflejo equivalente a la mušâhada o šahâda. En el símil del espejo, este equivale al maẓhar o lugar epifánico en el que la Esencia se despliega (taŷalla) haciendo posible una visión especular de la Esencia. La petición de Musa en el Corán de ver a Dios recibe la contestación adecuada:“-No Me verás, sino que mira a la montaña-” y cuando Él se manifestó a la montaña, Musa cayó desvanecido”. La mente no puede soportar la visión directa de la Realidad sino que debe limitarse a ver lo invisible en las cosas sensibles (mušâhada) o, lo que es lo mismo, ver las cosas sensibles como esencias (a‘yân). En cualquier caso, siempre a través de un intermediario, un velo o pantalla (barzaj) que simultáneamente oculta y transparenta la Esencia. Como dice Ibn ‘Aṭâ’i-Llah el Alejandrino: “Él se oculta mediante Su propia manifestación”.La transfiguración de lo creado  en esencia, su esenciación, es posible gracias al Amor, que como la llama, purifica lo denso hasta dejarlo fino (raqîq), delicado, primoroso y hace posible la contemplación de la esencia fija (‘ayn thâbita) de la criatura contemplada. “Más allá, -dice Ibn ‘Arabî-, la mente no puede avanzar”. Ese Amor sutil, cortés, (widâd) es la escala de la contemplación por la que el siervo del Amor, il fidele d’Amore, asciende desde el valle oscuro de la materia hasta la cumbre del monte de la iluminación matutina (išrâq), desde donde se contemplan las cosas “tal como son”. La idolatría consiste pues en adorar las imágenes (eídolon) per se, ya sean estas formas sensibles o conceptos mentales, sin tener conciencia de que son reflejo de una realidad esencial. La mente no puede captar la pura verdad (al-ḥaqq), solo puede captar lo ilusorio, entendido aquí por ilusorio, todo lo que es reflejo de la Realidad. La visión correcta reside en la integración de ambos aspectos, el esencial y el manifiesto, el númeno y el fenómeno, en una dimensión superior en el que “las cosas no son lo que (a)parecen pero tampoco son de otra manera”. Como dice el šeij Aḥmad al-‘Alawî: “Tú Lo ves, pero no sabes que Lo ves”.

¡Que Allah nos aclare la vista!