19 julio 2024
Fiqh y jurisprudencia

Deobandi, Tabligh y sus principios masones

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso – el Que Manifiesta Su Misericordia – y la plegaria y la paz sean sobre Muḥammad.

EL IMPERIO BRITANICO Y LA MASONERIA PATROCINAN AL DEOBANDI Y TABLIGH

De la misma manera que el Imperio Británico patrocinó el Wahabismo en el Oriente Medio, a fin de disponer de una doctrina de orden racionalista con pretensiones de islámica, para, de esta manera, completar su particular tablero de ajedrez en la región, el reino de su “graciosa majestad” (que no divertida) intentó no salir de la India sin antes corromper el Islam local; y lo hizo al mismo tiempo que en Egipto con los Hermanos Musulmanes, de corte similar y con pretensiones claras de convertir dichas regiones en aliados asociados al Imperio. Demostraremos sin dificultad que todos estos movimientos tenían un denominador común y un mensaje paralelo y similar.

Pero antes de nada dejadme contaros una anécdota que viví en Bélgica durante una ceremonia de circuncisión. Estaban en ella el jatib de una mezquita (Al Amal) de Anderlecht y mi suegro y maestro presidiendo la celebración. A esto, el jatib de la mezquita pronunció un discurso en clave wahabi en el cual decía que ayunando mucho, yendo a rezar siempre a la mezquita y haciendo muchas salawats (nafila) uno podía llegar a convertirse en un wali o salih. Entonces mi suegro le dijo que no hablara de lo que no sabía y le preguntó con mucha ironía si en las mezquitas había garajes con cadenas de montaje para fabricar awliya y salihin, terminando por decirle una cosa que el otro nunca había oído en su vida, y es que el wali nace wali, porque es escogido por Allah para la wilayya, de tal manera que las circunstancias y actos de su vida se conforman armónicamente para hacer de él un wali.

Efectivamente, la mayor parte de las mezquitas, hoy por hoy, predican de tal manera que diríase se trata de centros de producción en cadena, de individuos conformados al gusto del jefe, que es el que paga; o todos salafis, o todos wahabis, o todos tabligh, o todos HHMM, curiosamente.

El dantesco teatro organizado entre Ghandi y su graciosa majestad, queriendo vender el logro de la “independencia ejemplar de un pueblo pacífico”, tenía tintes de que se pudiera sospechar si no era sino algo ya pactado entre ambos para dejar la futura India económicamente en manos de Inglaterra. La propaganda británica casi llegó a beatificar a Ghandi, su pretendido enemigo, aunque en realidad fue precisamente él quien planificó quitarse de encima a los musulmanes de la India, proponiendo la formación de Pakistán y Bangladesh bajo el pretexto de que ambos países más la India pudieran vivir en paz; dejando, no obstante, a su suerte y en flagrante desventaja (curioso olvido), a una gran cantidad de musulmanes en India después de que la gran mayoría se fuera a vivir en los países del Norte.  Sean cuales fueren las verdaderas pretensiones del interesadamente beatificado y santificado Ghandi, todo ello da fiel testimonio de que en India el impedimento era el Islam y los musulmanes, pues él, no creemos que de manera inconsciente, actuaba «protegiendo» a la India de una «peligrosa» islamización»; jugada maestra por cierto. Y para ello hubo de crear grupos seudo islámicos que desestabilizaran la fe de los habitantes de la región. Aparte de los Ahmadiyya, movimiento herético claramente fuera del ‘Islâm,  quienes fueron precursores en este diabólico plan, surgieron los Deobandi y su hijo contrahecho la Ŷamaˤa del Tabligh; grupos eminentemente de corte político que pretendían actuar bajo la bandera del Islâm, cuando en realidad lo hacían bajo las órdenes de la escuadra y el compás masones, dirigidos sin lugar a dudas por el Imperio Británico. La jugada maestra fue doble: echar a los musulmanes de la India, y crear un falso ‘Islâm para dar a los nuevos estados un doctrina islámica edulcorada con el sello de denominación de origen, a fin de que, a su manera, se convirtieran en aliados, económicamente dependientes del imperio.

Y bien, analizando el Movimiento Deobandi podemos constatar que se trata del hermano oriental de los wahabitas sauditas; dos hijos de la misma madre, residente en Londres; dos hijos de la Gran Bretaña, que por otra parte no andaban nada lejos de los Hermanos Musulmanes nacidos en Egipto.

Todos ellos volcados en la política bajo la excusa de la religión; queriendo abarcar todo el abanico del “menú doctrinal islámico”, pretendiendo incluso apropiarse de la representación del Sufismo cuando espiritualidad tocaba. Todos compartiendo las mismas características, estructuras y fines: para mayor gloria de la corona y sus aliados. Potenciados declarada o veladamente por los estados donde residen, alimentados por los gobiernos corruptos puestos en plaza por los mismos que los invadieron e hicieron creer que les dieron independencia.

La maldad asociada a la hipocresía es el arma más utilizada por los hijos del Diablo, a quienes les encanta asociar verdades y mentiras para realizar un cóctel doctrinal, convenientemente aderezado a fin de convencer a aquellos quienes nada saben y nada quieren saber; aquellos acostumbrados a copiar e imitar pensamientos ajenos y a dejarse deslumbrar por frases poéticas trenzadas con el hilo de la maldad y del engaño.

El denominador común de todos estos grupos es la facilidad con la cual se expandieron. En toda evidencia, resulta imposible una expansión semejante sin un apoyo económico que actúe como soporte, una liquidez de disponibles a corto plazo, para así ocupar el espacio mediático necesario, extenderse y comprar voluntades. Y claramente, esa liquidez, escaseando en los nuevos estados, no podía proceder de otro sitio que de la famosa Albión, lo que se ha dado en llamar la Gran Bretaña, madre de todas las corrupciones, cuna de piratas, ejemplo histórico de magnicidios y otras maldades que es mejor no recordar.

En estos movimientos no podemos hablar de devoción religiosa, sino de una estructura piramidal bien conformada, convertida en un nuevo estado donde los poderes y las funciones se encuentran claramente definidos. Algo lo más parecido a un país dentro de un país; hecho lo cual demuestra claramente el carácter inglés de su estructura, semejante al de una gran empresa de producción nacional o al de un gobierno autonómico paralelo al nacional. No resultaba difícil convencer al poder pakistaní, o egipcio o ataturco de la necesidad de dar cabida a ese ejército de fanáticos, quienes no poseían armas, pero si poder de sugestión e influencia suficiente para poder servir al gobierno inglés como espías y controlar el pensamiento de la población. Todo un poder satánico bien engrasado bajo la apariencia piadosa de una entidad religiosa. Ya que el poder de estos países nació convenientemente esposado y atado de pies y manos, había que hacer otro tanto con la población corrompiendo su único refugio posible ante el poder tiránico de los clientes de la Gran Bretaña; había pues que corromper la religión.

LAS CARACTERISTICAS COMPARTIDAS

Es fácil demostrar cómo estos grupos siguieron el mismo diseño, independientemente del país en al cual obraran. Deobandis, Tabligh, Hermanos Musulmanes, Wahabitas y Salafis compartían estructura, es más, esta era copiada de manera fiel de unos a otros, demostrando con ello que su formación procedía de aquel lugar oscuro, de gentes embozadas, quienes utilizaban la escuadra y el compás como símbolo, a fin de instalar los pilares de la religión de Harut y Marut, de la religión del Daŷŷal, resumiendo: del satanismo.

¿Cuáles eran entonces estas similitudes las cuales decimos demuestran que estos grupos eran hijos de la misma madre?

A / Todos gozaron de una liquidez económica asombrosa la cual proporcionó una rápida expansión.

B / Todos ellos fueron sustentados por el poder, aunque éste quisiera hacer ver que eran oposición. En realidad, los pequeños conflictos entre ellos y el poder, no eran sino luchas por parcelas de dominio entre unos y otros, luchas entre hermanos.

C / Todos ellos proclamaban levantarse contra la degradación de las costumbres. En consecuencia, crearon una falsa visión de la religión, a la que quisieron convertir en un Código Penal y un conjunto de leyes.

D / Todos pregonaban para ellos una espiritualidad nueva, un Sufismo reconvertido, consistente en degradar a unos maestros sufís y alabar a otros. Un Sufismo sin maestros, para que ellos fueran quienes lo dirigieran. Contrario a las bases del Tasawwuf, como tal lo demuestra uno de sus estandartes, el maestro y ‘alim Al ˤArabi A-d-Darqawy quien dijo: “Quien no tiene maestro, tiene como maestro al Šaytan”. Resumiendo: un seudo sufismo de corte satanista organizado y controlado por ellos.

E / Todos prometían el Infierno a aquellos a quienes no les siguieran y contradijeran.

F / Todos los dirigentes de los grupos eran personas hábiles en el mundo político y carentes de formación religiosa profunda.

G / Todos pretendían ocupar todo el espacio religioso, captando el mayor número de miembros posibles, dejando de lado las instituciones las cuales habían provisto al Islam con el mayor número de sabios, como al Azhar en Egipto y Qarawiyyin en Marruecos.

H / Sus mensajes y discursos son simplistas, arcaicos, exentos de calidad intelectual; son como garajes o cadenas de montaje que fabrican el mismo producto y lo venden en cantidad a un precio asequible para el gran público. Un garaje para hacer ulama; un garaje para hacer políticos y una cadena de producción para fabricar salihin new age.

Abdul Karim Mullor