De la espalda de Adam

Abdul Karim Mullor

De la espalda de Adam

Dice el Corán:

Y cuando tu Señor sacó de las espaldas de los hijos de Adam a su propia descendencia y les hizo que dieran testimonio: ¿Acaso no soy Yo vuestro Señor? Contestaron: Sí, lo atestiguamos. Para que el Día del Levantamiento no pudierais decir: Nadie nos había advertido de esto. (7-172)

Un hadiz dice:

Abu Hurayra relató que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo: “Cuando se acerque la Hora será difícil que el sueño de un musulmán sea falso. Los sueños más verdaderos pertenecen a aquellos que hablan más con la verdad. Y el buen sueño de un musulmán es una parte de las cuarenta y cinco (en otras versiones 46) partes de la Profecía. Los sueños son de tres tipos: El buen sueño es una buena noticia de Allâh, el mal sueño que causa preocupación es de Šaytán y el tercero es una insinuación del propio yo. Entonces si uno de vosotros ve en un sueño algo que detesta que se levante y rece y que no se lo relate a la gente”. Y dijo: “Me gusta ver grilletes y no me gusta ver collares de hierro. Los grilletes significan firmeza en la religión”. El narrador no sabe si esta parte es del hadiz o si son palabras de Ibn Sirrin (uno de los transmisores).

Tomando como punto de partida esta aleya del Corán y de este hadiz voy a relataros un sueño verídico que tuve ya hace más de 20 años y que todavía se encuentra fresco en mi memoria:

Me vi en una especie de túnel cuyas paredes eran blancas. El túnel se encontraba muy bien iluminado. Por él circulaban unas criaturas humanas cuyo rostro expresaba calma; ellos no eran ni hombres ni mujeres. Llevaban en su mano una especie de quinqué luminoso; sobre su cabeza tenían una especie de gorro,  y se iban cruzando conmigo. Llegado un momento me vi bajando unas escaleras, mientras uno de estas personas subía, y cruzándose conmigo nos saludamos con el Salam.

Llegué a un lugar en el que había poca luz. Era como una gruta enorme, y en ella pude ver una enorme cantidad de gente. Yo estaba en la parte más iluminada de la gruta, junto a otros hombres y mujeres.

De repente, en las paredes de la gruta,  que eran de fortísima roca comenzó a salir una luz maravillosa  y radiante. Llegado un momento pude oír una voz que salía de esa luz diciendo:

¿Acaso no soy Yo vuestro Señor? Y ahí acabó el sueño.

Pude ver lo que es llamado Al Azal, es decir, el mundo en el que nos encontramos antes de venir a nuestra existencia corporal. Allí, nuestras almas esperaban el momento de ser llamadas a la vida de este mundo. Las criaturas que no eran ni hombres ni mujeres eran los ángeles.

Es ahí cuando establecimos el primer vínculo con Allâh. Le dimos la palabra de obediencia, porque cuando Él nos interrogó diciendo que si Le aceptábamos como nuestro Señor, respondimos: Sí, lo atestiguamos.

Vinimos a este mundo y algunos olvidaron el pacto. Otros lo recordamos. Es por ese motivo que Allâh llama al Corán “el recuerdo”. Es una revelación que nos lleva hacia ese pacto primigenio que establecimos con Allâh. Asimismo llamamos Recuerdo (Dikr) a todas aquellas recitaciones y actos cuya finalidad es ponernos en contacto con la presencia de Allâh.

Cuando nos encontramos inmersos en las condiciones propias de nuestras vidas, comúnmente nos olvidamos de quienes éramos y de quienes somos en realidad.

Pero si se trata de la vida de aquellos que intentamos retornar a Allâh, y somos conscientes de esa responsabilidad adquirida antes de nacer, podemos decir que nuestra vida es un retorno al origen. O, por decirlo de otra manera, de una toma de consciencia de nuestra propia realidad. En este sentido podemos decir:

En verdad de Allâh somos y a El retornamos – Innâ li-l-Lâhi wa ‘inna ‘ilayhi raŷiˤun

Estamos de vuelta, sin duda alguna. Aunque asimismo, y sin pecar de ser inexactos, podemos decir que nunca dejamos de estar en El, nunca salimos de Él, y no retornamos porque ya estamos. Es simplemente a nivel de la consciencia que se realiza esta ruptura y este retorno. Aunque también podemos decir que es la obediencia y la responsabilidad con el pacto contraído que nos hace a la vez, estar y retornar sin dejar de estar.

Vivimos una sola vez. Este es el gran secreto de nuestra vida, que tenemos una sola oportunidad de cumplir con el pacto y ser conscientes de nuestra propia realidad.

Quien dedique su vida a otras cosas, pierde. Aquel que entre en rivalidad con otros, y base su vida en el rencor y la codicia, perderá. Aquel que se olvide de Allâh será humillado. Dio su palabra y la rompió.

De otra manera, quien se mantenga en el pacto primigenio, y considere que su vida es un retorno a la fuente original. Quien tenga como el blanco de la flecha de su vida el encuentro con Allâh y la contemplación de Su Rostro, ese habrá conseguido la gran victoria y tendrá una vida eterna junto a un Señor Bello y Generoso.

¡Y la Victoria solamente pertenece a Allâh!