12 octubre 2026
Sufismo

Cuando el sufí habla del Amor

Abdul Karim Mullor

Cuando el sufí habla del Amor

¿Es el Amor un sentimiento? ¿Es un capricho del alma? ¿O algo más sublime y esencial?

Todas estas preguntas emanan del anhelo de comprender la naturaleza de ese amor del que tanto se habla y escribe.

Primeramente hemos de aislar esta realidad diciendo lo que no es, a fin de llegar al punto exacto desde el que se puede comenzar a comprender la naturaleza que le es propia.

No ha de confundirse el Amor con la Misericordia.

Esta última es un acto de extrema generosidad que recubre a aquél quien se encuentra en necesidad a través de la mano del que la prodiga

Allâh es Misericordioso con toda la Creación, pero no ama a toda la Creación ni a todos los seres humanos.

Al igual, nosotros podemos ser generosos y desprendidos con alguien que no amamos; pues amar significa estar implicados con el objeto del amor de una manera personal e íntima.

El Amor tampoco es una pasión

Confundir el Amor con la pasión es lo más común que puede ocurrirle a un Ser humano medio. No enamoramos de una mujer porque es mujer, o ellas se enamoran de un hombre porque es hombre. Y, aunque esto sea legítimo, no debemos confundir esa atracción pasional o semi pasional con algo que va mucho más allá de la afección corporal o psíquica, y de la fuerza que nos impele hacia la formación de una familia.

No obstante, cuando se trata de un matrimonio un cierto nivel de Amor termina aflorando gracias al contacto y a la benevolencia en el trato.

El Matrimonio, escuela de Amor

Por eso dice el hadiz que el Matrimonio es la mitad de la Religión. Y esto tiene un argumento de peso. Al decir Allâh que lo ha creado todo en parejas, con ello nos indica que la reunión de ellas produce el efecto deseado; es decir: Él las ha creado para que se busquen y se unan.

Esta unión es un reflejo de la reunión de lo múltiple en lo Uno, siendo que el Solo Uno es Allâh. La unión de las parejas por lo tanto es Tawhid (Unicidad); y es un reflejo en la Creación de esa Unicidad de Allâh que no tiene partes ni puede ser dividida en conceptos ni formas.

En este caso, podemos decir que Allâh atrae hacia el Amor a través de la pasión. Esta es el vestido externo del que se prescinde cuando aflora el amor verdadero.

Podemos decir entonces que el matrimonio entre los esposos es una escuela del Amor. Si se compenetran, se comprenden y aspiran a las mismas metas podrán obtener una unidad perfecta, y es esto a lo que el Profeta –  sobre él la plegaria y la paz – se refiere cuando dice que el matrimonio es la mitad del Din.

Ahora bien, cuando la pareja no congenia y las disputas se acentúan, entonces de manera natural se llega a la separación. Los dos siguen siendo dos y no han conseguido nada de la oportunidad que tuvieron.

Es por este motivo que el hadiz dice que el divorcio hace temblar el Trono. No porque las dos personas se llevan mal, ni porque no deba darse, que en muchas ocasiones es necesario; sino, antes bien, porque se ha perdido la oportunidad que Allâh les dio para entrar en el mundo del Amor.

¿Cuál es entonces el Amor verdadero?

Jadiya y Muḥammad se amaron. Yaˤqub amó a su hijo Yussuf. Ibn Al ˤArabi cayó fulminado por el amor a la hija de su šayj. Zulayja amó a Yussuf, y otros hechos reales más que no vienen repertoriados en la Historia.

Este Amor no es otra cosa que el brillo de las luces divinas en una criatura, que en la mayoría de los casos suele ser una mujer. Dice Ŷalaluddin Rumi que Allâh ha depositado una parte de Su belleza y de Su luz en la mujer.

Esa luz divina se deposita en la persona amada para que el amante se acerque a ella. El amante es consciente de que él ama a Allâh. Y también lo es que Él, en Su sabiduría sin límites, ha depositado esa luz en esa criatura de manera específica para él.

En el momento en el que el amante se acostumbra a esa luz, ella penetra en su interior y se apodera de su corazón.

Es por ello que en el Corán se nos anima a apoyarnos los unos a los otros en la religión; digamos que es uno de los motivos de esta aleya.

No obstante, el Amor verdadero es la irresistible atracción de ir hasta nuestra fuente misma de existencia que no es otro que nuestro Creador.

Ese amor a las manifestaciones de Su Belleza no es otra cosa que el deseo recóndito de nuestro espíritu de encontrarse con la Fuente eterna de la cual salió.

Y cuando Musa vino a Nuestra cita y su Señor le habló, dijo: ¡Señor mío! Muéstrate ante mí para que pueda verte; dijo: No Me verás, pero mira el monte y si permanece en su sitio entonces Me verás.
Y cuando su Señor se manifestó al monte lo pulverizó y Musa cayó fulminado. Al volver en sí, dijo: ¡Gloria a Ti! A Ti me vuelvo y soy el primero de los creyentes.
(7-143)

Es la fuerza centrífuga y centrípeta; el sístole y el diástole. Es la fuerza misma que, sin causa aparente, hace latir nuestro corazón, sin estar condicionado por fuerza externa alguna. El corazón funciona por él mismo, por el impulso vital que nace de su propio interior.

Así es el Amor; es una fuerza lanzada por Allâh para que retornemos a Él, que es de dónde venimos.

Y aferraos todos juntos a la cuerda de Allah y no os separéis (3-103)

¿Acaso creéis que esa cuerda a la que se nos dice debemos agarrarnos fuertemente es otra cosa que el Amor?

Se puede revestir de obediencia, de sumisión. Pero esa cuerda no es otra que la del Amor.

Agudiza el ingenio. No te quedes en las apariencias.

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