Cuando el que miente sabe que miente – al Señor Pérez Reverte
Abdul Karim Mullor
Cuando el que miente sabe que miente – al Señor Pérez Reverte
No se trata de una misiva, que no la merece aquél que miente a sabiendas a fin de hacer víctima de sus argucias verbales a todo un colectivo.
Usted miente, Señor Pérez Reverte y su sillón de la Academia de la Lengua sería testigo de cargo contra usted, si es que pudiera hablar, claro está; cosa esta que seguro es que usted no lo permitiría en caso alguno.
No, no soy Quevedo, ni usted es Góngora. No voy a hablar de su nariz. Aunque no es por falta de ganas.
Mire usted, ni los musulmanes vienen a recolectar melones, ni los españoles fueron a Marruecos a principios del siglo XX a hacer otro tanto con fresas, calabazas y granadas. Los recolectaban los musulmanes.
Usted sabe muy bien a qué fueron los españoles; no se esconda. Dígamelo al oído. ¿Eran legales o ilegales? Si no recolectaban melones, ¿entonces qué es lo que hacían, provisto que a “cristianizar” no iban?
Y tampoco el Islam es representado por nikab ni fulard ni trapo alguno, ni otras cosas al uso de personas que, por ignorancia llegan a creer que es eso la Religión.
Parece mentira, no obstante, que a un hombre que se cree hecho y derecho como usted, le cause tanto miedo una prenda de vestir. No tiemble alma en pena, nadie le quiere asustar.
Eso sí, le vienen muy bien a usted, y a embrolladores como usted, para apuntar con el dedo y acusar de mala manera a aquel que no está delante para descubrir su falacia. Sobre y ante todo a usted le sirve para denostar una Religión que nunca a usted hizo mal alguno, pero que usted se empeña en vilipendiar. Una religión que usted pretende identificar con un trapo.
Si es verdad que usted conoce el mundo musulmán como dice, entonces está mintiendo con descaro. O quizás sea usted un pobre ignorante, de esos tantos que hacerse pasar por sabio delante de una asamblea puede dar lustre, si cabe, a su ignorancia, si es que esta pudiera tener lustre alguno.
Usted mismo nos retrata la pobreza de ese mundo Occidental al que quiere hacer pasar por culto, citando como astros luminosos de su “excelsa intelectualidad”, cito sus palabras: “el teatro y la libertad sexual”. Si esta es la Cultura que usted magnifica, eso nos hace comprender que su nivel intelectual se encuentra muy por debajo de una mente sana y, eso sí, al nivel de sus pantalones.
Que sepamos “la Democracia” en su acepción más verídica, significa “poder del pueblo”.
Mire usted: usted no es demócrata, ya que vive en un mundo en el que un uno por mil de la población gobierna al otro 999.
Lo que manda es el dinero, y si no hay dinero disponible para el pueblo, tampoco puede haber Democracia.
No digo que la Democracia sea lo mejor, ni tampoco la Dictadura en la que todos han de dejarse gobernar por los caprichos y paranoias de uno solo.
Tampoco digo que el Islam sea demócrata desde el punto de vista doctrinal; no tiene porqué serlo;
ni tampoco dictatorial; al contrario, el Islam es Misericordia, y de eso usted no sabe absolutamente nada. Usted es un ignorante puro y un discutidor manifiesto.
Si su Cultura es el Teatro y la libertad sexual, su intelectualidad es inexistente; ya se lo digo yo: ella está al nivel de sus pantalones. No sé si usted los luce rosa o negros.
Y como en el teatro, su cultura se encuentra al nivel de la mentira y de las representaciones de lo que no es.
Nunca leí ninguna de sus obras; siempre me antojó usted muy antipático, muy pagado de sí mismo. A mí gentes como usted no me gustan. Siempre le tuve por ignorante. Y acerté.
Confiese que su manera de hablar del Islam es para meter cizaña, a no ser que sea usted un ignorante profesional y “paletus causa”, y practique la osadía de hablar de lo que no sabe, cosa que en el mundo científico y académico es un pecado mayor. Claro que si el que comente la falta es usted, falta no es; faltaría más. “No es pecado si soy yo quien lo comete”. ¿Verdad Señor Pérez?
Y puesto que los musulmanes están para recoger melones, aquí este musulmán que nunca los recogió, y que si los comió, le pide que se lave usted la cara y se enjuague bien su boca, ya que usted habla de lo que no ve.
Probablemente usted no recogió melón alguno; no creo que esté cualificado ni siquiera para eso. Los que eso hacen son mucho más nobles que usted, pues ellos trabajan para ganar el pan. Usted, al contrario, despilfarra su vida escribiendo mal cosas insufribles que nadie en sus cinco sentidos puede experimentar otra cosa que tedio al leer. Pero, hay gente para todo…
Y, como antes le dije: ni soy Quevedo, ni usted Góngora. Los tiempos han cambiado en las formas, que no en el fondo.
Aunque si le dedicaré unas palabras que escribió nuestro Antonio Machado en honor a ese grupo “selecto” de gentes al que usted pertenece.
El casca-nueces-vacías,
Colón de cien vanidades,
vive de supercherías
que vende como verdades.