13 octubre 2026
Ceuta

Crónicas de un madrileño en el país de las alfombras voladoras

Abdul Karim Mullor

Crónicas de un madrileño en el país de las alfombras voladoras

Haber nacido en Atocha y vivido 3 años; haber pasado otros 9 en «El puente de Vallecas»; otros 15 en Getafe y 13 en Brunete, creo que me vale para decir que soy madrileño. ¿Cómo no? Si compré bocadillos de calamares en El diamante; me harté de chocolate con churros, y a mis 14 años me recorrí todo Madrid. Soy forense (del Foro) sin haber estudiado medicina; cosa que solamente un madrileño puede hacer.

Vente a Marruecos, el país de…

Vine a Marruecos por lo que vine; no me voy a repetir.

No creas, amigo, que eso de las alfombras voladoras es cosa de genios. Existen, y si vienes a Marruecos constatarás que es así.

Cuando viene a instalarme en Marruecos a eso de Agosto del 1997, creía haber llegado a un país musulmán, en el que la gente, al menos tenía ese sentido del honor, de la palabra y de la verdad que según mi escala de valores, debería tener un musulmán. ¡¿Y robar?! ¡Imposible imaginar que un musulmán pudiera llegar a eso! No hablemos de…, de … y de …

No podía imaginar que en un lugar en el que se levantaba a la gente a las 4, 5 o 6 de la mañana para rezar, de manera recia y contundente como aquí se hace, pudieran haberse establecido esos vicios. Pronto me apercibí de que si lo habían hecho, y más… mucho más que establecerse.

A veces, cuando escucho al mu’azzin decir eso de:

La plegaria es mejor que el sueño

Pienso para mis adentros: “déjalos; mejor que no se levanten”

No en vano, alguien a quien mucho aprecio, y de cuyo nombre no quiero acordarme aunque no lo haya olvidado, me dijo esto:

“Tú crees que has venido aquí pensando que es un país del Islam; pero he de decirte que aquí hay gente que es capaz de hacer lo que ni el mismo diablo es capaz de llegar a imaginar”.

Más razón que un santo, tenía este hombre.

No soy racista, ni escribo esto con un espíritu revanchista, aunque sí un poco fastidiado con las cosas que hay que vivir por aquí. A veces, utilizando la peculiar sintaxis verbal de nuestro gracioso ex presidente Don Mariano, si me siento “muy mucho fastidiado”, porque hay “muy mucho tocador de narpias por estos santos lugares”.

¿Cómo iba yo a ser racista si procedo del país en el que no se sabe si es el dueño el que pasea a Don Chucho o viceversa? De un país en el que la violetera ya no vende flores, sino otras cosas. De un país en el que cuando hablas de organillo (eso tan madrileño) te encuentras con cuatro (o cuatr@) que te recuerdan la ideología de género. No, no las regalaré flores, seguro. Aquí al menos, los chuchos están donde tienen que estar. Se sabe quién es ella y quién es él.

Aquí, en Marruecos, no hacen falta mascotas, habiendo algunos miembros de la familia como los hay. Con ellos y los líos que montan ya no se quiere más. Los hay de todos los colores, y para regalar. Quienquiera se los puede llevar en una caja de regalo como si fueran de esos habanos de solera que se regalaban antes.

Así es ese país al que algunos llaman “el país de los sentidos”. ¿Y por qué no el de los sinsentidos? No es que lo diga yo, lo dicen en Marruecos:

“Fil Magreb la tastagreb” (En Marruecos no te extrañes de nada). Hasta las alfombras vuelan.

¿Entonces yo que hago por aquí? Tampoco ando tanto, ¿eh? Que me fui a Bélgica desde el 99 hasta el 2017 y ando más por Ceuta. Pues si ando lo que ando por aquí porque tengo suerte en tres cosas:

Porque mi esposa y una parte de su familia son de una misma mentalidad que la mía.

Estoy en la montaña.

Porque hay un ambiente augusto y luminoso que invade este ancho valle de Tetuán, herencia de los hombres y mujeres de luz que poblaron estos lugares. Porque, lo que es ahora, como no lleves tu la linterna…

Porque interactúo lo necesario, y con las personas que llevan una vida y tienen un pensamiento, digamos normales. Porque en Marruecos hay gente normal, y a veces la encuentras excelente. Los dos extremos conviven en el mismo hábitat.

Bueno, que también en España…

Recuerdo que una vez, yendo con mi buen amigo Mehdi Flores en Chawen, entré en la casa de un señor amigo suyo, y sin venir a cuento, el hombre, sin saber quién era yo, me soltó:

Yo te enseño.

Al oír esto poco me faltó para soltar una carcajada. Pensé:

Enséñame la casa, si quieres, porque lo que es enseñarme otra cosa no creo que puedas

Y es que, por si no lo sabíais, Marruecos es un país henchido de grandes filósofos y pensadores. Sabios insignes de la Religión y de la Metafísica avanzada; próceres de la intelectualidad más depurada; sabios ultraprosapiales. Desde el currante que hace pasteras, hasta el doctor; pasando por el del mostrador de Amandis. Por montañas y praderas; por mares y ríos; desde el río hasta el mar; todos, todos los marroquíes saben todo de todo.

Es tal la sabiduría prosapial que planea por este país que uno llega casi a sentirse realmente “un gaury”. Y eso sí que es racismo. Prefiero que no dejen de pensarlo, porque así, si se acercaran con su sabiduría, lo resultante de ello sería peor que leerse las páginas amarillas…

Así todo dicho, pido perdón a esa buena cantidad de marroquís que no tienen estos vicios, pues ellos no tienen nada que ver con semejantes, digamos “costumbres”. Prosigamos:

La verdad es difícil de encontrar. Exageran en todo. A un cuarto le llaman mitad. Cuando no han salido dicen que van de camino y cuando están de camino dicen que están en la puerta. No se te ocurra abrir, no hay nadie.

Y en el habla, dos mentiras por cada verdad. Es científicamente constatable para todo aquel con espíritu observador.

Si te hacen un favor, “mosquéate”. Pronto te pedirán 100 veces el precio.

Y la familia, ooooohhh, esa familia islámica, buena, generosa, siempre dispuesta a ayudar. Perdón, estaba delirando, es el calor. De la familia y del doctor, cuanto más lejos mejor.

Sí, es cierto, la familia es la causa de los divorcios en el 90 por ciento de los casos.

Y, vuelvo a decirlo: al menos en Marruecos hay familia, porque lo que es en España la están destrozando.

Eso no impide para que en un país en el que se apuesta por la familia, sea esta la causa de la mayoría de los males.

¡Que Allâh nos preserve de la familia!

Cuando no se respeta un hogar, no se comprende, ni se quiere comprender, que el marido y la esposa son un hogar en el que tú no tienes derecho a inmiscuirte entonces el mal está hecho. A ellos, eso de que el matrimonio es la mitad de la religión les viene ancho. Al Hamdu li-l-Lâh que aún quedan hombres y mujeres con cabeza y con amor entre ellos; si no fuera así, estarían vendidos.

¿Hablamos de la magia negra? No, hay que dejarlo, es muy desagradable. Pero has de saber que debes protegerte de ella, pues aquí también se estila.

No hablemos del dinero; porque la honradez, hay que decirlo claro, es una especie en peligro de extinción. Escuchad bien el ruido de un motor diesel por aquí y os llegará: Dirhamdirhamdirhamdirham…

Por eso, lo mejor es la montaña. Si el río crece, hasta aquí no sube. Es mejor dejar abajo una gente tan sabia y maravillosa que han puesto semáforos en el aire para que pueda pasearse por su hábitat natural, que es el de las alturas de la excelencia sapiencial y el de las mentiras de todos los días.

Nosotros, los normales: los que decimos la verdad; lo que vamos a las cosas de cara, precisamente porque tenemos solamente una; los que pagamos cuando debemos; los que no somos amigos de lo ajeno, estamos en la montaña.

Esislam.com - Comunidad de Islam en español para el Diálogo Intercultural
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.