10 octubre 2026
Sufismo

Convoca a las gentes compañero

Convoca a las gentes compañero

Cuando el Šayj Aḥmad al ˤAlawi hubo alcanzado su madurez espiritual, su maestro, el šayj Sidi Hammu al Buzaydi, le animó diciendo:

Serás como un león guiando a las gentes. Donde pongas la garra triunfarás

Y así fue. El šayj al ˤAlawi llegó a tener un millón de discípulos en todo el orbe musulmán. Desde Marruecos hasta Indonesia, las zawiyyas florecieron, e incluso se llegaron a formar pequeños núcleos en países occidentales como Francia y Suíza.

En ese momento el šayj compuso una qasida[1] que comienza de esta manera:

Addi fî-n-nasi Ya saḥî

Warfaˤi ṣawti ˤaliyya

Qul: Haya ˤala-l-falaḥi

Halumna qawmî ‘ilaiya

Convoca a las gentes compañero

Y eleva bien en alto tu voz

Di: ¡Venid al éxito!

Venid a mí ¡o pueblo mío!

Este “Haya-l-falaḥi” que decimos en la ‘Iqama (llamada) de la plegaria (ṣalat) es el secreto de todo. El secreto de esta convocatoria que el maestro, representante de Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz –, realiza para poder guiar al pueblo. Siendo el pueblo, no la totalidad de los musulmanes, sino aquellos que aspiran acercarse a Allâh y conocerle.

Un verdadero maestro es el representante de Rasul y el califa de Allâh en la Tierra. No solamente tiene el permiso Divino para enseñar, sino que asimismo se le ha impuesto ese deber. Enseñar, no a todos, sino únicamente a aquellos que lo desean con sinceridad. Pues no se puede desperdiciar lo que es santo, al mismo tiempo que no se puede esconder la Ciencia a aquél que lo solicita con cumplida sinceridad y sana intención.

Es por ese motivo que el maestro estará presente cuando se le necesite y él mismo se presentará a unos y a otros según sus capacidades de comprensión.

Es por eso que el Šayj en otra qazida dice:

ˤIlmunâ wa-l-Lâhi ya’zum

Nuestra Ciencia ¡por Allâh! Es inmensa.

Una ciencia que ha pasado del Profeta a los compañeros y de estos, generación a generación, hasta nuestros días, en los que, aunque bien pocos, siguen existiendo maestros competentes capaces de elevar los espíritus, hacer trabajar las inteligencias, hacer manar las aguas luminosas de los corazones a fin de llevar a aquellos que Allâh escogió a lo más alto, tanto en esta vida como en la Otra.

El califa, el maestro, convoca a las gentes; pero hoy también lo hace el šaytan (el falso maestro). Solamente los sinceros pueden llegar a discernir lo verdadero de lo falso. Hoy el diablo se muestra como maestro para que nadie siga al verídico. Esta táctica, tan vieja y añeja como la misma vida, le está dando más éxito el día de hoy vista la voracidad por la Dunya y la gafla (olvido de Allâh) de tantos y tantos que dicen aspirar al Conocimiento.

¡No es verdad! Si dices aspirar al conocimiento y te dejas engañar, eso dice de ti que no te has tomado demasiadas molestias; al menos las suficientes. Allâh no aprisiona a nadie que quiera ser libre. Pero Allâh no muestra la Verdad a aquellos que no se han hecho dignos de ella con su trabajo, dedicación, fortaleza, insistencia y sinceridad.

Te acomodas pensando que eres especial y al final te diste cuenta de que tú mismo te cerraste las puertas del conocimiento por tu actitud acomodada y perezosa. ¡No! No nos digas mientras bostezas que te encuentras en la élite. ¡Te engañaron porque tú mismo te engañaste! Quisiste negociar con Allâh la Ley del Mínimo Esfuerzo. Y con Allâh no se negocia ese tipo de cosas.

Nadie encuentra oro en la Bisutería; allí solamente están las baratijas. Las sortijas que llevas no valen lo que un par de tus mudas y tú las vas exhibiendo por ahí pretendiendo ser admirado por las gentes.

Mientras, el califa, ofrece oro de la más alta y probada calidad. Pero el ojo acostumbrado a las baratijas ¿cómo podría distinguir el oro? Para saberlo distinguir es necesario ser un experto. Para ser experto hay que haber trabajado con el oro de verdad. El bisutero y su cliente no conocen ni el oro, ni el diamante.

¡No te engañes a ti mismo! ¡Solamente  te ha sido dada una vida! Y sería una vergüenza para ti partir habiéndola desperdiciado por no trabajar debidamente.

Llora ahora; sino lo harás más tarde. Hazte reproches y enfréntate a tu realidad. Se consecuente, pregunta a tu alma lo que quiere y a ti lo que quieres tú.

¡La Verdad existe! Pero ¿existes tú?


[1] Poesía espiritual. El libro que recoge una compilación de qasidas se llama Diwan. Grandes maestros sufís compusieron un Diwan, tales como: ‘Umar Ibn al Farid” – “Imam Shadili” – “Abu Madiam de Cantillana” – “Suštari” –  “Sidi Uddah Ibn Tunas” – “Muhammad Ibn al Habib” – y nuestro maestro “Salah Badr”. El Diwan recoge las palabras descriptivas de las verdades contempladas por los próximos a Allâh las cuales son expresadas en poemas, al ser la poesía el estilo que mejor puede contener la simbología que esconde la expresión de dichas realidades (haqa’iq).

Esislam.com - Comunidad de Islam en español para el Diálogo Intercultural
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.