17 junio 2024
Sufismo

Comentarios Hikam Chayj Al Alawi – Hikam XVIII

Abdul Karim Mullor

Comentarios Hikam Chayj Al Alawi – Hikam XVIII

Hikam XVIII

La cuestión no es reconocerle en todos Sus Nombres sublimes.

La cuestión está en reconocerle en todo acento, en cada significado.

Comentario

¿Por qué no decir «en cada átomo»? ¿Cuál es la diferencia entre los dos postulados del chayj? Si, como se ha dicho en la sentencia precedente no hay un solo átomo que no lleve en él uno de los Nombres del Adorado, podremos suponer que uno o varios de esos Nombres se encuentran asimismo en los acentos y en los significados.

Buscarle dentro de los Nombres sublimes, suponiendo que hayamos descubierto el Nombre contenido en tal o cual partícula, átomo, objeto o individuo, es solamente una parte del objetivo.

Sin embargo, el šayj está hablando aquí de la combinación de esas partículas, de sus interacciones, de sus composiciones complejas al formar un ente compuesto por gran parte de ellas.

En todo acento, quiere decir, en toda situación, sabiendo que ellas son múltiples y muchas veces imprevisibles. En cuanto a los significados se refiere, estamos hablando de los reflejos de las luces en ese ser, objeto o situación.

Lo más útil, y lo que más allana el camino es ser consciente de que cada situación es un mensaje o un signo de Allâh, que comunica con nosotros de una manera sutil a fin de acostumbrarnos a aguzar nuestra fineza. El objetivo es reconocerle en cada soplo, en cada elemento a veces casi imperceptible.

Quien así hace vive otra vida. Es más, de alguna manera se encuentra lejos de este mundo, ya que él ve las cosas desde otra perspectiva. Desde la luz del Sol, hasta la de las estrellas, la de la Luna, los mares, el mismísimo cielo, aparece ante él como algo que cobra propia vida, pues todo ello se observa con la certeza absoluta de que el Creador se encuentra allí presente de manera efectiva.

Esta consciencia no tiene como origen la imaginación; tampoco la visión física. Es una realidad que se impone y que nos transporta más allá de la simple percepción de los sentidos. Es una realidad en la que se vive, no en la que se piensa. ¿Acaso hay algo en lo que Él no se encuentre presente? ¡Esto es imposible! No podemos separar al Creador de Su obra; y tampoco podemos asimilar la obra a su Autor.

Hay personas quienes, desde que se levantan hasta que duermen, son conscientes de una Presencia que se les impone, que rodea tanto su ser como todo aquello que piensa, que hace, y se encuentra activa en cualquier escenario en el que se mueva o actúe. Estas personas experimentan al Yaqin (La Certeza), la cual es un estado del que habla el Corán:

Y adora a tu Señor hasta que te llegue la certeza [1]

Algunos, erróneamente interpretan que la certeza es la muerte, pues utilizan el argumento de que es imposible de dejar de adorar a Allâh antes de morir. Si ya han comprendido mal la propia sintaxis de la frase, no hablemos entonces del significado.

Adorar a Allâh hasta que llegue la Certeza no quiere decir que no haya que hacerlo después.  La frase del Corán no dice eso. Y si dice “adora hasta”, es porque lo que se encuentra como consecuencia de dicha adoración, la Certeza, es un hito remarcable. Es un estado interior al que Allâh ha dado una gran importancia. Es pues una situación producto de la adoración. Pero hay más.

La Certeza que aquí hemos señalado es una condición absolutamente necesaria para, desde ahí, comenzar a conocer la Verdad. La Certeza es la puerta, pero no es el final. Más allá de ella se encuentra el desvelamiento (kašf) el cual representa un estado de conocimiento interior más potente y completo que el de la Certeza, aunque a veces lo sea solamente en apariencia.

Y digo “en apariencia” porque en algunos individuos la Certeza que poseen puede ser mayor y mejor que el desvelamiento de otros.

Como podéis observar, todo esto se trata de un proceso tan complejo que las inteligencias se pierden en su análisis.

La Certeza entonces no es la muerte, es la “firasa” a la que se refiere el hadiz que dice:

Estad prevenidos con la mirada penetrante (firasa) del mu’min porque mira con la luz de Allâh

En este caso, dicha mirada coincide con lo que hemos comentado en un principio. Quien la posee, vive otra vida, vive en otro mundo, en otra realidad. No le busquéis para proponerle aquello que hace gozar a los sentidos y estremecerse al pensamiento; porque él no está donde vosotros estáis. Su cuerpo está presente; todo lo demás se encuentra ausente. Se fue del mundo por una puerta que nadie conoce. Dijo adiós a todo lo anterior para penetrar en un lugar del cual no hay retorno.

Si veis que interactúa con vosotros, no lo creáis. Si se interesa por vosotros es por Misericordia. Pues él es el heredero del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -. Ha heredado su ser Misericordia, convirtiéndose así en muhammadí.

Y no te hemos enviado sino como misericordia para todos los mundos [2]


[1] Corán 15-99

[2] Corán 21-107.