19 julio 2024
Sufismo

Comentario al Hikam del Chayj Al Alawi – Hikam XI

Hikam XI

Los defectos del alma no son múltiples para otra cosa que para ofuscar mejor las luces celestes.

Comentario

Diríase que Allâh no quiere que nos iluminemos con las luces divinas y por eso ha creado un alma provista de múltiples defectos, sugerencias, caprichos y demás fuerzas que nos distraen de la búsqueda de la Verdad.

Si no fuera porque El, en Su infinita sabiduría nos ha dado los medios para contrarrestar nuestros defectos podríamos considerarnos vencidos de antemano.

Allâh es Justo y quiere que nosotros nos esforcemos y adornemos nuestro carácter con una serie de fuerzas que se van manifestando a medida que entramos en contacto con los reveses que el alma nos da cuando nos manifiesta que su voluntad no es precisamente la de seguir los efluvios de las luces divinas.

El profeta Yussuf reconoce que el alma (nafs) siempre tiende al mal y que es el Ser humano quien, con la ayuda de Allâh, puede contrarrestar sus deseos y su fuerza. Queda entonces comprender que El Creador exige de nosotros un esfuerzo que, al principio puede parecer descomunal, pero que, a decir verdad, una vez que se ha comenzado cuanta con numerosas y preciadas ayudas de lo alto, es llevadero y se auto alimenta. Veamos pues que dice el Libro de Allâh sobre este alma, nacida para ofuscar las luces celestes:

Pone Allâh en boca del profeta Yussuf:

Y yo no digo que mi alma sea inocente pues es cierto que el alma ordena insistentemente el mal, excepto cuando mi Señor tiene misericordia.
Es verdad que mi Señor es Perdonador y Compasivo.
(12-53)

En la Surat Šams (El Sol) encontramos lo siguiente:

¡Por un alma y Quien la modeló!

Y le infundió su rebeldía y su obediencia.
Que habrá triunfado el que la purifique
y habrá perdido quien la lleve al extravío.

Mientras que en la Surat Al Faŷr (La Aurora)  podemos observar estas palabras:

¡Oh alma sosegada!
Regresa a tu Señor, satisfecha y satisfactoria.
Y entra con Mis siervos,
entra en Mi Jardín. 

Como hemos podido constatar, de una manera inequívoca, el alma tiende al mal y solamente se reforma con la asistencia Divina. Esto, por supuesto, precisa de un esfuerzo de parte del servidor de Allâh que lucha contra sus deseos, que siempre van en contra de los de su Creador.

Y si nos preguntamos quién creó a esta alma con esa naturaleza rebelde, no estaremos equivocados si decimos que fue Allâh. Quien al mismo tiempo la ha infundido la capacidad de ser obediente.

De esta manera, quien la purifique doblegando sus voluntades triunfará. La habrá pacificado y sometido a las Voluntades de Aquél que la creó.

En este punto podremos dividir el estado del alma en tres etapas distintas:

El estado primigenio de rebeldía en el que la encontramos se ha dado en llamar “Nafs ‘ammara bi-s-su’i” (Nafs repleta de suciedad).

En este estado ella se encuentra totalmente plena de deseos mundanales de todo orden, e implicada en todo cuanto satisface su insaciabilidad. Nunca se encuentra satisfecha y busca elementos de todo orden, ya sean físicos, mentales o emocionales a fin de afianzarse en su trono. Ella se engrandece con la consecución de sus deseos. La satisfacción de cada deseo la vuelve más sólida y oscura, de tal manera que siempre solicitará mayores satisfacciones, pudiendo llegar, si se la obedece, a pedir los mayores vicios a los que puede llegar el Ser humano.

No obstante, y como Allâh la ha inspirado así mismo la capacidad de ser obediente, ella es consciente de su propia rebeldía. De tal manera que puede comenzar a plantearse su situación criticándose a ella misma y plantando cara a todos y cada uno de sus deseos. En ese estado es cuando se la reconoce como “Nafs al lawama” (el alma que se autocritica).

Si ella persiste en esta actitud llevándola hasta sus últimas consecuencias, con la ayuda de Allâh puede llegar a purificarse y convertirse en los que es llamado “Nafs al mutma’inna” (alma aceptable y aceptada por Allâh).

En este último estado el alma pliega sus velas y es recogida en el dominio del Espíritu. Es por eso que el Corán dice:

Regresa a tu Señor, satisfecha y satisfactoria.
Y entra con Mis siervos,
entra en Mi Jardín. 

Y ese regreso a su Señor implica que el Espíritu asimismo ya se encontraba en El. Pues, tal y como hemos visto precedentemente nuestro ser alberga una parte del espíritu divino con el que nos fue dada la vida. Este “Mi Jardín” (no “El Jardín”) que dice Allâh en el Corán no es otro que la aniquilación (fana’) de las propias preferencias que han sido adaptadas a las divinas.

Es en este estado que las luces procedentes de Allâh inundarán nuestro ser hasta que éste sea de tal manera trasparente que no quede en él otra cosa que la luz de la verdadera servidumbre.

Es entonces que seremos el verdadero representante (jalifa) de Allâh en la Tierra. Y así habremos realizado en nosotros el estado de la ˤubudiyya (servidumbre) que es el de la sumisión total a Allâh, no solamente de nombre sino de hecho.

Esta purificación del alma es en realidad de lo que trata la Ciencia del Tasawwuf (Sufismo). Una ciencia cuya misión es esa precisamente: devolver al Ser humano a su verdadera naturaleza original, anterior a que el alma ocupara su lugar en esta vida, a fin de ponernos a prueba y de volver a ser lo que realmente somos. El Universo entero se encuentra en nuestro interior. Es necesario entonces descubrir quiénes somos en realidad y qué lugar ocupamos en el Mundo verdadero al que nunca hemos dejado de pertenecer sino es a nivel de la consciencia, o a mejor decir, de la falta de ésta.Hikam