Científicos musulmanes – Avicena – Ibn Sina

A-s-salamu ‘alaykum – La paz con vosotros

Hemos de confesar que no conocemos muy bien porqué han trascendido más en Occidente filósofos como Al Farabi, Avicena y Averroes que grandes figuras del pensamiento como Abu Hamid al-Gazali, Abdul Qadir Ŷilani y Ŷalaluddin Suŷutí. Seguramente fue porque tanto Al Farabi como Avicena fueron filósofos, y en el caso de Avicena un gran médico; o quizás porque los orientalistas hayan sentido mayor atracción por personajes cuyas doctrinas filosóficas encontraban de alguna manera con las de Aristóteles y Platón.

Avicena (980-1037, era uzbeko de nacimiento; aprendió el Corán de memoria a los 10 años y desde entonces comenzó a estudiar medicina. Entonces las teorías hipocráticas eran las más extendidas en el mundo musulmán. Avicena, no solamente desarrolló en la práctica los tratamientos de Hipócrates, sino que incluso los mejoró, llegando a la edad de 18 años a ser el médico del sultán de Bujara, ciudad uzbeka cuna del Imâm Bujari, y a curarle de una enfermedad de la que nadie le supo tratar.

Como filósofo encontró más dificultades, llegando incluso a leer 40 veces “La Metafísica” de Aristóteles, obra que al fin pudo comprender gracias a los comentarios que sobre ese tratado hizo Al Farabi. Tanto le conmovió comprender al final a Aristóteles que ese día distribuyó una gran cantidad de dinero entre los pobres.

Para quien de vosotros no hayáis oído suficientemente sobre Aristóteles y Platón, hay que decir que se trata de filósofos griegos buscadores de la verdad. Ibn ˤArabi comenta sobre ellos que, cuenta habida de sus escritos cabría suponer que ellos, junto con Sócrates, podrían haber sido unos de esos profetas enviados a sus pueblos antes de la llegada de ˤIsa y Muḥammad – sobre ellos la plegaria y la paz -. Y aun así, Ibn ˤArabi se limitó a decir que, aun a pesar de sus convicciones no estaba completamente seguro de que lo fueran.

En realidad casi toda la doctrina aristotélica se basa en el desarrollo de lo que el propio Aristóteles llamaba “la potencia y el acto”. La doctrina sobre estos dos puntos cautivó a los filósofos europeos de los siglos posteriores al Renacimiento, sin que éstos llegaran a comprender su alcance real. Explicar esto requiere mucho espacio y me limitaré a decir que “la potencia” es la naturaleza humana tal y como ha sido creada, y el “acto” es el desarrollo íntegro de toda esa potencia en germen que transforma al Ser Humano en todo lo que puede llegar a ser. El “acto” por excelencia es Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – seguido de los profetas y de los saliḥin.

El interés de Abû Sina (Avicena) por comprender la doctrina de la Maˤrifa fue mucho menor que el que propició Al Farabi, de ahí que aquel no pudiera comprender lo que éste hizo en mucho menos tiempo.

Ahora bien, como médico fue una figura definitiva; podemos decir que Allâh le creó para esa Ciencia, tan valorada por el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – y los sabios musulmanes.

Sus tratados de Anatomía, así como su forma de diagnosticar y de tratar fueron un modelo, y continúan siéndolo para la Medicina tal y como la conocemos ahora.

Yalaluddin Suyuti, autor del libro titulado «La Medicina del profeta Muhammad», menciona, tanto a Ibn Sina como a Hipócrates a cada ocasión, junto con hadices del propio Profeta – sobre él la plegaria y la paz – cuando se trataba de argumentar sobre un tratamiento, un diagnóstico o una planta o elemento de curación.

Curiosamente murió por una enfermedad del colon, contra la que intentó tratarse sin tener éxito.

Para mayores explicaciones aquí tenéis el vídeo.