18 abril 2024
Editorial

Cada uno habla de lo que carece

La paz sobre vosotros

Hace poco, un Guardia civil, un digno representante de las fuerzas del orden, salvaba a un bebé de la sinrazón; pero, por desgracia, heroicidades como esta se encuentran lejos de ser una costumbre a nivel social, a nivel general.

Hay un refrán español, sabio, como casi todos nuestros refranes, que dice:

Cada uno habla de lo que carece”.

Esta afirmación resulta ser verídica en muchas ocasiones, no solamente a nivel individual, sino asimismo a nivel colectivo.

Hoy, que se habla tanto de solidaridad, generosidad y caridad, todas ellas brillan por su ausencia, habiendo sido sustituidas en la mayoría de los casos por el individualismo egoísta y la codicia; esto es así salvo en excepciones muy loables y claramente reconocibles por lo escaso, todo hay que decirlo.

El discurso del odio cala, su semilla encuentra el terreno ya trabajado para abrirse, enraizarse y crecer. Evidentemente, este discurso se plasma en manifestaciones políticas, pues este medio siempre encuentra su eco adecuado y fácil en los medios de mentalización de masas, que, encontrándose con mentes huecas, termina siendo una tara para la sociedad.

El ser humano ha nacido, ha sido creado, para interactuar en sociedad, para que unos a otros nos ayudemos supliendo nuestras individuales carencias. Cuando esta unidad armónica se vulnera surge el individualismo, el abuso, el nepotismo. Es así como la Humanidad se corrompe y actúa contra natura, pues ella solamente se encuentra en armonía y equilibrio cuando todos trabajamos para todos y cada uno de nosotros lo hace por el bien común.

Hoy, se habla de solidaridad, pero esta no existe; se habla de Humanidad, pero vemos a gentes buscando en los contenedores de la basura y a otros huyendo de la miseria, en tanto que los ricos lo son cada vez más, amasando riquezas que proceden del trabajo de quienes no las tienen.

Hoy, se habla de Humanidad, cuando en realidad cada uno va a lo suyo y nadie confía en nadie.

Se habla de país, cuando en realidad solamente unos pocos pueden vivir bien en él.

Se habla de bandera, cuando ésta no protege sino a unos pocos.

Se habla de Derechos fundamentales con gente pasando hambre, padeciendo desahucios, y trabajando por sueldos de miseria.

Y sí, cada uno habla de lo que carece. Y nuestra sociedad, la actual, carece de principios morales y se encuentra bien lejos de adoptarlos; pues su estructura se encuentra organizada para satisfacer al poderoso.

La lógica del odio va calando, evidentemente en la gente que se cree al resguardo de la mala fortuna. Existe un discurso que excluye al humilde, porque molesta, porque su insultante presencia nos apunta con el dedo diciéndonos lo egoístas que somos. Y, en el colmo de la hipocresía y de la manipulación dialéctica, nos arropamos detrás de una bandera, diciendo serle fieles, mientras, en realidad, la ignoramos cuando conviene. No hay bandera que cubra nuestras vergüenzas. No hay signos sublimes que justifiquen el mal comportamiento y la baja moral. La gente sufre, llora, y aun nos preguntamos por qué. No nos limitamos ni tan siquiera a mirar a otro lado, sino que agredimos a los que se queja,n a los que sufren, arrojándoles los dardos de nuestras palabras envenenadas.

Poco importa el color que adoptemos, si él es mancillado por quienes hablan y piensan en negro; por aquellos que no han levantado en su vida un dedo para desarrollar un trabajo humilde. No son los colores de las banderas y de las insignias lo que importan, son los colores del alma, de nuestro interior, de quiénes somos en realidad, sin ser coloreados por las palabras.

Tristes acontecimientos asolan regiones en mundo; tristes vidas las de aquellos que poco tienen, y han de observar, a diario, como otros llevan una vida opípara sin privarse de nada. Ver a un pueblo hambriento, a otro bombardeado vilmente y despojado de sus posesiones. No aprendimos del pasado. El día que nos toque llorar a nosotros no nos extrañemos que nadie venga al rescate; pues se recoge lo que se siembra.

¿De verdad vivimos en el mundo de la solidaridad, de los Derechos Humanos, de la Justicia? ¿Todavía hay gente que pueda creer una falacia tal?