13 abril 2024
Editorial

Cada uno estará con el que ama – Salman

A-s-salamu ˤalaykum – La paz sobre vosotros

Las compañías, las personas a quienes damos nuestra confianza y nuestra amistad, con las que pasamos la vida, quienes amamos, no solamente nos acompañarán en esta vida, sino en la otra.

Esto es demostrado por el mismo Corán en un versículo revelado por el siguiente acontecimiento :

Zawban, un esclavo liberto del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – , amaba mucho a Muhammad y no podía separarse de él. Un día se presentó ante él con lágrimas en los ojos, delgado y el rostro alterado. A esto Muhammad le preguntó que le acontecía, a lo que Zawban respondió que llevaba mucho tiempo sin verlo y que a causa de eso era su desazón.

Zawban dijo al Profeta que él pensaba que tenía que aprovechar en su vida de ese contacto, pues en la otra – decía él – Muhammad sería elevado al rango de los profetas, mientras él, si iba al Paraíso, estaría en un lugar inferior. Eso mismo, según Ismaˤil Ibn Abi Nasr, pensaban los compañeros del Profeta hasta que fue revelado este versículo :

« Aquellos que obedecieron a Allâh y a Su Mensajero, serán de aquellos a quienes Allâh ha colmado de Sus beneficios : profetas (nabi’una), verídicos (saddiquna), mártires (šuhada), santos (ṣâliḥûn). Que buenos compañeros ! » (Suratu-n-Nisa 69)

Por otra parte tenemos otro testimonio en un hadiz en el cual el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – promete que en el Ajira cada uno estará con el que ama.

Bujari y Muslim comunican de fuentes cercanas a Ibn Masud que el Mensajero de Allah- sobre él la plegaria y la paz – cuando fue preguntado sobre el Paraíso dijo: “Un hombre estará con aquel al que ama”.

Por eso un musulmán debe cuidar de las compañías, y no solamente de estas, sino que esencialmente debe prestar atención a quién o quiénes otorga su amor y su confianza en la religión. Pues quien se acerca a las malas compañías es como aquel que se lava su rostro con agua contaminada, y aquel que otorga su confianza en asuntos de religión a los hipócritas y embaucadores, es como aquel que come, un día y otro, carne putrefacta. Al final, se terminará contaminando y actuando como los unos y los otros, debido a que los ha abierto su corazón y entregado su confianza.

Mientras, los que se esfuerzan en el bien, en seguir la buena guía enseñada en el Corán y en la costumbre del Mensajero, recibirán una enorme e inimaginable recompensa, junto a los profetas, sin duda alguna. Allí habitarán por toda una eternidad, cerca del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – donde serán inmortales bajo un sol de Bondad en recompensa de lo que albergaban eb sus corazones.

Salman Farisi fue uno de ellos ; de aquellos quienes, aunque lejos, buscaban la verdad con sinceridad y esfuerzo. Era zoroastriano, pero había escuchado de la llegada de un profeta, pues habiendo abandonado Persia en busca de la verdad, y habiéndose dedicado al servicio de varios monjes cristianos, uno de ellos le dijo en su lecho de muerte :

Hijo, no queda nadie a quien te puedas encomendar. Pero, según lo que leemos en nuestros libros, el Último Profeta está a punto de aparecer. Él vendrá con el credo puro de Abraham y aparecerá en el lugar a donde Abraham emigró. Sin embargo, él emigrará a otro lugar y se establecerá allí. Hay signos explícitos de su Profecía. Por ejemplo, no comerá de la caridad, pero aceptará regalos, y el sello de la Profecía estará entre sus hombros.

Salman mismo relata :

Me puse en camino en una caravana hacia el lugar mencionado por el viejo monje. Cuando llegamos al Wadi al-Qura, me vendieron como esclavo. Al ver jardines de palmeras datileras, pensé que el Profeta emigraría a este lugar. Mientras yo trabajaba allí, otro judío del Banu Qurayza me compró y me llevó a Medina. Comencé a trabajar en su jardín de datileras. Aún no había noticia alguna del Mensajero de Allah. Sin embargo, un día yo recogía dátiles cuando un primo de mi dueño judío vino apresuradamente hacia mí. Me dijo enfadado: “¡Maldito sea! La gente afluye a Kuba. Ha venido un hombre de La Meca que afirma tener la Profecía. Piensan que es un verdadero Profeta”.

Comencé a temblar de entusiasmo. Me bajé del árbol y pregunté: “¿De qué hablas?” Mi dueño vio mi entusiasmo y me abofeteó la cara con el dorso de su mano, diciendo: “¡Eso no te concierne, no te metas en lo que no te importa!”

 Ese mismo día, al atardecer, fui a Quba y le di a Muhammad como limosna el alimento que había traído conmigo. El Mensajero de Allah no lo tocó, pero dijo a aquellos alrededor de él: “Saciad vuestros estómagos con esto”. Me dije: “Este es el primer signo”. Otro día le di algo como regalo. Él lo aceptó y lo comió con sus Compañeros. “Este es el segundo signo” me dije. Una vez, asistí al entierro de un Compañero difunto. Me acerqué al Mensajero de Allah en el cementerio. Después de saludarlo, me quedé de pie tras él, con la esperanza de ver el Sello de la Profecía. Sus hombros estaban desnudos, y el Sello era tal y como el monje había descrito. No pude contenerme y comencé a besarlo llorando, después de contarle mi historia. Él se puso muy contento, y quiso que sus Compañeros oyeran mi historia.

En otra ocasión, y cuando Salman fue criticado por otros compañeros del Profeta por no ser árabe y no pertenecer a la descendencia de Ismaˤil – sobre él la paz – , el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo :

Salman forma parte de la gente de mi casa (ahlu-l-bayt).

La historia de Salman es un ejemplo vivo para aquellos que sin nacer musulmanes han buscado la verdad con denuedo y sinceridad. El estatus de un converso puede llegar a ser mejor incluso que el de un musulmán de nacimiento, siempre que obre según las enseñanzas de Allâ y de Su Mensajero.

Ahora bien, si después de hacer šahada, siguen a querellantes y manipuladores, a oradores vacíos ; si hacen dejación de la propia responsabilidad y la confían a mercaderes de la religión ; en ese caso ¿qué pueden esperar de su futuro y de lo que Allah hará con ellos ? Han llenado el saco con favores divinos, pero le han hecho un agujero en el fondo perdiendo todo cuanto llegaron a amasar. Este triste estado puede llevarles a perderlo todo y a ir a la otra vida al mismo lugar donde irán los mentirosos por quienes se dejaron embaucar. Porque en la otra vida cada uno estará con el que ama y con el que pone su confianza.

Así pues, ojo perspicaz habida cuenta de la situación. Nadie puede eximirse de su propia responsabilidad y cargarla sobre los hombros de otros.

Aquellos quienes con toda sinceridad siguen a Allâh y Su Mensajero no tendrán nada que temer y sus corazones serán repletos de dicha.