Asuntos de matrimonio

Assalamu ‘alaykum – La paz sobre vosotros

Venimos de una larga trayectoria en el Islam. En mi caso, son ya 42 años. Puedo significar que en este tiempo nunca he dejado de evolucionar, habida cuenta de que tuve la suerte de haber encontrado buenos maestros; ellos nunca me pidieron nada, sino que antes bien, me proveyeron de toda la ayuda necesaria para poder evolucionar de manera adecuada, por un camino seguro, pleno de luz y conocimiento. Alabado sea Allah por la Gracia inmensa del Islam. Al hamdu li-l-Lahi ‘ala ni’mati-l-‘islam.

Gracias a Allah no he nacido en una de estas sociedades árabes que ha mezclado lo que ellos llaman la modernidad con las más ancestrales de las costumbres, por qué no decirlo, a veces de corte pre islámico.

En los países norte africanos y de Medio Oriente existe una extraña mezcolanza entre las costumbres islámicas y las populares, estando estas últimas, en gran parte de las ocasiones, en contraposición con las primeras.

Estas circunstancias inciden y se manifiestan en los asuntos de matrimonio. Aunque cada vez menos, desgraciadamente, existe la costumbre de forzar psicológicamente a las hijas a contraer un matrimonio arreglado . A un matrimonio que deje satisfechas a las familias antes bien que a los contrayentes, que es lo que debería suceder.

Todavía, en las aldeas, algunos padres “obligan” a sus hijas de alguna manera a contraer matrimonio en contra de su voluntad. Esta obligación se da por supuesto que no es formal, ya que las leyes de estos países no permiten ejercerla, pero muchas veces los factores económicos, la pobreza y la juventud de las niñas, hacen que éstas cedan a la presión familiar y “consientan” a un matrimonio apalabrado por los progenitores de ambos cónyuges.

Por otro lado, se da, en estos países, la costumbre viciada de que, una vez casados, e incluso antes del matrimonio, los hombres pueden tomarse toda una amplia gama de libertades, y las mujeres han de ser de un comportamiento impoluto bajo el riesgo de ser abandonadas ellas y los hijos en condiciones, que a veces son infra humanas.

Para la gran mayoría de los hombres, y esto es un defecto educacional, las muchachas son piezas de caza mayor. Ocurre que los progenitores ricos nunca dejarán casar a sus hijas con hombres que no posean fortuna. Como dicen en Tetuán “El miskin con la miskina deja tranquila la Medina”. Así que el pobre debe agudizar el ingenio para obtener algún beneficio adicional, que no resulta ser otro que los papeles.

Muchos hombres buscan muchachas que tengan papeles en Europa a fin de poder utilizarlas como trampolín a una vida mejor. Sea como fuere, la muchacha resulta ser una pieza de caza mayor; y después del matrimonio un objeto de procurarse satisfacciones de todo tipo.

Esta costumbre pre islámica coexiste de manera hipócrita con un puritanismo religioso basado en presentarse piadosamente en público, bien pulcro y con medido gesto,  acudiendo a las mezquitas para así obtener una piadosa reputación. Esto es lo que hacen muchos padres, que yendo a las mezquitas a diario para aventar su piedad a los cuatro vientos, venden a sus hijas de manera fraudulenta, presionándolas para contraer un matrimonio orquestado, que ellas aceptarán resignadamente, sabiendo que si quedan solteras toda la familia las tendrá por nadie y las tratarán como si fuera un estorbo. Una extraña forma de piedad esta, propia de los personajes de la novela picaresca, pues el Buscón llamado Pablos nunca fue dicho que no pudiera ser africano.

Curiosamente, esta costumbre se extiende de tal manera que incluso las muchachas se llegan a presionar psicológicamente unas a otras para no tardar demasiado tiempo en contraer matrimonio; esto provoca que se casen con cualquiera, de tal manera, que esta precipitación desemboca con el tiempo en un número de divorcios que, en porcentaje, supera al de cualquier país europeo.

La costumbre de venir con regalos a casa de la pretendida con varios miembros de la familia del pretendiente a pedir la mano de la hija continúa existiendo, y se utiliza como otra manera de presión, tanto mayor cuanto más caros sean los regalos ofrecidos. A veces esto ocurre sin que los pretendientes conozcan a las muchachas, originando así situaciones de lo más molesto, tanto, que hay que tener una firme resolución para despedirles de la casa con sus regalos en la mano y enseñarles el camino de salida, que para entrar se dieron ya buen arte, y lo hicieron con desparpajo.

Ahora bien, esta última costumbre va desapareciendo poco a poco, y está siendo sustituida por otra, que consiste en que, una vez se ha conocido la pareja, y ambos han asentido en vivir una época de noviazgo, se celebra lo que se puede llamar un acto de compromiso, donde asisten ambas familias, a fin de que la pareja pueda salir y vivir una época de noviazgo que suele durar un año antes de celebrarse el matrimonio.

Aun así, esto último no está exento de trampa, habida cuenta de la educación recibida en las casas resulta ser la de fingir una bondad que muchas veces no existe, para que nadie pueda hablar  de ellos en lugar público.  Pues como también es dicho en Tetuán: “No se enhebra una aguja en una casa de Tetuán sin que en cinco minutos lo sepa toda la Medina”. La costumbre ésta de fingir, que tanto se da en estos países, de la cual he sido testigo en innumerables ocasiones, produce que muchas veces, detrás de esta fachada se encuentran unos intereses materiales de lo más grosero; sobre y ante todo cuando la novia goza de residencia en países europeos. En estos casos, ella es el gancho para salir del país, y una vez esto obtenido, se muestra el verdadero rostro de la persona, que a veces resulta dar miedo. Y aunque esto lo llegan a hacer asimismo las jóvenes, ello no exime para que la gran mayoría de los que así actúan sean ellos.

Es curioso que el amor no forme parte de estos arreglos, y a veces uno no llega a saber por qué; aunque también es verdad que con el paso de los años, y después de haberlo observado de manera directa, la mujer no está vista como alguien a quien se deba amar, sino antes bien, alguien de quien se pueda obtener servicio y beneficio. Cuestión pues de una educación errónea que se da desde la cuna.

Y, sin amor hermanos, es prácticamente imposible que un matrimonio vaya por buen camino, salvo en casos en los que ambos cónyuges posean una bondad natural en sus corazones, lo cual, y de ello hemos conocido casos, termina llenando el hogar de amor, respeto, buenas costumbre y felicidad.

Dijo sayyidina Ali – que Allah ennoblezca su rostro – :

El Paraíso del creyente es el hogar.

Aunque, en un mal matrimonio el hogar podría llegar a ser el infierno.

Que Allah nos preserve a nosotros y nuestros hijos. Amin.

Abdul Karim Mullor – Islam en español