Amor, Conocimiento, Sabiduría

Bendito viernes a todos/as:

Hoy viernes es el día grande del Islam; mejor que los dos ˤAid. Y como este gran día se nos repite unas 52 veces al año, aprovechémoslo pues. No le van muy a la zaga los lunes y los jueves; pues el lunes es el día en el que nació Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – y el día que Allâh –taˤala (Altísimo) – reveló el Corán; siendo que en los jueves se nos recomienda multiplicar, como en viernes, salawat (plegarias) sobre el Profeta.

Y no hay nada más grande en el Universo y en el Islâm que la Maḥabba (el Amor) y el Conocimiento (ˤIlm) y la Sabiduría (Ḥikmah). El Amor es aquello que une; aquella fuerza de atracción de la belleza de la Creación hacia la Belleza absoluta que es Allâh. Si algo es bello es por reflejo de la Belleza divina, por lo cual si amamos lo bello amamos a la fuente del Amor. Allâh dice que lo ha creado todo en parejas a fin de que la fuerza del Amor unifique lo múltiple y convierta en uno lo que es dos:

Allâh yuḥibbu-l-Witr (Allâh ama el número impar) – dice el hadiz. Pues lo impar no es otra cosa que el resultado del par más uno; es decir, de la Creación, que es par, acompañada por el Creador que la da vida.

El Amor, diremos, debe ser a Allâh primero. Claro que, si el Amor no va acompañado de Conocimiento y Sabiduría no sabremos muy bien si lo que amamos es a Allâh o a la idea que nos hemos hecho de Él.

Es el Amor el puente sobre el Océano, por donde cruzan las caravanas de los creyentes de una vida a la otra con sus monturas cargadas de Conocimiento y Sabiduría. Todo lo demás se quedará en el mar, mientras estos tesoros pasan gracias al amor.

Es por ese motivo, por esa ignorancia congénita al ser humano, que se debe amar al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – , pues amar al Profeta es amar la religión que nos ha enseñado, el conocimiento y, por reflejo, a Allâh. No hay que olvidar que amamos a Muḥammad más que a nuestras familias, allegados y bienes, porque él es el máximo representante de Allâh en la Tierra; siendo su Sunna la Voluntad de Allâh que ramifica los conocimientos que se encuentran latentes en las raíces y el tronco del Dîn, que son el Corán. Sin Sunna no hay sombra ni frutos, aunque la una y los otros se encuentren contenidos en esencia en las raíces y el tronco, los cuales vehiculan la savia que da vida al árbol de Dîn.

Allâh ama a los verdaderos creyentes, tal y como podemos encontrar en el Corán y en la Sunna. En virtud de este amor, los creyentes debemos amarnos los unos a los otros, en un gesto de desprendimiento de la individualidad egoísta que debe ser abandonada en provecho de otros/as; de nuestros hermanos y hermanas en Allâh, a quienes queremos y debemos querer, pues admiramos en ellos las bellas cualidades que Allâh ha instalado en sus corazones puros. He aquí porque Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – dijo palabras como estas:

Transmitió Numan Ibn Bašîr – que Allâh esté satisfecho de él – que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo:

El ejemplo de los creyentes en su amor mutuo, ternura y colaboración es como el cuerpo humano, que si se duele en él un órgano se resiente el resto del cuerpo por la fiebre y el insomnio.»

«مثل المؤمنين في توادهم وتراحمهم وتعاطفهم مثل الجسد إذا اشتكى منه عضو تداعى سائر الجسد بالسهر والحمى»

Este amor releva del Tawhid, pues lo Uno llama a la Unidad, como no podía ser de otra manera.

Hoy, este amor entre los creyentes se ve dificultado por la facilidad de encontrarse unos con otros ante la pantalla de un dispositivo que nos permite conectar. Ahora bien, esto no deja de ser un sucedáneo de lo auténtico del encuentro personal. Y, aunque a veces este contacto pueda suplir en parte a la lejanía, no debemos obviar que la persona en ella misma tiene una presencia que transmite solamente por su contacto. Y esa presencia bendita no puede ser sustituida por nada.

Recuerdo como hace ya bastantes años era norma común reunirnos una o dos veces por semana para sentir que estábamos juntos, que éramos amigos, que los demás podían contar con nosotros. Hoy, muchas veces estamos más cómodos escondidos detrás de las pantallas. Así el amor se enfría, y, poco a poco, vamos perdiendo la unidad, la confianza y la complicidad.

Es pues, el Maḥabba, el amor entre los creyentes, algo que no se puede desestimar. Una persona llegó al Profeta y le aseguró que amaba a Allâh y a Su enviado, y el Profeta le respondió:

“En la Otra Vida estarás con los que amas”

En otros hadices estas palabras las generalizó y las hizo extensibles a todos los creyentes que amaran a Allâh y a Rasûl.

Es decir, para ellos sus pecados les serán perdonados de  tal manera que al fin puedan reunirse con los amados. Y es en este sentido que el mejor y el peor se igualan en la Otra Vida siempre que exista entre ellos un amor verdadero y sincero.

Cuidemos entonces nuestro corazón y preguntémosle si sabe amar como se debe; si está dispuesto a abandonar todo por el amor a Allâh y el Islâm; y él nos responderá, y de esta su respuesta podremos ver cuál es nuestra verdadera situación.