al-šauq, al-ištiyâq: la nostalgia y el ansia ardiente

Por el cheij Aḥmed ben ‘Aŷîba. Comentarios: El Mehdi Flores

Al-šauq, es el anhelo (inzâ‘) del corazón por encontrar al Amado; al-ištiyâq es el ansia gozosa del corazón que desea estar siempre unido a Él.

El šauq, pues, cesa con la visión del Amado y cuando se produce el encuentro con Él, mientras que el ištiyâq no desaparece jamás, dado que el espíritu (rûḥ) pide siempre ser iniciado a nuevos secretos y aproximarse más y más a la Realidad eterna.

El šawq del común de los creyentes es el deseo de los goces del paraíso; el de los elegidos es el deseo de obtener la Complacencia divina (riḍuân) y el de los predilectos el de alcanzar la gloriosa visión del Señor.

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La raíz árabe šawq indica la nostalgia de volver a encontrarse con la persona amada. El Corán está lleno de aleyas que aluden al retorno (ruŷû‘) de la criatura a su Señor pues “ciertamente somos de Allah y a Él regresamos” (Inna li-LLâhi wa ilayhi râŷi‘ûn).

En la azora de Al-a‘râf, aleya 127, se nos dice que Allah hace que los descendientes de Adam testifiquen (ašhada) que Él es su Señor:

¿a lastu bi rabbikum? Qâlû: ¡balà šahidna!” (¿es que no soy yo vuestro Señor? y ellos dijeron: ¡claro que sí, damos testimonio de ello!).

Esta šahâda primordial es el pacto (mithâq) por el que el alma humana (nafs) da testimonio en la preeternidad (azaliya) de que Allah es su Rabb o Señor. Así pues, en el mundo del Alastu, toda alma ha oído ya la voz de Dios y ha dado testimonio de Su señorío. Ese encuentro ha dejado una marca indeleble, una herida incurable, en nuestros corazones. Si Lo buscamos, es porque Él nos ha encontrado primero. Desde entonces no hemos hecho otra cosa que buscarle, pues Allah nos creó porque “amó ser (re)conocido” (‘urafa). Sin embargo, el estrépito del mundo y la incesante palabrería de la mente pueden hacer que el alma pierda el recuerdo de Allah y se extravíe. Cuando el alma se vuelve sorda a la señal que nos guía desde el mundo espiritual (ladunnî), la vida se vuelve absurda, sin dirección ni sentido. “sordos, mudos, ciegos; no saben regresar” (Azora de la vaca). Es por eso que Allah envía mensajeros (rusul) con una escritura (kitâb) o mensaje (risâla) que guíe al ser humano en su camino de vuelta. En el Corán se dice que Allah ha puesto sus señales en las almas y en el mundo externo, (el mundo de los horizontes) y esas señales (aleyas) son como balizas, fanales o astros que nos sirven de indicadores en la noche oscura de la existencia.

Cuando el alma se sosiega y penetra en la “soledad sonora” puede de nuevo recordar a Dios (ḏikru Allah) y caminar por el camino recto a su encuentro.

Juan de la Cruz lo expresa de una manera muy bella en su poema de la Noche Oscura:

“En la noche dichosa,

en secreto, que nadie me veía,

ni yo miraba cosa,

sin otra luz y guía

sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba

más cierto que la luz de mediodía,

adonde me esperaba

quien yo bien me sabía,

en parte donde nadie parecía”.

En ese camino (ṭarîq), el viajero (sâlik) es guiado de estación en estación (maqâm) hasta la Presencia divina. Una vez allí, el šauq deja paso al ištiyâq que es un ansia inflamada por continuar en esa Presencia y seguir penetrando sin cesar en las profundidades divinas rebosantes de tesoros secretos y conocimientos inagotables. Y ese caminar en Allah no llega nunca a su fin, como dijeron Ibn Arabí: “Siempre seremos caminantes, siempre a la zaga de Sus pasos” o  Du-l-Nun, el egipcio: “El conocimiento del Amado no tiene fin porque el Amado no tiene fin”.

Todo lo creado, dice Ibn Arabí, viaja desde Dios hacia Dios y una vez llegado a Dios, viaja eternamente en Él. Dijo el profeta Muhammad: “Las Inteligencias celestiales Lο buscan igual que vosotros Lο buscáis ahora en este mundo” y añadió: “Siento celos por saber con qué nombres adoraré a Allah en el otro mundo (âjira)”.

Allah es el Gran Atractor (wallâh) que atrae todo hacia sí en un viaje interminable, de manera que podría decirse, parafraseando a Berkeley, que “Existir es ser atraído” (Esse est ádtrahi).

¡Bendito sea Allah que nos ha dado el inmenso regalo de la Existencia!