Al-raǧāˀ (La esperanza)

Diccionario de términos sufíes de Sidi Aḥmed ben ˁAǧiba.

Traducción y comentario por El Mehdi Flores.

Dice el šeij Sidi Aḥmad ben ˁAǧiba:

La esperanza es el sosiego del corazón a la espera de alcanzar el objeto de su amor acompañado del esfuerzo en satisfacer las condiciones que permiten obtenerlo. La esperanza sin esfuerzo es mero deseo y autoengaño. Para el común de los creyentes, la esperanza consiste en lograr como recompensa el mejor de los destinos (en la otra vida), para los selectos en alcanzar la complacencia divina y Su cercanía, para los elegidos entre los selectos es afianzar la contemplación (del amado) e ir ascendiendo cada vez más en el conocimiento de los misterios de su adorado soberano.

El miedo y la esperanza son para el corazón como las dos alas del pájaro, que sin ellas no puede volar. Por lo general, la esperanza predomina más entre los gnósticos y el miedo entre los virtuosos.

Comentario

Sidi Aḥmad ben ˁAǧiba nos describe la esperanza, en primer lugar, como el sosiego del corazón. El término en árabe para sosiego es sukūn que puede traducirse también por tranquilidad, serenidad, calma, quietud, silencio. De la misma raíz s-k-n obtenemos la palabra sakīna que hace referencia a la Gran Paz que Allah hace descender en los corazones de Sus siervos en determinadas ocasiones. Esta misma raíz la encontramos en hebreo, en la palabra Shekhiná, con la que se indica la presencia de Dios en el Arca de la Alianza que aporta tranquilidad y seguridad al pueblo. Fray Juan de la Cruz describe muy bien este estado de calma que acompaña al éxtasis contemplativo en su poema «La noche oscura» cuando dice: «En una noche oscura, / con ansias, en amores inflamada,/ ¡oh dichosa ventura!, / salí sin ser notada / estando ya mi casa sosegada /. La casa a la que alude es el corazón, que por naturaleza se agita con las emociones y sentimientos que le sobrevienen. En los salmos, se nos dice que la contemplación de Dios, el despertar el alma de la ilusión a la contemplación de lo Real, comporta la satisfacción absoluta del corazón: «Al despertar, me saciaré de Tu presencia». Ese conocimiento que permite ver a Dios en todo y por ende reconocer que todo lo que existe o todo lo que nos pasa no es distinto de Dios, se conoce como gnosis, en árabe máˁrifa y a aquel que lo posee ˁārif (gnóstico). Es un conocimiento suprarracional que emana del corazón y la vez salvífico puesto que acaba con la ignorancia sobre la Realidad y produce un sosiego y una paz inefables. ¿Qué miedo, temor o inquietud puede afectar a aquel que ve que todo lo existente no es algo distinto de Dios? Aquí hay que ser muy meticulosos en la idea de «no ser distintos de Dios» porque de otro modo se puede caer en el error que ha cometido la teología cristiana respecto a la figura de Jesús. Los cristianos afirman que Jesús es Dios. Los musulmanes no sostienen esa formulación sino que sostienen la formulación correcta, tal como la expresa Ibn ˁArabī: «Dios es Jesús, pero Jesús no es Dios». Dios es la criatura, pero la criatura no es Dios. La criatura nunca puede ser el sujeto de algo, porque es solo una imagen (en griego eídolon: ídolo) de Dios reflejada en el espejo de la existencia. La imagen no es el ente real pero tampoco se puede decir que sea algo distinto de él. Se trata de dos grados ontológicos diferentes. Toda esta doctrina está contenida en la declaración de fe islámica: ‘lā ilāha illā Allāh’ ( No hay dios sino Dios). Adorar a una imagen es lo que se conoce como idolatría y de ahí el rechazo del islam a las imágenes en el ámbito religioso, incluida la imagen del profeta Muhammad, que llegó a decir al respecto: «Temo que os pase conmigo lo que les pasó a los discípulos de Jesús con su maestro». Como dijo Rumi: «Solo Él tiene derecho a decir Yo» (en árabe anā). Siempre he creído que el nombre que falta en la lista de los nombres de Dios era ‘anā’ nombre del que se apropia indebidamente el ego humano y que le hace aceptar la ilusión de que tiene una existencia propia fuera de Allah. Y es porque la razón humana no tiene capacidad de entender la biunidad, es decir, la unicidad y pluralidad simultáneamente. Para la razón o es uno ( wāḥid) o son dos o se es o o no se es. Ambos términos se excluyen mutuamente en la lógica racional. Recordemos el famoso pasaje del encuentro entre el sabio racionalista Averroes y el místico Ibn Arabi y la respuesta que le da el joven Ibn Arabí al venerable filósofo: «Entre el sí y el no los espíritus salen volando de la materia y las cervices se descoyuntan de sus cuerpos». Y añade Ibn Arabí: «Al escuchar esto, Averroes palideció y comenzó a temblar y dijo murmurando: ‘No hay más fuerza y poder que el que viene de Dios’ y supe que lo había comprendido». Para el corazón del múˀmin (el múslim que ha alcanzado el estado de īmān) la coincidencia de los opuestos, el uno y el dos, se denomina con el término aḥad que abarca y supera a ambos sin anularlos. Este nivel de realidad es lo que en árabe se conoce como la aḥadiyya y a ella hace referencia el hadiz que dice: «Ni la tierra ni los cielos me contienen pero sí el corazón de mi siervo múˀmin«. Por eso en la azora de Ijlās se dice: «qul, Allāhu aḥad» y no «Allāh wāḥid» . En español se ha intentado traducir estos dos vocablos por aḥad y wāḥid por único y uno respectivamente y quizás sea esta la mejor traducción posible, siempre que se aclare que aḥad no es un número y que wāḥid es el primer número de una serie infinita.

Cuando al siervo se le desvela el secreto de la aḥadiyya se sumerge en un estado de estupor (ḥayra) que va aumentando a medida que aumenta su conocimiento de los secretos de la divinidad. Es lo que se expresa con el término taraqqī, (ascensión progresiva). Una de invocaciones empleadas por el Profeta era: «Oh Dios mío, aumenta mi estupor». Abdussalam ben Mashish escribe en su poema conocido como la mashishiya: «¡Dios mío, ahógame en los océanos de la ahadiyya».

Esa es la esperanza propia de los elegidos de entre los selectos, como nos dice el šeij Sidi Aḥmad ben ˁAǧiba, mientras que la esperanza de los selectos es alcanzar la complacencia divina (riḍwān) y Su cercanía (iqtirāb). Una de las fórmulas de agradecimiento o alabanza empleadas en árabe es «ráḍiya Allāhu ˁank» que se traduce como «Dios esté complacido de ti». En el Corán se nos dice que Allāh invita a entrar al paraíso al alma complaciente y complacida (rāḍiya wa marḍiya). Complaciente para con Dios al cumplir con los preceptos que Allāh le propone y complacida porque la complaciencia que Allāh obtiene de su siervo se traduce en complacencia experimentada por la criatura. Esta complacencia mutua procura un estado de cercanía (iqtirāb) con Dios que se traduce en una dicha indescriptibe.

¡Que Allāh esté complacido de nosotros!

Vocabulario

(La transcripción sigue la transcripción de los arabistas españoles con la excepción de la hamza inicial que no se indica y la letra خ que se transcribe como j).

sukūn: descanso, reposo, sosiego, tranquilidad, nombre verbal de sákana, yáskunu: habitar, establecerse, descansar en algún lugar, reposarse.

qalb: corazón.

maḥbūb: amado (objeto, persona) part. perfect. del verbo aḥabba, yuḥibbu: amar. Uno de los términos con los que se califican a sí mismos los sufíes es el ‘ muḥibbūn‘, los amantes.

saˁī: esfuerzo, impuso, de la raíz s-ˁ-y: esforzarse por, impulsarse hacia alguien o algo.

umniyya: deseo, de la raíz m-n-y

gurūr: autoengaño, ilusión, nombre verbal del verbo garra, yagurru: seducir, engañar, de la raíz g-r-r. De ahí el adjetivo que se aplica al Diablo: Al-Garūr. el seductor.

ḥusnu-l-maˀāb: el mejor lugar de retorno, el mejor destino. Māb, luaar al que se regresa, lugar de retorno, del verbo ˀaba, yaˀubu: regresar, de la raíz ˀ-w-b, de donde la expresón: ˀaba ilà Allāh: arrepentirse, volver a Dios.

riḍwān: complacencia, del verbo ráḍiya, yardā: agradar, complacer.

iqtirāb: cercanía. De la misma raíz tenemos la palabra muqarrabūn «los cercanos (a Dios), los allegados» una de las categorías más alta de los musulmanes.

tamkīn mina-l-šuhūd: afianzamiento de la contemplación.

taraqqī: ascensión escalonada, progresiva, gradual, como el que produce por una escalera de caracol o miˁarāğ. Este último vocablo alude a la ascensión del Profeta a los cielos.

asrār: sing. sirr, secretos, misterios

ˁārif, pl. ˁārifūn: gnóstico, del verbo ˁárafa: reconocer, conocer.

āliḥ, pl. šāliḥūn: virtuoso, del verbo ṣálaḥa, yáṣlaḥu / yáṣluḥu: ser bueno, justo, virtuoso. De aquí el término āliḥāt: obras buenas, virtuosas.