Al-Futuwwa, la caballerosidad

Por el cheij Aḥmad ben ‘Aŷîba. Notas de El Mehdi Flores

La futuwwa es dar preferencia al otro antes que a sí mismo y mostrarse bondadoso con las personas de la manera que gusten. Por esto mismo se dice que la caballerosidad no alcanzó su perfección sino con el Enviado de Allah pues en una circunstancia de extremo peligro donde cualquier otro solamente habría pensado en salvarse a si mismo, él imploró: «¡Mi gente, mi gente!

Se dice que la caballerosidad consiste en dar siempre a los demás la prioridad por encima de uno mismo.

El caballero (fatá) es la persona que no tiene adversarios.

La caballerosidad equivale a la generosidad, a la humildad y al coraje en las circunstancias difíciles.

Entre la gente común, la caballerosidad se manifiesta mediante la generosidad con los bienes materiales, entre los selectos, poniendo a disposición su persona, entre los elegidos de los selectos, ofrendando su alma al Amado.

Notas

El término árabe futuwwa proviene de la raíz f-t-w/y que designa la juventud y la hombría de bien, la generosidad, la valentía. Esta última acepción es similar al término latino virtus, al griego areté (ἀρετή) y a la yavânmardi persa. El término derivado al-fatà se podría traducir por mozo, joven y también por caballero, héroe. Aparece en el Corán atribuido a Ibrahim, a Yusuf, al mozo que acompaña a Musa en su viaje a la confluencia de los dos mares y a los jóvenes de la caverna (fítyatu-l-kahf). En la tradición islámica el título de al-fatà se ha atribuido a Alí Ibn Abi Talib el primo y yerno del profeta Mohammed, el primer varón que aceptó el islam a los diez años de edad, que se ofreció para sustituir al profeta en su lecho cuando un grupo de conjurados fueron a la casa del profeta para matarlo mientras dormía. Ese es un ejemplo claro de futuwwa; dar la vida por los demás. La futuwwa es pues la expresión del grado máximo de amor y así es reconocido también por la tradición evangélica: «Nadie tiene más amor que el que da su vida por sus amigos» (Juan, 15, 13).

La perfección de la futuwwa se atribuye en el islam al profeta Mohammed que a lo largo de su vida mostró en su comportamiento hacia las criaturas las más nobles virtudes: la generosidad, por la que distribuía cuanto tenía a los pobres sin ahorrar nada para el día siguiente, la deferencia en el trato, pues como dijo un fámulo de Jadicha que vivía en casa del profeta: «durante todos los años que serví en casa del profeta, jamás me ordenó nada»; la valentía en las batallas en las que era el primero en entrar en combate y el último en retirarse y la preferencia por los demás como cuando, apunto de morir en una batalla no suplicó a Allah por su vida sino por la de su umma. A todas estas hay que sumarle su integridad moral que le valió el nombre de al-amín, «aquel en quien se puede confiar», su acendrado pudor, su exquisita ternura y su extraordinaria compasión que con frecuencia le empujaba al llanto por las desdicha ajenas.

«Al-fatà lâ jaṣma lah«, «el fatá no tiene enemigo -dice Al-Muhasibi- en cuanto hace lo que le corresponde hacer y se aparta de lo que tendría derecho a esperar». No tiene ningún miramiento hacia su ego ni expectativa alguna sobre los demás, pues toda su energía espiritual se dirige hacia su Amada.

La Futuwwa constituye la regla del caballero musulmán y su influencia en la Europa medieval fue determinante para crear el código de honor del caballero, defensor de las viudas y los huérfanos y casto amante de su Dama a la cuyo servicio se entrega con absoluta devoción. Figuras como Francisco de Asís o el ingenioso hidalgo Don Quixote encarnan en su persona las virtudes de la futuwwa al igual que los trovadores occitanos o los Fedeli d’ Amore de la Italia del medioevo.

Debemos al sufí Abu’Abd al Rahman al Sulami (325/932 – 412/1021) con su libro Kitâbu-l- Futuwwa la mejor de las recopilaciones sobre el significado de la Futuwwa recogida de boca de numerosos maestros musulmanes.

Ibn Arabí también dedica a la Futuwwa uno de los capítulos de su ingente obra «Las Revelaciones de la Meca» (Al-Futûḥât al-Mekkiya). Para Ibn Arabí el origen de la Futuwwa es la divinidad misma, cuando sin necesidad alguna crea el mundo por pura generosidad:

“Dios es Independiente de forma absoluta. Un ser así, al dar la existencia al Universo, no lo ha hecho porque tenga necesidad de ello; ha dado existencia al Universo por el Universo mismo, dándole prioridad frente a la singularidad de Su Existencia. Es la futuwwa por excelencia de la que hablan estas dos tradiciones, coránica una y profética la otra: No he creado a los genios y a los hombres más para que Me adoren (Corán LI, 56)”.

Allah nos ha creado, nos ha sacado de la noche del no-ser por pura futuwwa, porque así lo ha querido, para darnos el regalo infinito de la existencia. Si estamos vivos es por pura gracia divina. Reflexionar sobre esto colma el corazón de gratitud y alegría ¡Nos ha dado la vida! ¡Nos ha dado la vida eterna! ¿Cómo podremos agradecerle semejante regalo?

¡Al-ḥamdu liLLah wa šukru liLLah! infinitas veces repetido por toda la eternidad.