Al-ṣabr (la paciencia)

Diccionario de términos sufíes de Sidi Aḥmed ben ˁAǧiba.

Traducción y notas de El Mehdi Flores

Dice el šeij Sidi Aḥmad ben ˁAǧiba:

La paciencia es mantener firme el corazón ante el decreto de Dios.

Para el común de los musulmanes la paciencia es mantener impasible el corazón ante la fatiga de cumplir con los actos de obediencia y evitar las transgresiones. Para los selectos significa conservar el alma imperturbable en sus devociones y esfuerzos espirituales y soportar las penalidades de la vía (sufí) con vigilancia de corazón para no perder la concentración y la búsqueda del descorrimiento de los velos. Para los elegidos de entre los selectos la paciencia es asegurar que su espíritu y lo más íntimo de su ser sigan concentrados en la visión contemplativa y la visión esencial o en su empeño de mantenerse siempre en la contemplación y en la Presencia divina.

Comentario

La paciencia es una de las virtudes fundamentales del Islam, vinculada generalmente al agradecimiento (šukr), tanto es así que cuando le preguntaron una vez al Profeta Muhammad que qué era el Islam, respondió: El islam es ṣabr (paciencia).

En otra ocasión dijo: ‘La paciencia es la llave del Paraíso’.

En el sagrado Corán las alusiones a la paciencia aparecen más de cien veces y es una de las virtudes por la que Dios ama a sus siervos: ‘Allah ama a los pacientes’ (Azora de al-‘Imrān 3:146). Allah se califica a si mismo como al-ṣabūr ‘el siempre paciente’.

En árabe ṣabr indica el aguante, la capacidad de perseverar en una situación adversa sin perder el control de si mismo.

El ṣabr es uno de los indicadores de la fe islámica y supone un reconocimiento de la limitación e indigencia de la criatura frente al Misterio divino. Los decretos (aḥkām) de Dios emanan de un nivel de orden supremo y a menudo el hombre no es capaz de entender su sentido. Uno de los casos más frecuentes es cuando el ser humano sufre o ve los males que le aquejan, la enfermedad, las injusticias o la muerte. Hay quien, incapaz de aceptar su limitación en entender todo eso, saca la conclusión errónea de que Dios no existe, porque ‘si Dios existiera no podría permitir esas cosas’. Y es que no se da cuenta de que se mueve en un plano de conciencia infantil. Es lo mismo que cuando a un niño pequeño que está jugando con un cuchillo su padre se lo quita y el niño se coge un berrinche creyendo que su papá no lo quiere porque le ha arrebatado su juguete. El adulto, sin embargo, que posee un grado de conciencia más elevado que el niño, sabe que el gesto del papá es en realidad un gesto de amor hacia su hijo, que corre el peligro de clavarse el cuchillo mientras juega. Con este símil se comprende todo lo que acabo de exponer sobre la necesidad de tener paciencia: el musulmán paciente reconoce que no entiende lo que su mente califica como malo pero sin embargo ‘piensa bien de su Señor’. Esta virtud, el pensar bien (usnu-l-ẓann) de Dios es la base de la paciencia y la paciencia es la base de la fe islámica; sin ella no puede existir verdaderamente la fe. Por eso dijo el profeta acertadamente que el Islam era ṣabr. Como decía arriba, el ṣabr, para ser perfecto va acompañado en el islam por el šukr, el agradecimiento. Se dice que el día que el Profeta Muhammad enterró a uno de sus hijos, pasó toda la noche en oración junto al lecho de Jadicha, repitiendo: al-ḥamdu li-LLah wa -l- šukru li-LLāh’ (¡Alabado sea Dios! ¡Gracias sean dadas a Dios!). Cuando su esposa le pidió que durmiera un poco, el Profeta le respondió: ¡Déjame un poco más, mujer, ¿acaso no he de ser yo un siervo agradecido?

Se cuenta también que Abu l-Qâsim Muhammad ibn al-Yunaid, célebre maestro sufí de Bagdad recibió una visita de un ulema extranjero y en el transcurso de la conversación le preguntó: ¿ Cómo se reacciona en tu tierra ante las aflicciones (mašaqqa) que os envía Allah ? A lo que el sabio replicó: ‘aplicamos el ṣabr, como nos ordena el Corán’. Cuando recibimos un beneficio se lo agradecemos y cuando recibimos un perjuicio lo soportamos con paciencia. Entonces Yunaid le respondió: «Eso aquí lo hacen los perros, que cuando se les propina un castigo lo sufren con paciencia y cuando reciben un beneficio, muestran alegría. Entre nosotros (los sufíes) cuando recibimos de Allah un beneficio, se lo agradecemos y cuando recibimos una aflicción, se lo agradecemos doblemente». Estos son los siervos de Dios que el Corán califica de «muttaqūn«, es decir, los siervos que guardan respeto (taqwà) a su Señor y no solo no se atreven a cuestionar los decretos de su amo (Rabb), sino que le agradecen ex toto corde todo lo que Allah les envía. Son, como dice el Coran, los que ‘confían en el Misterio» (yuˀminūna bil Gayb).

Uno de los profetas que mejor encarna la virtud de la paciencia es Ayūb, conocido en español como Job. En Azora de los Profetas (21, 83) se nos revela la invocación que dirigía incesantemente a Dios, cuando fue despojado de todo, familia, bienes y salud llegando al extremo de criar gusanos en sus llagas: «Mira que me ha tocado la desgracia, pero tú eres el más Compasivo de los compasivos» (inni massani el-ḍurru wa anta árḥamu-l-rāḥimīn). Esta súplica se emplea mucho entre los musulmanes en momentos de aflicción. Como buen muttaqī, Job se limita a manifestarle a Allah su aflicción pero no se atreve, por respeto, a solicitarle nada al respecto. En esto sigue el ejemplo de su antepasado Ibrahim (Abraham) que cuando está a punto de ser arrojado vivo a la hoguera recibe la visita del arcángel Gabriel que le dice: ‘Pídeme, si quieres, que te libre del tormento’ a lo que Ibrahim le responde: «A ti no» y el arcángel, entendiendo la negativa de Ibrahim a pedir ayuda a otra criatura por excelsa y poderosa que sea, le replica: ‘Pues pídeselo a Allah’ a lo que el profeta responde con esta admirable frase: ‘El conocimiento que Él tiene de mi estado, me basta».

Estos son los hombres excelentes a los que seguimos los musulmanes y de cuyo ejemplo bendito nos nutrimos.

Respecto a Ben ˁAǧība, después de dar una definición inicial del término ṣabr pasa a describirnos esa virtud a tenor de los tres niveles en los que califica a los musulmanes.

Para el común de los musulmanes, el ṣabr es ‘mantener impasible el corazón ante la fatiga de cumplir con los actos de obediencia y evitar las transgresiones’. Para los selectos significa conservar el alma imperturbable en sus devociones y esfuerzos espirituales y soportar los desasosiegos de la vía con vigilancia de corazón para no perder la concentración y la búsqueda del descorrimiento de los velos. Es decir, su objetivo es no perder la concentración y perseverar en la búsqueda del descorrimiento de los velos. Para los elegidos de entre los selectos, que ya han superado los dos niveles de conciencia anteriores, lo prioritario es ‘asegurar que su espíritu y lo más íntimo de su ser sigan concentrados en la visión contemplativa y la visión esencial o en su empeño de mantenerse en la contemplación y en la Presencia divina’. Para estos últimos, perder por un instante la Presencia divina es un falta de respeto hacia su Señor gravísima y la vergüenza que les embarga les produce un sufrimiento igual que el de los condenados en el infierno, cuando son atormentados por el fuego.

Como vemos, la paciencia es uno de los principios fundamentales del islam, junto con el agradecimiento, que veremos, in sha Allah, en el siguiente capítulo.

¡Que Dios nos conceda el don de la paciencia!

Vocabulario

ḥabs: obstrucción, retención, bloqueo, detención, del verbo ḥábasa, yáḥbisu: obstruir, retener, bloquear, mantener

ḥukm: orden, sentencia, prescripción, mandamiento, decreto, del verbo ḥákama, yáḥkumu: pronunciar sentencia, emitir un juicio, juzgar, ordenar. aḥkāmu-LLāh: los mandamientos de Dios, ḥikma pl. ḥikam: sabiduría, aforismo, filosofía islámica, la sophía griega, sentido profundo, moraleja. Al-ḥakīm: sabio, El sabio (uno de los nombres de Dios), filósofo, médico. Al-ḥikam: Los aforismos (de Ibnu ˁAṭāˀi-LLāh).

mašaqqa: penalidad, aflicción, molestia, fatiga, pena, cuita, del verbo šaqqa, yašuqqu: hender, desgarrar, romper, afligir. De esta raíz proviene la palabra šaqīqa que en español se conserva como jaqueca.

ṭāˁa: obediencia, obra pía, del verbo tāˁa, yaūˁ: obedecer.

mujālafa: transgresión, infracción, del verbo jálafa, yájlufu, ser sucesor, ir detrás, y de este, el verbo derivado jālafa, yujālifu, infringir una orden, una promesa. De estar misma raíz proviene la palabra jalīfa: califa, sucesor del profeta Muḥammad.

riyāḍa: ejercicio de devoción, del verbo rāḍa, yarūḍu: domar, amaestrar, ejercitarse. De esta misma raíz proviene la palabra rawḍa, jardín, prado, de donde rawḍa nabawiyya: jardín donde se encuentra la tumba del Profeta Muḥammad. Esta palabra pasó al español como rauda ‘cementerio musulmán’. También en plural Riyāḍ, jardines, prados, capital de Arabia Saudí que ha pasado al español como arriate.

muǧāhada: esfuerzo, del verbo ǧāhada, yuǧāhidu, derivado de ǧáhada, yáǧhadu: esforzarse, luchar por, como en ǧāhada fī sabīli-LLāh: luchar en el camino de Dios, luchar por Dios. De ahí la palabra ǧihād: lucha espiritual contra los vicios, lucha por Dios.

hawl, pl. ahwāl: temor, terror, desasosiego.

ḥāl, pl. aḥwāl: estado, condición, estado espiritual, del verbo ḥāla, yaḥūlu: cambiar, transformarse, convertirse en. En el sufismo, el ḥāl es un estado mental o espiritual transitorio, lo que lo distingue del maqām que es ya una ‘morada’ o estado consolidado.

murāqaba: observación, vigilancia, control, del verbo rāqaba, yurāqibu: observar, vigilar, controlar, temer a Dios. De ahí el nombre de Dios, al-raqīb: el vigilante.

ḥuḍūr: presencia, asistencia, concentración, del verbo ḥáḍara, yaḥḍuru: estar presente, estar en presencia de, acudir, visitar. De donde la palabra ḥaḍra: reunión festiva de sufíes, visión en que el Profeta presente conversa con el visionario.

sitr, pl. sutūr: velo, cortina, del verbo sátara, yásturu: cubrir, velar, ocultar.

rūḥ: espíritu, del verbo ráwwaḥa, yurāwwiḥu: airear, ventilar, reanimar, descansar. De ahí rūḥu-l-quds: espíritu de santidad, el arcángel Gabriel y tarāwiḥ: recitaciones tras la azalá del ˁišāˀ en Ramadán.

sirr, pl. asrāru: secreto, lo interior, lo más intimo del hombre, meollo, substancia. De ahí asrāru-l-qurˀān: los secretos del Corán.

mušāhada: visión contemplativa, del verbo šāhada, yušāhidu: contemplar. De la misma raíz proviene šahāda: testimonio de fe islámica.

muˁāyana: inspección, vigilancia, visión esencial, del verbo ˁāyana, yuˁāyinu: ver con los propios ojos, constatar, examinar. Estos verbos se forman sobre la palabra:ˁayn: ojo, fuente manantial, lo mismo de algo, esencia, mismo, lo que siempre es lo mismo a pesar de los cambios, arquetipo inmutable.

naẓra: vista, visión, mirada, contemplación, del verbo náẓara, yánẓuru: esperar, observar, reflexionar. De ahí la palabra intiẓār: espera, en el ámbito religioso la espera ante la llegada de El Mahdi.

ˁukūf: recogimiento, dedicación, el hecho de retirarse, de consagrarse al ago, retiro en la mezquita, del verbo ˁákafa, yáˁkufu: impedir, retirarse, consagrarse a algo, recogerse, replegarse. De aquí el término iˁtikāf: retiro voluntario en la mezquita durante los últimos diez días de Ramadán.